ENTREVISTA

Duki: la vida de trapstar, el miedo a la muerte y un disco que apuesta al mundo

El argentino presenta “Desde el fin del mundo”, segundo disco de estudio, en medio de un cambio de rumbo personal forjado por la cuarentena

Duki tiene la cara tatuada. Dos pares de alas, un sol, un tic como el de las cuentas verificadas en redes sociales y otros varios diseños en mejillas, frente y pómulos. Duki es uno de los máximos referentes del trap, un género muchas veces criticado por el contenido de sus letras. Duki, en varias de sus canciones, habla de excesos e incluso luce un cadenón brillante y exagerado con una pastilla en su pecho. Duki, si uno quiere verlo así, es una fuente de prejuicios.

También tiene 9 millones de oyentes mensuales en Spotify, otros tantos en YouTube. Acumula montones de seguidores en sus distintas cuentas de redes sociales y la mayoría de las veces que saca un tema se vuelve tendencia en las plataformas de distribución de música, como pasó ayer. Duki, si uno quiere verlo así, es arrasador en las métricas.

Llenó el Gran Rex y el Luna Park. Participó del Cosquín Rock, del Lollapalooza, armó el festival Buenos Aires Trap y se movió por toda Argentina. También giró por Uruguay, Chile, Perú, México, España y Estados Unidos. Estuvo nominado a los Premios Grammy Latinos y a los Premios Gardel, donde tocó junto a una orquesta sinfónica. Colaboró con Bad Bunny, Rels B, Vicentico y casi toda la escena del trap argentino. Duki, si uno quiere verlo así, es un músico talentoso.

Duki es Mauro Lombardo, un artista argentino de 24 años que unos minutos antes de las 15:00 se conecta a la sesión de Zoom programada y, a pesar de estar antes de lo pactado, pide disculpas mientras toma un trago porque recién almorzó. Faltan dos días para el lanzamiento de su segundo disco y se muestra relajado. Estuvo ansioso e inseguro, según tuiteó, pero tras ver el trabajo terminado se muestra con la seguridad de un “hitboy”, tal como se bautizó en una de sus canciones.

Duki. Foto: @JessPraznik
Duki. Foto: @JessPraznik

Su carrera empezó en la calle, participando de batallas de rap: dos contrincantes, una base y ataques en forma de rimas improvisadas. Duki lo hizo durante varios años pero en 2016 se impuso en una batalla que le abrió una nueva puerta. Ganó una fecha de El Quinto Escalón, que se organizaba en Parque Rivadavia y fue una de las competencias de rap más populares de Argentina, y uno de los premios era la grabación de un tema. Así nació “No vendo trap”, que impulsado por la popularidad de la competencia y del artista dentro de ella, se hizo viral en poco tiempo.

Duki siguió batallando pero también haciendo música y así salieron “Hello Cotto”, “She Don´t Give a FO” y otras tantas canciones hasta alcanzar casi el centenar hasta el día de hoy.

El trap argentino se pegó de su mano y de otros raperos de calle que se pasaron a la música. Sacó un disco, un EP para festejar su cumpleaños y varios hits que sonaron en varios países; salió de gira, participó de polémicas, llenó salas y se consolidó como un referente de la escena latina.

En menos de cinco años vivió un sinfín de historias que lo llevaron al lugar en el que se encuentra ahora: sentado frente a una PC, entrando a una entrevista por Zoom delante de una pintura colorida.

Duki toma un trago, se acomoda y empieza a hablar de Desde el fin del mundo, su segundo disco de estudio, que se lanzó en la tarde del jueves. Son 18 canciones, 57 minutos producidos por Asan y Yesan. Cuenta con colaboraciones con una veintena de artistas del “fin del mundo”, es decir, de Latinoamérica, entre los que están Bizarrap, Khea, YSY A, Neo Pistea y hay un tema netamente uruguayo en el que participan Peke 77, Mesita, Franux y 44kid.

“Los cuatro la rompen, veo la escena uruguaya cercana a la argentina, tomaron un género de afuera y lo pegaron en su país. Estos cuatro me representan”, comenta sobre el cuarteto uruguayo con el que comparte “Ella es mi bitch”.

el disco

"Desde el fin del mundo"

Aunque el trap se caracteriza por el lanzamiento de singles, de la mano de una nueva forma de consumir música en plataformas, Duki ya había probado con el formato disco en Súper Sangre Joven, que dejaba una sensación de acumulación de temas.

La idea de Desde el fin del mundo surgió en setiembre y maduró en octubre, cuando se fue a Estados Unidos con Yesan; hizo nueve canciones en nueve días y el resultado final tiene, sí, lógica de disco y un trabajo muy fino de producción. Al sonido electrónico característico del género le sumó instrumentos analógicos: “son todos tocados por personas”, acota entre risas. Además de trap, Duki navega por otros géneros y toma algunos riesgos: “Sudor y Trabajo” o “Valentino” son un subgénero más crudo al que le pega muy bien, y hasta se anima al rock en “Muero de fiesta este finde” y a una suerte de pop punk en “Muriéndome”, con Khea.

“El álbum es una búsqueda de autosuperación para mí, de demostrarle a la gente mi potencial y más que nada mostrármelo a mí”, cuenta a El País.

Si bien canciones como “Valentino”, “Fifty Fifty” o “Ella es mi bitch” tienen letras bien traperas —sobre fronteo, lujos, droga y sexo—, hay otras en las que Duki se abre y deja ver una cara más humana. En “I Don’t Know” que tiene “el cuero partido” y pide ayuda; en “Mi diablo” cuenta que llegar a este lugar le costó y recuerda a su abuela, que “de arriba me guía”.

La carrera de Duki cambió en 2020 y él lo reconoce: “Siento que crecí mucho, que estoy más maduro, más responsable, más conectado con mi carrera en toda la parte de preparación”.

Uno de los cortes del disco fue “Chico estrella”, una canción autobiográfica en la que habla de su vida actual y afirma que está “dando la vuelta al mundo pa' dejar mi huella”.

“No hay tal virus, soy inmune”, canta, pero es mentira. En primer lugar porque Duki sufrió el coronavirus; estuvo “hecho pollo”, dijo, pero lo superó. Y segundo porque el virus, la pandemia y la cuarentena le hicieron poner un freno inusual para sus últimos años y su vida de trapstar, y le dieron un cambio rotundo a su realidad.

“La cuarentena fue clave. En 2017 empecé a salir a tocar y nunca paré, nunca tuve unas vacaciones. Me vi para atrás y dejé de victimizarme por el lugar que me da la sociedad, como diciendo: ‘uh, ¿por qué no puedo salir a tomar un helado tranquilo?’ Empecé a entenderlo más como un superpoder y una responsabilidad. Es algo que yo le debo a toda esa gente que me apoyó y me hizo llegar a dónde estoy”, asegura.

—En “I Don’t Know” cantás: “I don´t know, baby ¿donde estás? Voy muy rápido, no puedo frenar; vení, sálvame que estoy por chocar”.¿Es una metáfora?

—Es una metáfora de que uno está en esa vida tan rápida, adrenalínica, con joda y alcohol, metido en la noche. En un momento sentí que iba a chocar, mi cuerpo lo sentía.

—¿Y te salvaste?

—Creo que choqué un par de veces. Choqué. La cuarentena me permitió ver las cosas de otro punto de vista y cambiar un poquito mi forma de ser. Trabajar con mi familia me salvó la vida a mí. Si no fuera por ellos me moría literal, me moría como un pelotudo.

Duki vivió cuatro años intensos, pero no murió. Dice que lo más lindo del humano es tener capacidad de evolución y adelanta, en plena salida de su disco nuevo, que va a explorar una faceta reggaetonera. Duki, el hitboy, la cara tatuada que lleva las riendas de la música que consume toda una generación, ahora quiere pegarla en el mundo.

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