Entrevista

Con Rozalén: "Hay que meter caña en las canciones, y decir cosas importantes"

La cantante española viene por primera vez a Uruguay, y antes charló con El País

Rozalén. Foto: Difusión
Rozalén. Foto: Difusión

Su último disco, Cuando el río suena..., estuvo nominado a mejor álbum del año en los Grammy Latino, y “La puerta violeta”, una composición sobre la violencia de género, compitió por el gramófono a canción del año. “Algo está pasando”, dice con una risita inocente Rozalén, en charla con El País.

Rozalén se llama María de los Ángeles Rozalén Ortuño, nació en Albacete y es, con tres discos, 32 años y una buena voz, una de las exponentes actuales de la canción de autor en español. Entre sus influencias hay mil ritmos, entre sus referencias hay mil nombres y el de Jorge Drexler es uno. Entre sus intenciones, hay una clara: hablar de temas que importan, sin que eso implique demasiada solemnidad. Rozalén es capaz de hacer bailar mientras reflexiona sobre cuestiones universales, porque sí: porque asegura que no tiene prejuicios a la hora de la música.

El 12 de julio dará su primer show en Uruguay, en Teatro El Galpón a las 21.00 (entradas en venta en Tickantel). En escena la acompaña una intérprete de lengua de señas, que hace de su show uno inclusivo. Es una propuesta novedosa y accesible con la que ha girado por todos lados y ha encabezado festivales de tono rockero, porque como ella dice, con su risa inocente, algo está pasando.

—El del 12 de julio vas a dar tu primer show en Uruguay. ¿Con qué idea llegás, con qué expectativas?

—Pues teníamos un montón de ganas de ir, porque hemos ido un montón de veces a Argentina, y ya tenía muchos mensajes de: “Por favor, ¿cuándo vienes para acá?”. Entonces tengo muchísimas ganas de ir para allá, te lo juro. Creo que es de los países a los que más ilusión tengo de ir, por eso: por el cariño que recibo de hace tiempo, porque además tengo muchos amigos que me hablan maravillas, como Jorge Drexler, que es uno de mis maestros. Es que no sé, hay lugares que intuyes que van a ser especiales.

—En Argentina ha pasado históricamente que el público se apropia un poco de los artistas españoles, y a vos te ha tocado vivirlo. ¿Te sorprendió?

—Argentina es el primer país al que empecé a ir en Latinoamérica, entonces nos lo estamos currando, yendo mucho. Hemos ido mucho a México; Colombia y Costa Rica están siendo una sorpresa porque hay mucha gente que nos escucha. Hemos ido a Perú, a Chile cada vez más, pero Argentina fue como el primer lugar al que fui a tocar. El primerísimo fue Bolivia (se ríe), pero cuando estaba estudiando mi carrera. Yo estudié Psicología; aunque canto desde que hablo y toco instrumentos desde muy niña, quise ser psicóloga, fíjate. A lo mejor es por eso también que tengo ese vínculo con Argentina (se ríe).

—Y a lo mejor es por eso también, que tus canciones siempre abordan temas de peso en lo social y político.

—Sí, supongo, ¿no? Y en Uruguay también hay mucha gente interesada en el lenguaje de señas, y está interesada en que vayamos por eso, porque es un concierto inclusivo, accesible.

—¿Cómo surgió esta propuesta inclusiva y hace cuánto la desarrollan?

—A mi intérprete la conocí en Bolivia, y llevamos como seis o siete años ya, desde que firmé con Sony y me explotó un poquito todo. Yo ya me iba dando cuenta que no sólo tenía que decir cosas, sino que tenía que hacer, y llevar un intérprete es una declaración de intenciones. Y era una parte esencial para el espectáculo, no sólo por lo social e inclusivo, sino porque es una lengua bellísima y creo que le aporta mucho a todos los oyentes.

—¿Te costó que el mercado, que las salas de recitales, entendieran de qué iba esta acción y por qué querías aplicarla, o fue bien recibida desde siempre?

—En España ya muchísima gente sabe lo que hacemos, nos han visto en televisión, pero en televisión por ejemplo es difícil explicar que Beatriz (Romero, la intérprete) no tiene que desaparecer de la pantalla en ningún momento. O en los teatros, que las personas sordas tienen que estar más cerca; y como es algo más nuevo, nosotros somos los primeros que tenemos que adaptarnos y entender. Es una adaptación de todos, yo creo, pero siempre ha sido bien recibida. Las personas sordas nunca habían tenido, en España, toda una gira que tuviera una intérprete.

—Y al margen del vínculo que has establecido como cantante, ¿cuál es tu relación con la música latinoamericana? Porque hay una presencia fuerte de influencias de acá en tus canciones.

—Ay, hay demasiado. Yo bebo de toda la música porque empecé con el folk de España; me gusta mucho el rap, la música rock, el punky, me gusta todo. Pero lo que más me gusta es la canción de autor, y desde niña escucho a Violeta Parra, a Víctor Jara, a Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, y les canto desde pequeña. No sé por qué, no sé por dónde me viene, pero me emociona muchísimo. Mi padre me cantaba, para mis cumpleaños, “Las mañanitas” mexicanas. Y el Eco de Drexler, que ahora tengo la suerte de que sea amigo, es de los primeros discos que me regaló mi padre. ¡Y me voló la cabeza! La “Milonga del moro judío”, el escribir en décimas, el interés por la poesía... Hay un vínculo que me resulta superinspirador, y que me sienta bien (sonríe).

—Aunque el grueso de tu obra es más pop, si se quiere, tus temas funcionan un poco como canción de protesta, y por ahí se vinculan con esas influencias de Violeta Parra, de Jara y demás.

—Claro. Hay que meter caña en las canciones, y hay que decir cosas importantes. Yo en la Psicología me tiré por la rama social, y los artistas que a mí me gustan son los comprometidos. Y aunque suene pop se pueden decir cosas, aunque la música sea bailable... Y este disco (Cuando el río suena...) ha sido nominado a los Grammy, “La puerta violeta” es una canción feminista y ha sido nominada... Algo está pasando (se ríe), como que me he colado ahí en el sitio que le llaman mainstream, yo qué sé. Aquí sueno en las radios comerciales, en la tele, pero hablo de memoria histórica, refugiados, violencia contra las mujeres, y es importante hacerlo. Sí lo digo con respeto, porque las formas son importantes, pero no me callo en absoluto. Sé que hay gente que a lo mejor me deja de escuchar por eso, pero supongo que se lo perderán ellos.

Y en Cuando el río suena..., además, contás historias muy personales.

—Sí, familiares. Pues en mi casa había desaparecidos de la Guerra Civil española. ¿Cómo no voy a contar yo eso? O yo soy hija de un sacerdote secularizado; mi padre fue sacerdote 10 años... Entonces son historias familiares que empecé a contar, que tienen una connotación histórica, política, pero ante todo son humanas, porque la política es humanidad.

—La política es humanidad, tanto que en la canción “Girasoles” sampleás un discurso de José Mujica.

—Sí. Yo sé que allá habrá gente que no le quiere mucho (se ríe), pero aquí en España tiene una imagen como de político muy tierno. Así que eso también me conecta con Uruguay, aunque hay gente desde allá que me ha criticado por incluirlo en una canción. Está clarísimo que no le gusta a todos, pero me la jugué, porque estaba ese discurso que me encantaba, que hablaba del progreso y la humanidad, y pillé un poquito.

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