entrevista

Santi Mostaffá habla de "Escapismo", un disco en el que las rimas son como trompadas

El rapero uruguayo lanza mañana su nuevo trabajo; lo editan Bizarro y Regalia Records

Santi Mostaffá. Foto: Matías Jara
Santi Mostaffá. Foto: Matías Jara

"Piensan que estamos locos, en realidad solo estamos preparados”, son los versos inaugurales del nuevo disco de Santi Mostaffá, y son, como los que vienen después, una piña en la cara que desacomoda el cuerpo.

Escapismo es el disco definitivo del rapero uruguayo que sonó en series y películas taquilleras (Logan, por ejemplo): entre el sincericidio, la ficcionalización y la ironía, Mostaffá avanza con la soltura del que aprendió a levantarse tras cada caída

Farath Beats (Bruno Cammá de Dostrescinco) pone la mayoría de los beats y la producción de Escapismo, que desde mañana estará en plataformas digitales, y la alianza es contundente. La energía rockera, intensa, respira con matices latinos, aires traperos, algún uruguayismo, y sobre ella se explayan las rimas que mejor ha dicho Mostaffá.

Del proceso y las canciones, el rapero charló con El País.

—Pensaba en Escapismo como un ejercicio de autoficción: hay cosas que hablan de vos, otras que podrían hacerlo, y otras que son ficción pura.

—Sí, es verdad. Tenía esas dos puntas, y para que fuera llevadero quise pensar en un recorrido, a través de un concepto. Están las cosas que me marcaron, historias recontrainventadas de cosas que vi cuando estuve trabajando con los pibes que estaban presos, y que traté de pintar como algo dramatizado, pero que es real.

—¿Te cuesta más escribir desde la ficción o la sinceridad?

—(Piensa) Ahora estoy tratando de escribir cosas más ficticias. Ya he puesto demasiado de mí, y quiero mostrar otras cosas a las que el arte no siempre está prestándole atención. Y aunque estoy ceñido al ritmo, a la rima, intento explorar distintos géneros literarios.

—También hay más experimentación, más exploración en el flow: en Escapismo hay distintos Mostaffá.

—Es bueno que se escuche así (se ríe). Yo lo sentí un poco así, traté de soltar algunas cosas y hacer más experimentos. El rap que me gusta escuchar es bastante así, y es algo que siempre me intenté proponer, que haya momentos que no sean estrictamente de rap. Capaz que ahora salió mejor.

—En el disco hay un sample de candombe, un arreglo de vientos que podría remitir al rock de acá. ¿Te obsesiona que tu rap sea uruguayo?

—No sé. Algo que me inquieta es no hacer algo que ya está hecho, o intentar, por lo menos. Y no sé si tiene que sonar uruguayo; me gusta sí que suene a algo que yo conozco, y no sólo por el rap que me gusta, sino porque me remite, no sé, a Mandrake Wolf (se ríe). A mí me gusta que tenga un pie en lo uruguayo.

—¿Fuera de fronteras, sorprende que seas uruguayo?

—Sí, re. Con “Las mil y una noches”, que salió en Logan, mucha gente decía: “Ah, este rap mexicano”. Y después la de todos los uruguayos en el mundo, que lo primero que te dicen es que sos argentino.

—En el disco también se explotan más los guiños a la música latina, que estaban en tus álbumes anteriores.

—Claro, porque si me tengo que poner a pensar de dónde viene la música que hago, responde más a eso. Me encanta cuando Wu-Tang Clan o Mos Def samplean jazz o blues, pero a mí me gusta que acá se pueda hacer rap sampleando plena.

—¿A qué se debe la cita a La Cumana en la canción “Eva?

—Ni que hablar que remite a una época en la que la plena estaba por todos lados, y yo en su momento estuve bastante peleado con eso, he de confesar. Pero Maiksoul (beatmaker de Latejapride*) tenía ese beat, probamos, y me fui imaginando una canción de amor más trap, pero no de “te voy a romper todo”. Y fue quedando, funciona y a mí me encantó (se ríe). Es el tipo de experimento que me encanta escucharle a otra gente.

—¿Y la canción “Mosquitos” de dónde nació?

—El proceso de hacer el disco fue medio raro, y me pasaron cosas de cierta exposición que a veces no son fáciles de tramitar. Hay que sacar energía, mirarse al espejo y amigarse con uno, porque uno le da muchas vueltas a los comentarios que hace el de afuera. Y fue una forma de tramitar eso, la escribí como diciendo: vamo’ arriba.

—Hay una colaboración fuerte en “Piola”, con Kemo The Blaxican.

—Sí, es uno de los dos raperos de Delinquent Habits, que es una banda rezarpada que tengo allá arriba, de rap chicano. A través del sello se generó la línea, se copó, hizo su parte y puso unos bocadillos sobre el concepto del tema. Y es de esas pequeñas grandes cosas que me llevo; es una anécdota muy cholula, que además tiene un valor sentimental salado.

—Hablamos de ficción, pero en Escapismo aflora el humor de tu rap, lo irónico/lúdico. ¿Lo buscás, es algo intencional?

—Estuve pensando pila eso del humor. Es algo que recuerdo con mucho cariño del primer disco, y en el segundo me parece que lo perdí. Con esto de sacar cosas de adentro, me puse demasiado vehemente y me olvidé de eso que está buenísimo. Entonces me propuse decir cosas que tengan su chispa; quería que estuviera ese descanso, y que fuera una virtud del disco.

—Es como si en este disco hubieras podido hacer todo lo que siempre quisiste, lo que en otros discos no se redondeaba.

—Sí, algo de eso hay. Llegué a algo que me dejó reconforme, y sentí que no falló el humor, que las letras están mejor ejecutadas en cuanto a la intención —y Bruno me lo dijo también—, y lo siento redondo.

—El disco cierra con “El abrazo”, tremendo golpe bajo. Y es un final muy interesante, para el público, porque implica como una desnudez total.

—Sí. Cuando estaba haciendo el disco, el sello me pedía cosas, Bruno me presentaba beats, y yo no sabía qué hacer. Esa letra la había escrito hace tiempo, y en un momento me di cuenta que entre tantas cosas humorísticas o de opinión política, estaba bueno meterla. Y no pensé en qué efecto podía tener. Porque qué bueno que es, en medio de toda esa puja con el sello, saber que sigue teniendo sentido, que la música sigue siendo una terapia. Después, cuando estaba terminando el disco, me vinieron muchísimas dudas de incluir el tema, y todavía las tengo. Es un viaje. Pero también es relevante: cada vez se suicida más gente, es un tema que está en la vuelta, hay una serie sobre eso que está salada, y no es un tabú. Todo el mundo conoce a alguien que se mató, y capaz que sirve. Ojalá, porque uno también hace música para eso, y dice algo suyo mientras dice algo de otro.

—Ahí también hay escapismo: grabaste esta canción para escaparle a un aprieto.

—Escaparle a compromisos, sí. Mirá, no lo había pensado. Pero sí tuvo esa función. Cuando grabé ese tema dije: ahora estoy seguro de que estoy haciendo un disco que es mío, en el que estoy dejando todo. Que lo dejé en todo el disco, pero ahí fue que hice un clic, y supe que ahora puedo defenderlo a capa y espada.

ESCENa

Lo competitivo del rap local

“Cuando estaba haciendo mi música antes, no había ninguna referencia, entonces sentías que estabas diciendo cosas que estaban buenísimas, pero capaz no estaban tan buenas. Y no había ni quién te festejara ni quién te diera para atrás: no era relevante”, dice Mostaffá sobre sus comienzos como rapero en Uruguay. “Ahora hay mucha más gente, y se está prestando atención, se escuchan cosas de otros lados y se comparan, y se comparan bien, porque por suerte la escena tiene un nivel que es fácilmente comparable con el de otras”. ¿Entonces la competencia es más dura ahora? “Entonces sí hay que destacar, tiene que ser distinto lo que hacés”, dice Mostaffá, “pero también tiene que tener algo que ver con lo que hay alrededor”.

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