ENTREVISTA

Diego Traverso abre una etapa como solista y cuenta los detalles de su primer disco

El ex Sante Les Amis lanzó "El silencio del agua" y conversó con El País sobre este trabajo, el futuro y la crisis del sector cultural

Diego Traverso. Foto: Lu Lee
Diego Traverso. Foto: Lu Lee

En un plano imaginario, El silencio del agua existió antes de que los Oscar le dieran, en 2018, el premio a mejor película a La forma del agua de Guillermo del Toro. Antes de que Sante Les Amis lanzara Sueño animal; antes de que un año después anunciara su disolución, y antes del lanzamiento del proyecto Los Bosques junto a Tejo Mattioli.

El debut solista de Diego Traverso, ex Sante, se cocinó a fuego lento durante años; se planeó entre sesiones de natación y tomó forma en ese mutismo líquido que por unos instantes envuelve la cabeza, el cuerpo, el mundo.

En un plano real, El silencio del agua se hizo en Montevideo y Buenos Aires entre 2019 y 2020, y hace semanas llegó a plataformas digitales. Firmado como Traverso a secas, el disco ofrece 10 canciones pop de aura melancólica e introspectiva.

“Es un mundo en el que hay mucho ruido, hasta demasiado, y al agua la vi por el lado de la pureza”, explica el cantante y guitarrista a El País. “Yo quería que el disco fuera muy minimalista; creo que cuando lo empecé a trabajar se empezó a complejizar. El agua jugaba con esa idea de que no fuera un disco de capas y capas. También hay muchas referencias al mar y la naturaleza. En la última parte del disco estaba leyendo Río de Amanda Berenguer, que tiene muchas metáforas y referencias a accidentes geográficos, y en algunos momentos me dejé influenciar por eso. Y hay algo de volver como al origen también”.

El origen de Traverso, el músico, se remonta a la mitad de su adolescencia y a una banda de hardcore punk que formó junto a Nicolás Demczylo, con quien luego compartiría varios proyectos, entre ellos el de Sante Les Amis. Esta nueva etapa lo llevó, salvando las distancias, a aquel espíritu do it yourself: el grueso del trabajo lo hizo solo y priorizó la sinceridad en las composiciones por encima de la complejidad o la solemnidad.

El origen aparece, también, en las posibles referencias sonoras. “Conecté con una época de mi vida en la que empezaba a tomarme más en serio esto de la música; tendría 20 años y después de dejar de escuchar punky o metal me puse a escuchar The Cure, Radiohead, Babasónicos. Conecté con la persona que era yo en ese momento, entonces hay referencias a ese rock un tanto melancólico”.

El icónico Clics modernos de Charly García también aparece en el horizonte, más que nada porque lo ayudó a la hora de decidirse por usar máquina de ritmos en vez de batería convencional. Los temas surgieron entre ese instrumento, la guitarra y el teclado, y las letras vinieron después, guiadas por la idea de que “la gente se quede con una sensación y no con algo tan explícito”, comenta Traverso.

En sus redes sociales, el músico dice que este es “el disco más coco del mundo”. ¿Qué implica ese mote? “Que está bueno quitarle seriedad y que no se pierda eso del juego, que me parece superimportante a la hora de cualquier acto creativo”, explica a El País. “Coco es un apodo que al principio no me gustaba mucho, pero quedó y lo uso para hacerme acuerdo a mí mismo de que no tiene que ser todo tan serio”.

Ahora que el álbum está en el aire, Traverso armó una banda de músicos con los que nunca antes tocó —Alejo Solano en bajo, Sofía de León en guitarra, Nahuel Zamit en batería y Stephanie “Eté” Martínez en teclados—, lo que le aporta a esta etapa “un sentido de aventura”. Dice que le interesó puntualmente incluir mujeres en el grupo, porque desde los 15 años integra proyectos musicales colectivos y en ninguno compartió con una mujer.

Con ellas y ellos tocará cuando las condiciones lo permitan, dice Traverso que mira con incertidumbre y preocupación la situación del sector cultural. “La pandemia reafirmó, por un lado, la importancia del arte en general, para darle sentido a todo y cuestionarse la realidad, entenderla. Y por otro lado salieron a flote debilidades históricas que tienen que ver con la seguridad social”, señala. “Todavía hoy, donde estamos rodeados de Netflix, Spotify, el mundo audiovisual, celulares llenos y llenos de contenidos, cuesta ver que la gente vive de su creatividad, y eso es increíble que pase en pleno siglo XXI. Ojalá después de que pase todo esto nos demos cuenta de que el mundo, sin arte, no tiene sentido”.

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