Crítica

¿Cómo es "Parasite", la película coreana de la que habla todo el mundo y se estrena hoy?

La última de Bong Joon-Ho ganó la Palma de Oro en Cannes y tiene seis nominaciones al Oscar

Parasite
Parasite, la tecnología que nos une y que nos separa. Foto: Difusión.

Está claro, más allá de gustos personales o estrategias de marketing, que Parasite fue la película de 2019. La Palma de Oro en Cannes inició para la última obra del coreano Bong Joon-Ho, un camino de unanimidad crítica y éxito de taquilla, que ha quedado certificado con las seis nominaciones para el Oscar, incluyendo mejor película, mejor director y mejor película internacional.

Es, además, la confirmación del estatus de gran director contemporáneo de Bong, quien tiene una carrera de 25 años que, a partir de 2003, ha conseguido trascendencia internacional. Desde entonces ha hecho películas como Memorias de crímenes, The Host, Mother, Snowpiercer y Okja, en las que combinaba un uso interesante de los recursos formales, una puesta en escena cuidada y una preocupación por lo social y lo ecológico.

Todas esas inquietudes están en Parasite: habla sobre la grieta social entre, literalmente, los de arriba y los de abajo, y las consecuencias (sociales, económicas, medioambientales) de estar de un lado o del otro. Lo hace en un tono de tragicomedia que también es recurrente en su obra.

En más de un sentido, Parasite está vinculada a Nosotros, la película de Jordan Peele que planteaba la misma hipótesis: la prosperidad de unos tiene su imagen espejada en la miseria y la exclusión de otros.

Acá, al igual que en Nosotros, hay dos familias nucleares. Los Park son ricos, tecnológicos, viven en las alturas de la ciudad en una casa de arquitecto, miran con admiración lo estadounidense y, como dice un personaje, son “simplones” aunque más que nada son frívolos. Los Kim son pobrísimos, viven, literalmente, sumergidos, apretados, sin WiFi, y son unos buscavidas desempleados con tendencia a aprovecharse de los demás.

La película no juzga a ningún, digamos, bando, y lo que se cuenta es la improbable cohabitación de esos dos mundos y, quizás, la imposibilidad de la convivencia. La grieta es cultural, económica, tecnológica y hasta física, y ambas son reflejos de un espejo distorsionado. En Cannes, Bong pidió que no se revelara más que eso de la película, así que aquí, innecesariamente, le cumplimos el pedido. Vale avisar que Parasite no es exclusivamente lo que parece: jugar con los géneros y los prejuicios (tanto sociales como cinematográficos) es otra de las claves del cine de Bong.

En una primera lectura, es como una versión sociopolítica de El sirviente de Losey, aunque su cine es un heredero de la nueva ola coreana de la década de 1960, y algunos rasgos de Parasite se pueden rastrear en ciertas cuestiones formales y temáticas de la obra de Ki-young Kim, por ejemplo.

Esa preocupación social parece un tema actual en el cine coreano, una industria gigantesca (produce unas 300 películas por año) que, además, ha venido ganando prestigio internacional. La brecha económica está muy marcada, por ejemplo, en Burning de Lee Chang-dong (está en Netflix), y mucho de lo que hace Bong va por ese lado (la más explícita es la angloparlante Snowpiercer).

Bong —apoyado en la fotografía de Kyung-pyo Hong y el diseño de producción de Ha-jun Lee, dos cómplices recurrentes— separa los dos mundos claramente. El universo de los Park es monocromático, amplio y tiene profundidad de campo; el de los Lee, que viven en un semisótano, es atiborrado y cerrado.

Para demostrar esa distancia física, la puesta en escena está repleta de repechos, escaleras, sótanos y otros recursos que acompañan los movimientos verticales de la cámara y los picados y los contrapicados. Una escena bisagra que está bañada por una lluvia que es de plaga bíblica, deja bien explícita la verticalidad de la sociedad en la que se mueve Parasite. Los espejos aportan también una dualidad que es individual y a la vez general.

A pesar de la seriedad del tema, la película tiene sus momentos distendidos y -—es por eso que no conviene revelar mucho— tiene un giro que la lleva a ser algo más que una denuncia. Algunos tramos son de comedia de enredos, principalmente en la primera mitad.

Bong maneja la película con pleno control hacia un desenlace sorpresivo que refiere a otras opresiones y a la falta de soluciones. Está hablando de Corea del Sur, claro, pero también de un mundo dividido en dos de una manera tan pronunciada, que su desenlace es material para nihilistas.

“El mejor plan es no tener ningún plan”, dice el patriarca de los Kim (interpretado por otro habitual de Bong, Song Kang-ho, la estrella más grande del cine surcoreano) y esa cuestión, sabida, no impide que todos estén embarcados en el plan más disparatado de todos.

Parasite es, por eso, un viaje, un reflejo y un estado de situación. El cine puede ser así de poderoso.

Ficha
Parasite * * * * *
OrigenCorea del  Sur, 2019
Título originalGisaengchung
Estreno23 de enero, 2019

Dirección: Bong Joon-Ho. Guion: Bong Joon-Ho, Han Jin-won. Música: Sebastián Escofet. Fotografía: JHong Kyung-pyo. Edición: Yang Jinmo. Música: Jung Jae-il. Con: Song Kang-ho, Choi Woo-shik, Lee Sun-kyun, Park So-dam, Cho Yeo-jeong, Lee Jung-eun, Chang Hyae-jin, Jung Ziso, Jung Hyeon-jun. Duración: 131 minutos. 

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