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Crónica: Duki ofreció un show desprolijo pero enérgico en La Trastienda

El viernes, el argentino ofreció una fiesta del trap en La Trastienda junto a Zanto y  Pekeño 77 

Duki. Foto: La Nación / GDA.
Duki. Foto: La Nación / GDA.

En la noche del viernes, La Trastienda fue sede de una fiesta del trap que tuvo sus altibajos. Con el argentino Duki como la atracción principal, y con las actuaciones de los locales Zanto y Pekeño 77, el show, con entradas agotadas, se llenó de baile, celulares en alto, bajos saturados y aroma a marihuana. Pero, si bien la energía del público se definió en un crescendo constante, el espectáculo tuvo algunos problemas a causa del desempeño de Duki durante su actuación.

“Primero, mil disculpas a toda la gente que pagó la entrada”, dijo el argentino con voz notoriamente disfónica cerca del final de su show. “Segundo, para mí lo más importante en el mundo es el respeto y la fidelidad, y no lo quiero perder. Por eso, aunque esté hecho mierda me subo y hago esto”. Tras el aplauso y el “olé, olé, olé” del público que agotó la sala para ver a su ídolo —en el sentido más literal, porque nadie pareció ofenderse por el estado del cantante—, el trapero dio paso a “Tumbando el club”, uno de los manifiestos del trap argentino e hizo corear y poguear a todo el recinto.

Es que, a pesar del mal estado con el que el cantante se subió al escenario —insultó varias veces al sonidista, tuvo problemas con el retorno y en varias canciones se lo notaba perdido en el escenario—, el ambiente de fiesta no se vio opacado en ningún momento. Seguramente, el uso excesivo del Auto-Tune -una herramienta que Duki utiliza muy bien como recurso expresivo-, tuvo un rol fundamental en tapar los problemas de su voz, aunque los enérgicos beats y los visuales también tuvieron su responsabilidad en entretener al público.

Y, hablando del público, durante el show era muy difícil no dejarse llevar por la energía de los asistentes —grupos de amigos de adolescentes, parejas y hasta padres acompañando a sus hijos—, que fueron al lugar a corear sus canciones preferidas y poguear al ritmo de los beats.

La noche comenzó a las 21.00 con la actuación de Zanto, quien presentó un set corto pero efectivo que encendió al público. En seguida llegó Pekeño 77 para seguir aumentando la intensidad en la sala. A esa altura ya se sentía una energía especial y Duki ni siquiera había subido al escenario.

Con el público más que expectante, luces azules, humo y trap ambientaron la espera de más de media hora. A las 22.30, Duki salió a escena con una seguidilla de cuatro canciones que demuestran por qué es uno de los mejores traperos argentinos: “Rockstar”, “Otro Level”, “Sigo Fresh” y “Hello Cotto”. Cuatro canciones con letras cargadas de arrogancia y un fraseo furioso.

“Si te sentís sola” y “B.U.H.O.” fueron los momentos más enérgicos del show, con el público coreando a todo volumen y subiendo historias a sus cuentas de Instagram. Pero, a mitad del show, se empezó a ver al trapero incómodo. “No estoy en mis mejores días”, admitió. Así, durante las canciones que siguieron el set, se lo pudo ver molesto y con problemas para hablar entre canciones. Sin embargo, el público celebró y acompañó los temas durante el resto del show.

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