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Terminó "The Good Place", la serie que nos enseñó qué significa ser buenas personas

Se estrenó ayer en Netflix el último episodio de la comedia sobre el más allá, creada por Michael Schur y protagonizada por Kristen Bell y Ted Danson.

Temporada 4 de la serie "The Good Place". Foto: Difusión
Temporada 4 de la serie "The Good Place". Foto: Difusión

Qué placer cuando una buena serie cierra de manera perfecta su historia. Qué placer cuando los personajes que supimos acompañar temporada tras temporada concluyen sus historias con solidez y no quedan cabos sueltos ni sinsabores, no queda nada más que una sonrisa y ese vacío de haber perdido una buena compañía, sabiendo que el viaje valió la pena. Qué alegría cuando los desenlaces no son, en resumen, como el de Game of Thrones, How I Met Your Mother o Lost.

Ayer se terminó The Good Place y el final fue con altura, con gracia, emocionalidad y con algún giro sorpresivo de esos que a esta altura ya no esperábamos. Con un capítulo especial de una hora de duración (el resto de los episodios rondaban los 20 minutos), ya disponible en Netflix, la ficción completó sus idas y vueltas entre el paraíso, el infierno y algo parecido al purgatorio, y permitió que Eleanor, Chidi, Jason y Tahani completaran sus recorridos a lo largo de la eternidad.

Temporada 4 de la serie "The Good Place". Foto: Difusión
Temporada 4 de la serie "The Good Place". Foto: Difusión

La historia de The Good Place es simple. Eleanor Shelltrop (Kristen Bell) muere tras ser atropellada por un carrito de supermercado, y aparece en el paraíso o más bien, en el “buen lugar”. Le da la bienvenida Michael (fabuloso Ted Danson), el encargado de diseñar ese mundo perfecto en el que está todo lo que uno desea y, mejor aún, un alma gemela con la que compartir para siempre. Pero al buen lugar solo va la gente realmente muy, muy buena, y Eleanor es una persona espantosa. Su presencia allí genera algunas alteraciones y en ese camino de aventuras que comienza ahí, la acompañarán su supuesta alma gemela Chidi (William Jackson Harper), la sofisticada Tahani (fabulosa Jameela Jamil), el tonto Jason Mendoza (Manny Jacinto) y una asistente superpoderosa, Janet (D’Arcy Carden).

Michael Schur (cocreador de Brooklyn Nine-Nine y Parks and Recreation; guionista en The Office), creó con esos seis una pandilla irresistible, en la que todo funciona: la construcción de los personajes y la química de los actores. Aún cuando la graciosísima Kristen Bell es la protagonista absoluta y su Eleanor es la anti-heroína que necesitábamos y no sabíamos, con Danson como su mejor partenaire, los coprotagónicos son tan buenos que logran opacarla. Jameela Jamil y D’Arcy Carden son los grandes descubrimientos de una ficción que además, está llena de secundarios buenísimos: Maya Rudolph como la jueza que arregla los problemas entre buenos y malos, Marc Evan Jackson como el malvadísimo Shawn, y así.

Y creó una gran serie, una de esas que no reciben -aunque merecen- premios de respaldo o una popularidad exagerada al nivel de algún fenómeno reciente. Nominada al Globo de Oro 2019 a mejor serie de comedia o musical, y nominada también Bell como actriz protagonista, The Good Place destacó por una cantidad de aspectos más allá de la solidez de los elencos y de cada uno de los personajes.

El balance entre risas y lágrimas, la concatenación de giros casi siempre efectivos y el agregado de algunos toques coyunturales vinculados más que nada con los últimos años de la política estadounidense, fueron componentes fundamentales en el desarrollo del tema central: cómo ser buena gente.

Esa es la lucha con la que Eleanor, Chidi, Tahani y Jason estuvieron comprometidos a lo largo de las cuatro temporadas. Primero, para salvar sus almas cueste lo que cueste y así garantizar su eternidad. Después, para priorizar el bien del otro, aunque eso implique sacrificios mayores. Y más adelante, para asegurar la salvación de la humanidad entera. The Good Place es una serie sobre moral y ética situada en el más allá y contada entre toques de ciencia ficción y humor absurdo. Suena a combinación imposible y funciona como ninguna otra.

El conocimiento pleno de uno mismo, la sinceridad ante todo, el amor como herramienta primaria, la aceptación y la superación constante son algunas de las cuestiones que The Good Place va poniendo sobre la mesa mientras sus personajes se enredan en situaciones imposibles que ponen en peligro todo lo conocido y lo que no. Y mientras el imaginario sobre una posible vida después de la muerte va cobrando forma (de cachorros voladores a monstruos de lava, hay de todo), las lecciones van construyendo una definición completa y compleja sobre lo que realmente significa ser una buena persona y, más aún, sobre la vida humana, que sólo tiene sentido porque termina.

Y las series también tienen sentido porque un día se van. Sobre eso, como dejando un metamensaje, giró el episodio de despedida que se encargó de completar los arcos dramáticos de todos los personajes, sin perder ni el humor ni la ironía ni la emoción. Todos tomaron sus decisiones, eligieron cómo seguir sus caminos y entendieron, y entonces nos hicieron entender, que los finales también pueden ser buenos porque a veces la única forma de seguir adelante, es poniendo puntos finales. Pero qué placer cuando toca hacerlo así, sin enojos, con la tranquilidad de saber que se hizo lo mejor y disfrutando del adiós. Por eso, y por siempre, larga vida a The Good Place.

OTRO ADIÓS

“Bojack Horseman” también se despidió

Junto con el último episodio de The Good Place, también llegaron a Netflix los episodios finales de otra popular serie de la plataforma, BoJack Horseman. Las aventuras de este caballo animado que alguna vez fue un actor famoso, y después no supo lidiar con la caída de su carrera y otros avatares que vienen de la mano de la fama, finalmente se cerraron.

Estrenada en 2014 y creada por Raphael Bob-Waksberg, la serie le entregó ayer a la plataforma de streaming sus últimos capítulos, que culminan una historia que logró cautivar a adultos alrededor de todo el mundo. Una historia amarga sobre la madurez y las crisis existenciales en un improbable Hollywood lleno de humanos y animales humanizados, que consiguió la aprobación unánime de la crítica.

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