Adiós

Murió Robert Evans, el productor estrella detrás de "Chinatown" y "El Padrino"

Tenía 89 años y una vida llena de aventuras y de mucho éxito y prestigio

Robert Evans
Robert Evans, un magnate creativo

Robert Evans, uno de los más productores en la historia de Hollywood, murió a los 89 años. En su larga carrera, produjo clásicos como Chinatown y Maratón de la muerte y al frente de los estudios Paramount dio luz verde, por ejemplo, a la saga de El Padrino de Francis Coppola.

Su biografía es material de leyenda en Hollywood. Con sus facciones estilizadas iba para estrella de cine aunque su talento era tirando a nulo. Fue entonces, como de la nada, que Paramount le dio el cargo más importante de la industria: aquel que decide qué se filma y supervisa que todo salga de acuerdo a lo esperado. Fue el último de una tradición de magnates estrellas y genios que inauguró Irving Thalberg en la década de 1950.

Su vida fue material de las revistas del corazón cuando en 1972, su esposa, la actriz Ali McGraw lo dejó por Steve McQueen durante el rodaje de La fuga. En 1980 fue arrestado por posesión de cocaína y años más tarde fue testigo material del asesinato por ejecución del productor Roy Radin durante el rodaje de Cotton Club de Coppola.

Siempre material de leyenda, su llegada a Hollywood ocurrió cuando fue señalado en una piscina de Beverly HIlls por Norma Shearer para que interpretara precisamente a Thalberg, su difunto marido, en El hombre de las mil caras, una biopic sobre Lon Chaney. Daryl Zanuck, otro de esa estirpe de productores, le ofreció un papel en Y ahora brilla el sol. Cuando el resto del elenco reclamó que lo echaran, Zanuck mandó un telegrama muy conciso: "El pibe se queda en la película", "The Kid Stays in The Picture", que es el título de su autobiografía y de un documental sobre su vida. El respaldo duró un par de años.

Aunque empezó tímidamente, con El bebé de Rosemary, Evans consiguió sintonizar con el espíritu de la época: la dirigió Roman Polanski, la estelarizaron los "raros" John Casavettes y Mia Farrow y se convirtió en uno de los grandes clásicos del cine de terror. La racha siguió con la Romeo y Julieta de Franco Zeffirelli y Love Story. Después de El Padrino 2, las cosas no fueron lo mismo y un regreso en la década de 1990 (con la segunda parte de Chinatown, por ejemplo, lo mostraron muy lejos de su mejor momento.

Desde entonces, Evans, quien se casó siete veces, vivió de ser una leyenda viva de la penúltima gran revolución del cine industrial, la del nuevo cine americano de la década de 1970. El la dirigió con modales de matón, ego de artista y perseverancia de general. 

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