Entrevista

Eiko Senda protagoniza una conocida ópera de Puccini contada en tres actos

La soprano japonesa protagonizará la nueva versión de Madama Butterfly que se presentará en el Auditorio del Sodre y participará en el espectáculo Gutenberg, este sábado

La soprano Eiko Senda ha interpretado el personaje de Cio Cio San más de 100 veces en su larga carrera. Foto: Francisco Flores
Eiko Senda ha protagonizado la ópera "Madama Butterfly" más de 100 veces a lo largo de su destacada carrera. Foto: Francisco Flores

Es una de las óperas más famosas y representadas en el mundo. Esta producción de Madama Butterfly que estrenará el Auditorio Adela Reta el viernes 30 de noviembre (las funciones irán hasta el 6 de diciembre y quedan entradas por Tickantel y boletería del auditorio desde 250 a 1.500 pesos) es una constelación que rara vez se da en el mundo, comentan las autoridades del Sodre. El elenco de esta ópera de tres actos del compositor Giacomo Puccini, estrenada en 1904 en la Scala de Milán, tiene en su elenco a los más importantes cantantes líricos de la actualidad. Entre ellos a la soprano japonesa Eiko Senda, quien interpretará a la trágica protagonista, Cio Cio San; el tenor uruguayo Carlo Ventre como el teniente Pinkerton y la mezzosoprano argentina Cecilia Díaz será Sukuki, la criada de la protagonista.

La dirección escénica quedó a cargo del regie argentino Pablo Maritano, quien ha trabajado en dos óperas representadas en el Sodre, L’italiana in Algeri el año pasado y Otello en 2016. Un variado repertorio y títulos importantes han colocado a Maritano como uno de los grandes directores de su generación que ha trabajado para el Teatro Colón y el Teatro de San Pablo.

Además, Madama Butterfly se trata de una producción completamente uruguaya. Los vestuarios y la escenografía se crearon en los talleres del Auditorio del Sodre, y participará la Orquesta Sinfónica del Sodre con dirección de Diego Nasser y el Coro Nacional del Sodre.

El País charló con la soprano Eiko Senda, quien este sábado participa del espectáculo Gutenberg en el Antel Arena y la semana próxima subirá al escenario del Auditorio para volver a interpretar a Cio Cio San, un personaje que ha interpretado más de 100 veces a lo largo de su gran y destacada carrera.

—Estas semanas estará en dos espectáculos bien distintos. Además de protagonizar Madama Butterfly, participa en el espectáculo Gutenberg. ¿Cómo van los ensayos del show que se hará en el Antel Arena?

—Es algo más suelto a lo que hago, más contemporáneo. Yo soy más del rock, estuve el domingo en Montevideo Rock y me gusta más eso. Por eso me gusta mucho participar de Gutenberg. Madama Butterfly es algo más académico.

—Con Gutenberg hay más libertad entonces.

—Claro. Canto lo mismo, pero es una energía distinta.

—Hace una década estuvo en el Teatro Solís donde interpretó a Cio Cio San, mismo personaje que ahora en el Auditorio del Sodre, ¿qué cambió en usted?

—Estoy más vieja. Mirá el pelo, empezó a salir blanco. Igual es un color que me gusta.

—En aquella oportunidad su hijo interpretaba al hijo de Cio Cio San, y ahora está su hija, Ana Pimentel en el elenco de esta nueva producción.

Sí, es interesante porque mi hija está cantando. Ella había hecho de la hija de Pinkerton en otra producción cuando tenía tres años. Entonces me digo, qué cosa bárbara, porque pasaron 20 años y otra vez estoy con mi hija en el escenario. Fue una casualidad

Eiko Senda compartirá escenario con su hija, la mezzosoprano Ana Pimentel. Foto: Francisco Flores
En esta producción de "Madama Butterfly", Eiko Senda compartirá escenario con su hija, la mezzosoprano Ana Pimentel. Foto: Francisco Flores

—¿Cómo ha sido trabajar con su hija arriba del escenario?

No sé decirte. Cuando estoy en el escenario no pienso en mí, hago un personaje, entonces no la veo como a mi hija, la veo como Kate Pinkerton que me quiere sacar a mi hijo. Pero cuando termina el ensayo me consulta, y es divertido. Yo luché sola para criar a mis hijos, entonces es una satisfacción verlos bien

—Ha interpretado esta ópera más de 100 ocasiones, ¿cómo es volver a interpretarla en Uruguay?

—Mis ojos cambiaron y mi manera de ver la ópera cambió. Cuando era chica, cuando canté esta ópera por primera vez, tenía 21 años, y era otra cosa. Era otra visión, era el emocionante Puccini y su música maravillosa. Y estaba tan profundizada sobre el tema que esta ópera trae a la superficie cubierto por la belleza de la música. Muchos problemas políticos de la época del 1900 continúan y la verdad es que sigue siendo el mismo mundo y el mismo tema. Pero ahora hay otra manera de llamar a ese problema: pedofilia.

—Es increíble que esta ópera estrenada en 1904 siga tan vigente.

—Actual completamente. Pero valoro que Madama Butterfly sea una oriental japonesa de quince años educada, porque su padre era samurái. Eso significaba que era una clase social muy rígida sobre la cultura, la moral y el respeto. El casamiento era la única manera que se permitía que una mujer estuviera con el sexo opuesto y ella aprovecha eso. El casamentero Goro es un japonés que cree en un dios que se llama dinero, entonces entrega esa chica al americano para gozar, como una mercancía.

—¿Y cuál es su mirada actual de esta ópera?

—Ahora tengo otra mirada. Antes era solo el lado de Cio Cio San el que sentía y veía que no había un engaño. En Japón, si hacés un casamiento, ese tipo de engaño no se da. Podés tener otra mujer, pero jamás desecharías a una mujer con la que se casó legalmente. Entonces ella cree en eso. Pero ahora veo todo un poco más globalizado y veo cómo podés desechar un país y una cultura, irrespetando a las mujeres”.

—Y Cio Cio San termina muerta.

—En Occidente la gente se mata para abandonar la vida, en la cultura japonesa, para mantener la honra. Es un poco distinto, pero el sentido es el mismo, dejar esta vida para transitar otra con honor. Sin honor no. Entonces ella se transporta para otro lado por la manipulación y la creencia que la cultura occidental es mejor. Ella va a casarse con un americano y niega y niega todo lo suyo, pero al final termina pagando el precio. ¿Y hasta dónde estamos dispuestos a ir? Ese es un tema que también se aborda en Gutenberg, ¿hasta dónde podemos comercializar la comunicación?

—¿Cuándo comienza su relación con Uruguay?

-Hace 12 años. Cuando nació mi hija estaba en San Pablo y tenía mi empresa allá. Cerrar la empresa y mudarme me llevó un año, no era tan fácil. Después estoy acá, cuando estoy, porque viajo mucho, pero amo Uruguay.

—¿Dónde se había ido de viaje?

—Estaba en Japón.

—Volvió a su tierra.

—Volví. Hay que volver. Trabajar para estar con mi familia, mi base es allá. Trabajo mucho en Argentina, Chile y Brasil, este año no paré. Y estoy feliz porque este año se cumplen 110 años de relación entre Uruguay y Japón. Y actualmente somos 460 japoneses los que vivimos en Uruguay.

—Como extranjera, ¿cuál es su visión de nuestro país?

—Acompañé los últimos 10 años del país. La primera vez que vine, Paso Molino era un lugar oscuro y ahora tiene un montón de coches, mucha gente y la gente tiene otra cara.

—Cuando está mucho tiempo en Uruguay, ¿extraña Japón?

—Siempre extraño a mi país, como la gente que se va de Uruguay y extraña comer asado y tomar mate. Yo extraño horrible, pero tengo a mi marido (el barítono Federico Sanguinetti) y mi hijos, entonces hay que bancar. No tengo un sentimiento de pena o resentimiento, pero extraño.

—¿Y qué extraña?

—Mi madre, padre y hermanos, la familia. En cierta forma es una sensación rara estar en un país que no es el tuyo. Sos vos y solo vos en un lugar que no conocés, y yo parí en Brasil sola. ¿Viste esa sensación de que te estás desangrando y nadie te cuida?, bueno, eso.

—Qué sensación de soledad, como le pasa a su personaje en la ópera de Puccini.

—Sí, pero ella tenía a Suzuki y yo no (risas). Entonces valoro mucho a la familia, por eso digo que quien tiene, la tiene que cuidar, porque el tiempo pasa y rápido.

Carlo Ventre con un personaje detestable

El tenor uruguayo Carlo Ventre vuelve a ser Pinkerton, un personaje que ha realizado muchas veces en su carrera.

—Le toca hacer del villano de la ópera.

—Es un rol complicado para un tenor que siempre sale a recibir ovaciones. Este es un rol feo, porque en el primer y tercer acto tenés que cantar muy bien. O sea que das mucho pero recibes poco. Es hermoso lo que canta y también muy difícil.

—Me imagino que no es su personaje favorito.

-No, es el que más detesto porque tenés que cantar mucho y bien y no siempre es reconocido por el público. Porque para el público soy el malo de la película. Y la cosa increíble de esta ópera es que Pinkerton está cocinado cuando no aparece, en el segundo acto. Lo cocinan como el malo cuando no está.

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