ENTREVISTA

¿Cómo surgió el encuentro de Julieta Díaz y Diego Presa que terminó en un disco?

La actriz argentina y el músico uruguayo le contaron a El País la historia detrás de "El revés de la sombra", el EP que lanzaron el viernes

Diego Presa y Julieta Díaz. Fotos: Difusión
Diego Presa y Julieta Díaz. Fotos: Difusión

Julieta Díaz es actriz, de las más reconocidas de la escena argentina. Ganadora cuatro veces del premio Martín Fierro, tres del Premio Clarín y dos del Cóndor de Plata, brilló en tiras como 099 Central, Locas de Amor o Secretos de familia. La lista es larguísima y cubre cine, televisión, teatro y hasta videoclips.

Julieta Díaz es madre de Elena. Es feminista de las que no le temen a los cruces mediáticos (viene de protagonizar uno con José María Listorti, por el machismo y el humor). Es escritora desde hace tiempo en su fuero más íntimo, y es una enamorada de la música uruguaya.

Ahora, Julieta Díaz también se presenta como cantante y es la sorprendente voz de El revés de la sombra, el EP que acaba de lanzar junto al músico y compositor uruguayo Diego Presa. Editado por Bizarro Records, el disco corto está en plataformas digitales desde el viernes y es una manifestación de la belleza en pleno mundo caótico. Eso, ya lo dijo Cerati, es virtud.

El recorrido hasta El revés de la sombra es más o menos así. Primero, la intérprete argentina descubrió la música de El Astillero, el trío de voces y guitarras que Presa integra con Gonzalo Deniz y Garo Arakelian, y de ahí pasó a explorar todo el universo musical del primero, que además del colectivo poético-musical Buceo Invisible tiene una exquisita veta solista con un disco todavía fresco, Cuarto (2020). Sus canciones se le convirtieron a la actriz en la banda sonora de la cuarentena, en una compañía para tiempos de confinamiento.

Del otro lado, el músico uruguayo se acercó a los textos de la argentina a partir de una colaboración pandémica que Díaz hizo con el ilustrador Gervasio Troche, también uruguayo, y que mostró a través de Instagram.

Y un día empezaron a hablar, a intercambiar chats y músicas del mundo y a coincidir, en esto y en aquello, hasta que hacer algo juntos se impuso como una necesidad. Díaz le compartió a Presa algunos de sus escritos y este se los empezó a devolver ya en forma de canción. El resto fue vértigo, fluidez y fueron unos meses de trabajo que desembocaron en El revés de la sombra.

“Existía como la intuición de que podíamos trabajar juntos a ese nivel muy primal y primigenio, y creo que en el EP eso se transmite, está presente la coincidencia”, dice Diego Presa en videollamada con El País.

“Si uno encuentra el sendero para recorrer, se generan un montón de cuestiones que facilitan mucho el devenir", asegura. "Desde el momento
en que Julieta me manda el texto de (la canción) ‘Flor de agua’ hasta la última que escribimos del primer núcleo, pasaron tres semanas, un mes quizás. Y al otro mes esas canciones ya estaban grabadas. Ni siquiera, en un primer momento, pensamos en grabar un disco, pero esa comunicación que se fue dando generó un entusiasmo muy grande, un vértigo, y se fue allanando todo el camino”.

El revés de la sombra marca la aparición de una voz y una mirada femenina en el universo de Diego Presa, que ya había convocado a María Viola para cantar en su última placa Cuarto, pero que tenía más tela para cortar. “Para mí es fascinante la entrada en juego de esa voz que de alguna manera interviene y cambia el paisaje de lo que vengo haciendo. Es algo que venía precisando de alguna manera y que no tiene que ver con el contexto de cómo puede ser que ninguna mujer participó en la voz de mis discos, como una obligación, un signo de los tiempos”, afirma Presa. “Responde a necesidades artísticas que venía procesando de antes y naturalmente se fueron dando a partir de mi encuentro con Julieta. Y me siento agradecido; creo que enriquece mi universo”.

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El arte de interpretar

El coqueteo de Julieta Díaz con la música venía de hace tiempo y se acentuó con la pandemia y la pausa de actividades. Un primer antecedente podría ser el trabajo que hizo con la artista francesa Mercedes Arduas; llegaron a grabar juntas pero la actriz lo entendió más como parte de un juego suyo, íntimo. Luego vinieron, el año pasado, colaboraciones con Javi Montalto y Lito Vitale, pero todo estuvo ahí, en el terreno de la investigación, lo lúdico, lo experimental si se quiere.

“Pero pasó algo con Diego”, asegura Díaz a El País. “Primero que cuando uno encuentra a alguien que tiene el qué y el cómo en común, hay algo que resuena muy cercano. Y para mí es muy potente poder mostrar mis letras con alguien que labura así y que se copa con lo que hago, y encontrar una tercera posición, un tercer lenguaje entre los dos. Me encanta que aparezca una voz femenina —literal y metafóricamente— en el universo de él, y poder ser yo es muy estimulante. Estoy muy feliz, agradecida y por momentos como: Uy, en la que me metí”, dice entre risas. “A medida que voy dando los pasos, voy viendo dónde estoy”.

Julieta Díaz y Diego Presa. Foto: Twitter @diegopresabuceo
Julieta Díaz y Diego Presa. Foto: Twitter @diegopresabuceo

A la protagonista de Corazón de León y No soy tu mami le divierte que los medios hablen de que se lanza o debuta como cantante. “Tampoco es que me hice chef o me puse a estudiar arquitectura”, señala riendo; “la interpretación y el canto son muy cercanos y todo es vecino, de la familia”.

En ese sentido, Díaz entiende que lo más “intenso” de la experiencia El revés de la sombra es el hecho de cantar sus propias letras y lo que escribió con Presa. En términos más generales, piensa que “se da algo con la interpretación actoral que tiene que ver con estar detrás de un personaje. Y cantar es más desnudo y hay algo físico, de la voz pasando por el cuerpo, que lleva a un lugar todavía más inconsciente y enraizado que la actuación. Hay algo ahí que para mí no toca la actuación, algo de ritualidad... No sé, a mí me produce cada vez más placer el cantar”.

Producido por Diego Presa y con participación de varios músicos locales, el EP está en el universo sonoro más explorado por el uruguayo, entre el folk y la canción de autor, aunque incorpora un elemento folclórico más definido en la canción “Rojo”. El objetivo global fue, asegura el músico, “que la voz y la palabra fueran la punta de lanza”.

Con la ilusión de presentar estas canciones en vivo, la dupla sigue trabajando en nuevo material, a su tiempo y sin apuro. Presa tiene, además, canciones solistas que pretende grabar, mientras que Díaz tiene por delante varios proyectos actorales. Ya filmó su participación para la segunda temporada de la serie Casi feliz de Netflix, espera el estreno de otra serie y hay sobre la mesa películas y ficciones, pero todo está en pausa y a la espera de la evolución de la pandemia. Lo mismo pasa con la obra teatral basada en la novela Precoz de Ariana Harwicz, que debía estrenarse el año pasado en el circuito independiente y cuya llama el elenco intenta mantener viva, aunque sea con encuentros vía Zoom.

Todo, dice Díaz, está “a fuego lento para ver cuándo se va definiendo”. Por lo pronto, este disco que salió de la admiración mutua y la conversación virtual sí es una realidad y está ahí, a la espera de ser escuchado. Es un precioso hallazgo donde las canciones fluyen, tal como fluyó el encuentro.

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