Entrevista

Martín Rivero: "Recuperé el proyecto solista para encontrarme a mí mismo"

El cantante tiene nuevo disco, y lo celebra este sábado en Inmigrantes

Martín Rivero. Foto: Darwin Borrelli
Martín Rivero. Foto: Darwin Borrelli

Martín Rivero, excantante de Astroboy, y voz de Atlas y del colectivo Campo, acaba de editar su nuevo disco solista, La espuma de las horas, un precioso trabajo que celebrará con su nueva banda, este sábado a las 23.30 en Inmigrantes (anticipadas en el lugar). Antes, charló con El País.

—¿Has soñado canciones?

—Sí, pila de veces; muchas son divagues y otras quedan. “Esquimal”, de mi primer disco, la soñé casi toda y es la experiencia más exitosa, porque lo que pasa es que a veces, en los sueños, las cosas tienen todo el sentido del mundo aunque en realidad no lo tengan. Entonces he soñado melodías, las he grabado, y después son una especie de lamento (se ríe). La que rescaté fue “Esquimal”, de mi primer disco. Y en este disco, La espuma de las horas, hay cosas oníricas, pero porque escribo más desde ese lugar, de paisajes más poéticos. Una vez soñé, hace muchos años, que Paul McCartney me elegía para ser su heredero musical (se ríe).

—Un sueño hermoso.

—Sí, fue hermoso. Recibí la bendición de Paul McCartney a través del sueño, como que era el sucesor de él.

—Bueno, tal vez “Esquimal” es tu “Yesterday”.

—No, todavía no hice mi “Yesterday”. Cuando lo haga, nos enteraremos.

—Viviste en China, ¿y volviste a Uruguay hace cuánto tiempo?

—Estoy radicado acá hace ya dos años, desde mediados de 2016. Ahí fue todo el proceso del Tambor del cosmos, el disco que hicimos con Campo; un montón de canciones fueron a parar ahí, y otro montón fueron a este disco mío. En realidad, fue difícil darme cuenta que quería hacer un disco solista; tenía un montón de canciones y quería sacar un disco con Atlas, mi otra banda, pero es más espontánea y esporádica y nos cuesta encontrar los momentos de encuentro. Y en una charla con Juan (Campodónico) le dije que tenía pila de canciones, si grabábamos otro disco de Campo, y él me dijo: “Capaz es momento de que saques otro disco solista”.

—¿Por qué te costó tanto decidirlo? Porque tu primer disco, Estas cosas no son mías, tuvo buena aceptación, elogios, y había gente esperándolo.

—Sí, había, lo que pasa es que me gusta mucho trabajar en equipo. Me siento más cómodo y me divierte la interacción. Y además soy revergonzoso y me cuesta salir de la zona de confort, y las canciones que tenía quería hacerlas diferente, pero no sabía bien cómo. Ahí se me ocurrió llamar a distintos productores, pero demoré pila en mostrarles las canciones.

"Soy revergonzoso y me cuesta salir de la zona de confort"

Martín RiveroMúsico

—Cuando lo hiciste, ¿sentiste que todo el trabajo fluyó?

—Totalmente, si abrís la cancha siempre es bien recibido, y el resultado fue mil veces mejor de lo que esperaba. (Piensa) Como es algo tan personal, estoy acostumbrado a trabajar siempre con los mismos amigos. Primero empecé con Mariano Esaín, productor de Astroboy, pero como él vive en Buenos Aires, la dinámica se hacía engorrosa. Y ahí me di cuenta que era mejor colaborar con diferentes personas, una dinámica más divertida para mí. Y además, ninguno piensa igual: yo soy el único que se mantiene.

—Eso le da homogeneidad, porque si bien es variado, no suena a disco de muchos productores.

—Sí, pero al mismo tiempo todas tienen una sonoridad diferente, un encare distinto. Eso me encantó, y descubrí una manera de poder trabajar solo. Igual en vivo toco con una banda, no es que soy un cantautor solo con la guitarra. Eso es lo que me pasó en el primer disco.

—¿No te gustaba esa imagen?

—No la imagen, sino que yo no soy muy bueno tocando la guitarra. Puedo tocar tres o cuatro canciones y emocionarte, pero después te aburrís (se ríe). A mí me pasa; lo que yo quiero es que sea una banda, y que al mismo tiempo sea solista.

—Y La espuma de las horas es un disco de banda, que no sé qué tanto se sostiene en solitario.

—Sí, las tres primeras canciones son superenergéticas, pero frescas, y sin banda no lo haría. Igual hay otras canciones como “Al sur de la frontera” o “Náufrago”, que son un poquito más deformes, y permiten hacer otra cosa, otro set en vivo.

—Es curioso cómo en todas tus canciones, aun en las que a priori son bailables o divertidas, está la melancolía o cierta tristeza presente. Tal vez tiene que ver con ser uruguayo.

—Puede ser. Yo creo que no es tristeza, sí melancolía, y tiene que ver con mi voz, con que me cuesta cantar de otra manera. Yo la tristeza la asocio con Darnauchans, con algo más opresivo; estas tienen una ingenuidad, una cosa más lúdica, que mezclada con lo otro, son más frescas. Igual no dejan de ser melancólicas, pero no puedo dejar de ser yo.

—“Kimchi”, de este disco, es como hermana de “Bailar quieto” del último disco de Campo. “Tengo roto el corazón y quiero bailar más lento” está cerca de lo de bailar quieto.

—¿Querés bailar o no? Movete, nadie te mira (se ríe). Sí, creo que eso las hace particulares, y que reflejan mi personalidad medio vergonzosa. Cuando era chico, era superhistriónico y quería ser actor, que tampoco está muy lejos de ser músico, pero es algo un poco más desnudo. Y en la escuela hice una interpretación de Michael Jackson, me copó, me bailé todo, y pensé que iba a hacer eso en mi vida. Pero me empezó a agarrar la vergüenza y nunca pude quebrarla. Y en mis canciones quiero recuperar al niño que bailaba sin reparos. También “Kimchi” tiene una conexión con “El gran escape” de Astroboy, porque me gusta generar esa narrativa de citarte a vos, a tu propia historia. Me gusta eso de generar un mundo a partir de tu propia obra.

"En mis canciones quiero recuperar al niño que bailaba sin reparos"

Martín RiveroMúsico

—Sin embargo, alguien que no te conoce puede ver, en el Martín Rivero con cierta timidez en el escenario, a un personaje, alguien en pose.

—Sí. Pero no (se ríe). Mi hermana, que es Samantha Navarro, siempre cantó en todos los cumpleaños, te perseguía hasta en el baño para mostrarte las canciones nuevas, y yo aprendí mucho porque ella me enseñó. Pero nunca pude tocarle una canción a mi madre o en un cumpleaños; me cuesta horrible, es una torturita. Y cuando estoy en el escenario, cuanto más grande es el espacio, menos vergüenza tengo. Pero está bueno enfrentarse a eso. Y en este disco hay un tema, “Siddhartha”, que es quien se transformó en Buda, y lo que está bueno de Siddhartha es esa búsqueda de tu propio camino, encontrar las cosas por vos mismo, encontrar tu propio discurso e ir a un lugar de espiritualidad más elevada a través de vos mismo. Que eso es lo más difícil, en realidad.

—¿En algún punto hacés música para lograr eso?

—Sí. Recuperé el proyecto solista para encontrarme a mí mismo, para ver qué tengo para decir, qué le interesa a las personas de lo que yo tengo para cantar. A mí me cuesta mucho ser músico y defender el nombre Martín Rivero, y la única manera que hay es enfrentándote vos mismo a eso. Por eso, este no terminó siendo un disco de banda.

—¿Y dónde encontrás el placer?

—No hay ninguno (se ríe).

—¿Pero en qué momento del proceso decís: esto es la gloria?

—Para mí, lo más glorioso es hacer los temas, grabarlos, colaborar, ver cómo van creciendo. Todo ese proceso es el que más disfruto, la realización de un disco. Después me gusta mucho el día del show; es como un regalo para vos mismo y para las personas, la transmisión de una energía que compartís. Es una cosa relinda.

—En este disco aparece, como nombre de canción, “Shanghai Kid”, que es tu usuario en redes, y a la vez, tu banda nueva se llama El Río de los Pájaros, algo muy uruguayo. ¿Tanto te marcó China artísticamente?

—Me marcó mucho porque me gusta conocer otras partes del mundo, y conocí como que lo opuesto. Y es una cultura tan distinta a lo que creés, que te hace replantearte un montón de cosas, preceptos que das por sentado y no son tan así. Nada es tan importante: es importante que vos vivas bien, y ya. En China hay menos libertades, la sociedad parece muy controlada por el Estado, y por otro lado parecen ser más libres. Y es muy estimulante; a mí la cuestión de muchas personas, de subtes, en una cosmópolis, me gusta. Pero hay cosas que no entendés, y “Shanghai Kid” habla de eso. Y con el nombre de El Río de los Pájaros no estoy del todo convencido, pero me gusta porque es casi “Martín Rivero y Uruguay”, y porque quería zafar del nombre cool.

—¿Te sentís muy asociado a lo cool?

—Por momentos.

—¿Y el paisaje sonoro chino, sentís que se ve en este disco?

—Sí, pila, aunque las canciones que quedaron afuera son las que tenían cosas más explícitas, como chinos hablando, por ejemplo. Pero lo que quedó es una sonoridad que no es tan terrenal, que es más variada en los sonidos y detallecitos, y a eso hay que prestarle atención, pero al mismo tiempo te llaman la atención. Es como a si una canción pudieras fragmentarla; hay distintos mundos. Y creo que eso tiene que ver con vivir en un lugar donde están pasando muchas cosas al mismo tiempo, y depende de vos experimentarlas.

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