Entrevista

Antes de tocar en Uruguay, Pablo Alborán habla del éxito, la sencillez, de Rosalía y de la apropiación cultural

El cantautor español estará el 11 de abril en el Antel Arena

Pablo Alborán. Foto: Difusión
Pablo Alborán. Foto: Difusión

El año pasado, justo en abril, agotó entradas en el Teatro de Verano, y volvió a probar que es un artista completo, que equilibra talento con carisma, y que tiene a su público metido en el bolsillo. Es el cantante español más popular de la actualidad en su país —su disco Prometo, el que sigue presentando, fue el más vendido en España en los últimos dos años— y uno de los más populares a nivel latinoamericano, y lo ha conseguido con base en un pop melódico que cruza sutilmente las fronteras de los géneros.

Esa popularidad es la que hace que un año después de aquel Teatro de Verano, Alborán vuelva a Montevideo. El jueves 11 de abril se presentará en el Antel Arena (quedan entradas en Tickantel), en el tramo final de su Prometo Tour, y semanas antes de ese regreso conversó con El País.

Al otro lado del teléfono, en su estudio en Málaga, Alborán dice que ve a este año como “un año de experimentar, de abrir puertas nuevas”. En ese sentido, lanzará una colaboración con Maná, está estudiando producción musical, y está enfocando su rumbo hacia el cine: confiesa que tiene la mirada puesta en la actuación, y que le “apetece mucho ver qué pasa en ese terreno”. Mientras, claro, sigue escribiendo canciones.

Hablamos hace un año, un poco antes del show que diste el año pasado; Prometo había salido recién y todo era muy nuevo. ¿Cómo es hoy Prometo para vos, cómo cambió?

—Pues sigue siendo muy especial. Yo normalmente me suelo cansar de los discos, de mí mismo, del repertorio. Sigo componiendo, sigo haciendo cosas, entonces es como que ya quieres pasar a lo nuevo. Sin embargo esta vez —no hubiésemos alargado la gira si no fuera así— es un disco que me está dando muy buenas sensaciones personales. Es un disco que he grabado con una sonrisa en la cara, que he producido y levado al directo con mucha felicidad, y así seguimos. Es un disco que significa un antes y un después para mí, en lo personal y lo profesional.

—Más allá de lo que puede haber generado hacia afuera —conocer gente nueva, lugares nuevos—, ¿qué tiene el disco, hacia adentro, que lo ha hecho tan especial?

—Yo creo que es un todo. En algunas canciones he intentado romper con algunos prejuicios que yo mismo tenía o que la gente podía tener, con la música romántica e incluso con la musca latina, urbana. He intentado que las canciones de amor... Bueno, he intentado no, han salido así: las canciones de amor ya no son solo canciones de amor, son canciones de vida, partiendo de un amor propio o del amor hacia los demás, de una sensación más realista de lo que es querer a alguien o que te quieran. Y luego, sobre todo, es la actitud con la cual hice este disco. A ver, yo no soy muy místico ni me quiero poner místico, pero creo que la energía con la cual se hizo todo esto, ha ido muy bien desde el principio. Y creo que eso es como una inercia; la gente ha visto en las entrevistas que estoy bien, contento, supercentrado en esto. Debe ser eso. Y obvio, espero que las canciones les hayan gustado.

—Aunque no seas místico, mucho de lo que te ha pasado, de tu popularidad, tiene que ver con cómo le llegás a la gente. Hay un vínculo entre tu público y vos que no es el que tienen todos los artistas.

—Bueno, yo espero no perder eso natural que sale, porque no sé exactamente qué es. Supongo que ven que soy una persona que ama la música, que se desvive por eso, y a la vez soy muy normal. A mí me encantaría que la gente viera lo sencilla que es mi vida. Hay mucho lujo, fama, todo lo que tú quieras, pero luego mi día a día, mi familia, mi entorno y mis actividades son iguales que las de cualquier chico de 29 años. Y eso es algo que necesito, no algo que fuerzo. Y supongo que a la hora de subirme a un escenario es algo que ayuda a empatizar con la gente que viene, que está ahí, durante horas, esperando, o que se ha pasado la tarde haciéndose una cartulina o llamando a la radio para que pongan mi música. Yo valoro mucho eso.

—¿Qué te acompaña cuando estás trabajando en el estudio?

—El proceso del estudio es tremendamente solitario para mí y es algo que quiero que sea así, no quiero que cambie. Es como una especie de trance cuando estoy ahí adentro. El único que tiene permiso de oír todo es mi perro (se ríe). Escupo todo lo que tengo en la cabeza, produzco, me vuelvo loco. Hay cosas surrealistas, salen cosas muy diferentes, y a la vez son muy mías, así que estoy contento. Es momento de experimentar.

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—¿Cómo sentís que, musicalmente, creció Prometo en la gira?

—A mí me ha hecho mucha ilusión poder llevarlo al directo, porque las canciones cobran otra dimensión. y es un disco muy libre. Cuando estábamos con los ensayos de la gira, sentía que podía hacer lo que me diera la gana. Las canciones no te encasillaban, no te llevaban a ningún sitio particular. Y esa libertad creo que es clave para cualquier proyecto, que las canciones no estén limitadas.

—Mientras girabas el año pasado y terminabas una vez más como el artista más vendido en España, se desarrollaba en paralelo el fenómeno Rosalía. ¿Cómo sentís, desde adentro, que está impactando eso a la música española en general?

—Pues yo la quiero mucho, cantamos juntos en Barcelona una semana antes de que sacara “Malamente”, y recuerdo la ternura y el respeto y la pasión con la cual ella ve este mundo. Y creo que es maravilloso que artistas así den un golpe sobre la mesa. Bueno, supongo que todo el mundo dice lo mismo, ¿no? Que es una brisa de aire fresco. Pero para mí es mucho más: es una persona que ha cogido sus raíces, que no las abandona y las fomenta, las multiplica, y a la gente joven la acerca a un clásico que ni siquiera ella ha vivido, un clásico de nuestros abuelos. Eso me parece interesantísimo porque es una conexión con nosotros mismos, a la vez que lo actualiza con sonidos modernos. Me parece clave; es una artista que va a dar mucho que hablar. Y da igual si funciona o no: va a funcionar igual, porque lo que hace es libre.

—¿Esa conexión con la raíz estaba un poco perdida en la música española mainstream?

—Yo creo que es en general. Cada vez que he ido a Argentina, por ejemplo, me he encontrado amigos que me decían: aquí no escuchamos tango. ¿Pero cómo? Y aquí he escuchado gente decir que no les gusta el flamenco. Sin embargo te vas a México y mucha gente sí escucha música tradicional. Bueno, hace poco estuve en Córdoba y estaba todo el mundo con los cuartetos, y fue maravilloso. Yo creo que está bien hacer una conexión con nuestras raíces; si no te gusta, no te gusta, porque para gustos, colores. Pero no creo que todo no te guste. ¿Sabes lo que quiero decir? Rosalía es una artista a la que le ha gustado el flamenco siempre, que ha hecho una investigación y ha querido acercar esos sonidos a lo moderno. Y últimamente estamos acostumbrados a copiarnos unos a los otros, a no mirar ni atrás ni hacia adelante, sino lo que tenemos al lado, y creo que eso es malísimo. Es muy malo.

"Estamos acostumbrados a copiarnos unos a los otros, a no mirar ni atrás ni hacia adelante, sino lo que tenemos al lado, y creo que eso es malísimo"

Pablo AlboránMúsico

—¿Qué opinás de la queja sobre la apropiación cultural?

—A mí me parece un discurso absurdo el de la apropiación cultural. Lo siento mucho. Es que la cultura es de todos, la hacemos todos, y luego ella lo único que está haciendo es acercar a un público joven, que a lo mejor no tiene ni idea de esos clásicos de flamenco. El primer disco de Rosalía era un disco de guitarra y voz, hiperclásico, una cosa muy pura, y el nuevo disco es completamente distinto. La gente que critica lo de la apropiación cultural y demás, debería agradecer que alguien acerque esa cultura a la gente joven. Precisamente. Me parece que es muy fácil criticar y recurrir a eso, porque entonces hay millones de artistas que hacen apropiación cultural en todos los países del mundo.

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