ENTREVISTA

El quinto elemento: Maia Castro llega al Solís con su nuevo disco, y habla de su carrera

La cantante de tangos, milongas y folclore, que estuvo nominada a los últimos Graffiti, presenta "Quinto" en el Teatro Solís, el 9 de octubre

La cantante Maia Castro, 2019. Foto: Leonardo Mainé
La cantante Maia Castro. Foto: Leonardo Mainé

El año pasado Maia Castro editó Quinto, disco que estuvo componiendo un buen tiempo y que grabó en vivo en Tractatus, frente a un público que aportó al clima que quedó registrado en el álbum. Es, dirá la cantante en charla con El País, el disco que más la representa, algo que buscó junto con su banda: entre inéditos y versiones, Castro logró algo fresco y detallista.

Ahora toca presentarlo formalmente en el que será el primer show propio de Maia Castro en la sala principal del Teatro Solís. El 9 de octubre a las 21.00, saldrá a escena con una banda que, para la ocasión, se verá reforzada con percusión y otro guitarrista, y con una cantidad de invitados, entre los que están Pablo “Pinocho” Routin, Spuntone - Mendaro, Orquesta Las Señoras y más. Las entradas están en Tickantel.

Antes de eso, Castro, que estuvo nominada a los últimos Graffiti por Quinto, volverá a tocar a Brasil, junto a la Orquesta Sinfónica de Minas Gerais y también en solitario; y estará por primera vez en Colombia, también con show propio. De eso fue esta entrevista.

—¿Este show en el Solís es un escalón más en tu carrera, algo a lo que querías llegar?

—Sí, obviamente es algo a lo que quería llegar. Me acuerdo cuando presenté el primer disco, en la Sala Zitarrosa, cuando terminé el show vinieron dos de las chicas que me ayudaron en la producción, y yo les dije: “Bueno, el año que viene, Teatro Solís”. Bueno, me demoré un poquito (se ríe) , pero llegó la oportunidad. Cuando empezás, tenés esa ansiedad de que querés que todo pase ya, que sea ya. Yo siento que en mi carrera, fui laburando muchísimo y metiéndole muchísimo, y creciendo de a poquito. Mi carrera fue, y es, de a pasitos, y este es un paso más.

—¿Hacer una apuesta así tiene que ver también con correr riesgos y validarse a una misma? ¿Eso está en juego?

—No sé si validarse a uno mismo. Sí estoy de acuerdo en que en algún momento hay que dar el paso, hacer y jugársela. Si te quedás siempre en tu lugar de confort, haciendo salas que sabés que vas a llenar y donde tenés todo controlado, esas situaciones, llega un momento que a mí me aburren. Cuando me propongo hacer una gira por Europa, o ahora que voy a tocar a Bogotá y a Brasil, son desafíos nuevos. Pero en este camino hacia este show, me propuse disfrutar: disfrutar de la música, de ese escenario.

Quinto, este disco que presentás en el Solís, fue grabado en vivo en Tractatus, y hay una diferencia grande entre ambas salas. ¿Te cambian mucho el cuerpo y la cabeza a la hora de dar un show, según el lugar en el que te presentás?

—Lo de Tractatus era distinto porque estábamos grabando; de hecho, tres días antes de grabar estaba enferma, en cama (se ríe), y fue un show con características especiales. El Teatro Solís está cargado de otras cosas, y es parte de un sueño mío presentarme ahí. Pero hay muchas diferencias, respecto a los espacios y a los públicos. Cuando salga a tocar ahora en Bogotá, por ejemplo, no sé cuánta gente de la que va a ir me conoce realmente. Pero los nervios típicos de todos los toques, siempre están presentes y me gusta. Me gusta eso.

—¿Qué show tenés atesorado en un lugar especial?

—(Piensa) La presentación del primer disco fue especial. Era la primera vez que presentaba un espectáculo mío en una sala grande; siempre tocaba en bolichitos, y me acuerdo que al otro día me dolían todos los músculos del cuerpo, se ve que de la tensión. Ese me quedó grabado, y después uno en Polonia, en una sala de la que ni siquiera puedo reproducir el nombre porque es imposible (se ríe), en la que había casi 1.400 personas que fueron a vernos a nosotros. Increíble. Hace poco estuve repasando las fotos, los videos, y se nota en nuestras caras que estamos muy contentos.

Quinto fue un disco que llevó un tiempo largo de maduración. Ahora que ya te has despegado un poco de él, ¿cómo lo sentís?

—Es el disco que más me gusta, de los que he hecho. Me gusta cómo suena; creo que mis composiciones dieron un pasito más en cuanto a la madurez, sobre todo en la forma de transmitir las cosas. Y me siento superidentificada, que es difícil a veces. La otra vez escuché una canción del primer disco, que estaban pasando en la radio, y hasta que no entré a cantar no me di cuenta de que era una canción mía, una interpretación mía. ¡Imaginate lo desapegada que estoy de ese disco! (Se ríe) Con este disco sí me siento superidentificada: lo escucho y me doy cuenta que estoy ahí.

"Con este disco sí me siento superidentificada: lo escucho y me doy cuenta que estoy ahí"

Maia CastroCantante

—Las inéditas que incluiste en Quinto están un tanto corridas del tango, son más bien folclóricas. ¿Desde su origen?

—Sí. Casi nunca cambian esas cosas en los arreglos.

—¿Ese corrimiento responde a algo en particular?

—No. Yo nunca me preocupé por estar en algún casillero determinado, de verdad. Y hago las canciones y no soy prejuiciosa en ese sentido: pueden ser una zamba, una milonga, un tango u otra cosa. Una balada, yo qué sé. Como salgan las canciones, después van a plasmarse; no me estresa, hago las canciones que me gusta hacer, y por suerte puedo hacerlo (se ríe). En una de las primeras notas que me hicieron, para Sábado Show, hace millones de años, dije lo mismo que seguí diciendo el resto del tiempo: yo no me considero una cantante de tango. Yo soy, sí, cantante, intérprete, compositora en este momento, que tiene una fuerte raíz tanguera y va por el lado de lo folclórico, pero no me siento una cantante de tango. Y mi forma de interpretar el tango va por otros carriles, sin desmerecer en lo más mínimo a los cantantes más tradicionales. La etiqueta viene de afuera.

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