ENTREVISTA

Jorge Bolani: "Veo que hoy se estrenan obras muy rápido"

El actor cumple medio siglo de carrera y los festeja con el estreno de Barrymore, hoy en Sala Zavala Muniz

Jorge Bolani
Jorge Bolani, medio siglo de teatro. Foto: Darwin Borrelli

Es uno de los grandes actores de su generación, y está cumpliendo medio siglo de carrera. Jorge Bolani estrena hoy en Sala Zavala Muniz el espectáculo Barrymore, de William Luce, en el que se pone en la piel de uno de los grandes actores del cine y el teatro de las primeras décadas del siglo XX, invitando al público a recorrer la vida de una estrella del cine mudo y del sonoro, con sus éxitos y sus pasajes más oscuros.

Dirigido por Alfredo Goldstein, el actor encarnará a su vez a ese otro actor, para poner en escena la vida de un hombre de teatro. “Será un actor representando a otro actor. Hace 23 años, una amiga vio esta obra, interpretada por Christopher Plummer, y me trajo el programa, y me dijo que esa obra la tendría que hacer yo. Y me contó superficialmente de qué iba. Y pasó mucho tiempo. Y luego conseguí el texto, me fascinó. Pero qué pasa: John Barrymore fue un actor que de pronto las generaciones actuales no lo conocen. Sabemos eso. Pero más allá de eso, siempre la vida de un actor puede resultar interesante, más en este caso que es un actor de familia de actores, y con un costado turbulento”, explicó Bolani sobre este nuevo título que hoy estrena.

El viento entre los álamos
El viento entre los álamos. Foto: María Fernández Russomagno

“Pero claro que lo que estamos haciendo es una ficción, porque Luce arma una historia atractiva para hacerla en teatro. Este actor alquila un teatro, para ver si puede volver a actuar, porque ya está en una etapa de desgaste absoluto. La acción transcurre, supuestamente, un mes antes de su muerte, y él quiere volver a escena, probar si tiene memoria y lucidez para hacer Ricardo III, que había sido uno de sus grandes papeles. Es un hombre muy estragado por el alcohol, que lo ha apartado de los escenarios. Y desde ese lugar, el autor nos cuenta la apasionante vida de este actor”, sintetiza Bolani.


-¿Qué tomaste como punto de partida para celebrar estos 50 años de escenario?

-Tomé el Anglo, el grupo amateur que funcionaba en Teatro del Anglo, bajo dirección de Eduardo Malet, que fue mi primer maestro. Hacíamos teatro en inglés, allí en el mismo lugar donde está ahora, en San José y Barrios Amorín. Fue un estímulo doble, porque siempre me gustó el idioma inglés, al que se sumó mi interés por el teatro. Aunque esa semillita del teatro yo un poco ya la tenía de antes, porque yo vivía frente al viejo Teatro El Galpón, de Mercedes y Roxlo. Desde mi niñez que veo teatro.

-¿Seguís viendo a algunos de aquellos compañeros?

-Sí, es un grupo que aún nos seguimos reuniendo, 50 años después. Algunos, no todos, pero hacemos tres o cuatro reuniones anuales. Por suerte contamos con un profesor como Malet, quien tuvo la gran virtud de estimularnos mucho con todo el mundo del teatro, y no nos desformó, como a veces puede ocurrir. Porque cuando sos materia muy nueva, vas según te lleve la corriente del maestro que te toca. Porque el actor corre el peligro de convertirse en una marioneta, y eso te puede pasar cuando empezás a hacer teatro sin una formación adecuada. El peligro de recibir todo marcado, y sin lugar a la libertad.

-¿Hoy cómo ves el panorama teatral?

-Hoy hay un panorama muy heterogéneo: yo lo que veo es que se estrena muy rápido. Antes, nunca poníamos una obra en escena sin dos meses o dos meses y medio de trabajo previo. Y ahora yo veo que se estrena mucho: antes no teníamos esa urgencia de tener que estrenar, y estrenar. Me acuerdo que cuando me inscribí, y entré en la escuela de Teatro Circular, teníamos a Omar Grasso, a Jorge Curi, a Walter Reyno. Era una manera de arrancar muy bien.

-Eran elencos con actores de mucho nivel.

-En el Circular, en un momento estaban Walter Reyno, Nidia Telles, Gloria Demassi, Susana Castro, Isabel Legarra, Nelly Antúnez. Los elencos eran realmente como seleccionados. Yo estoy casi seguro que una de las cosas por las que entonces las cosas en el teatro funcionaban tan bien era porque había un gran, gran elenco. ¿Qué teatro puede tener hoy un elenco así y tener la capacidad de que se queden mucho tiempo trabajando allí? Ha cambiado la mecánica. 

-Teatro Circular, entre los años 70 y 80, logró concretar un arte escénico originalmente uruguayo, que además llevaba mucho público.

-Sí, El herrero y la muerte, Doña Ramona, entre otros títulos. Fue el período de Jorge Curi, y Mercedes Rein, junto a Teatro Circular. Se trabajaba mucho en la adaptación de texto, en la dramaturgia, y el objetivo era hacer un teatro nuestro, de cuño popular, y con una temática de interés, que no admitía frivolidades. Era un teatro de significados. Creo que eso ya se empezó a notar bien claro con Esperando la carroza, que ya expresaba un poder de observación enorme sobre nuestro propio comportamiento como sociedad. Hoy estamos en otra realidad. Además en aquel tiempo, si una obra tenía público, no se bajaba de cartel. Aquellas eran obras que estuvieron años en la cartelera.

-Tú luego, ya en el siglo XXI, pudiste integrar la Comedia Nacional. ¿Cómo compararías tu experiencia en el teatro independiente en relación con trabajar en el elenco oficial?

-Bueno, luego de trabajar en el Circular, yo empecé a desarrollar proyectos propios. Y cuando uno integra la gestión su propio proyecto, uno puede elegir. Y uno se puede equivocar. Pero con cierta trayectoria, podés desarrollar cierto olfato sobre dónde hay una buena obra de teatro, y un buen equipo de trabajo. Con la Comedia Nacional, yo estoy muy agradecido con las oportunidades que tuve. Sabemos que las reglas de juego son que el actor no elige. El director le elige un rol. Por otro lado, hoy yo miro el elenco de la Comedia, y veo un cambio muy grande con respecto al que había cuando yo entré. Sigue siendo un elenco sólido, aunque de pronto hay una franja de edades que necesite algún refuerzo.

Bolani y Gilmet en Tío Vania, que va este sábado en el Teatro Circular. Foto: Difusión
Con Soledad Gilmet, en Tío Vania. Foto:María Fernández Russomagno

-Fuera de la Comedia Nacional, ¿cómo ves la relación entre los espectáculos y el público?

-No estoy viendo mucho teatro, pero creo que hay mucha oferta, y es muy heterogénea. Y en relación a toda esa oferta, me parece que si hacés una síntesis de texto, obra y elenco, el porcentaje no es muy alto con respecto a la cantidad de estrenos que hay. Hay mucho teatro, mucha escuela de teatro, en todos lados se están dando clases. No me doy mucha cuenta si es bueno o es malo.

-A vos te empezaron a reconocer más ya avanzada tu carrera. ¿En los últimos tiempos te empezaron a valorar más como actor?

-Sí, yo creo mucho en el paso de los años en el actor. Lo de la madurez del actor, es cierta. Y tal vez hubo un momento en que tuve un clic, cerca de mi 50 años de edad. Hoy creo que hay actores que no llegan a los 40 años, y ya son muy considerados, y no gratuitamente. 

-Supongo que el medio siglo de carrera te habrán ocurrido muchos imprevistos en escena.

-Sí, los he tenido, y también los he visto como testigo, desde el propio escenario. En Teatro Circular, estábamos haciendo Las de Barranco, y en una escena costumbrista, dentro del patio interior de una casa. Éramos unos cinco personajes, y tenía que entrar otro. Y llegó el momento y no entraba. Me acuerdo que estaba Nelly Antúnez, y cebaba mate, en una escena muy de época. Y el actor no entraba, y ella seguía cebando y cebando. Al final fueron a buscar al actor por los pasillos, hasta que entró. Pero lo que para el público pueden haber sido 40 segundos, para nosotros eran horas. Porque en el escenario, que algo se demore cinco segundos, al actor le parece una vida.

cinco décadas

Una trayectoria con los más variados registros

 La carrera de Jorge Bolani abarca todos los registros, desde el humor de Roberto Fontanarrosa a trabajos de enormes tensiones dramáticas, como El viento entre los álamos o Variaciones Meyerhold. También docente y director de teatro, tuvo uno de los papeles de más lucimiento del cine uruguayo, en la famosa película Whisky, de 2004, de Pablo Rebella y Pablo Stoll.

Y desde hoy se lo podrá ver en un nuevo rol, encarnando al actor estadounidense John Barrymore (1882- 1942), una verdadera leyenda del cine de Hollywood.

La acción se ubica en plena Segunda Guerra, en 1942. El veterano John Barrymore decide alquilar por una noche una sala teatral, para ponerse en el papel de Ricardo III y volver a las tablas. La gloria no le había sido esquiva, pero también padeció una vida en extremo agitada. En ese trance, el espectáculo habla también de la esencia del actor, de la necesidad de ser recordado, de la pasión del ser humano por trascender. En escena estará también Rodolfo Requejo, y la obra irá viernes y sábados (20.30) y domingos (19.00). Tickantel, $ 400.

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