VIOLINISTA MILLONARIO

André Rieu invita a bailar a ritmo de vals en Movie Punta Carretas

Nuevo documental sobre el artista que popularizó la música clásica y la llevo a un público multitudinario

André Rieu
André Rieu, un revolucionario de la música clásica: Foto: Reuters

Un personaje de la música clásica que se convirtió en masivo, por su modo diferente de encarar los clásicos. André Rieu, el prestigioso violinista, director de orquesta y compositor neerlandés, se consolidó como estrella de la música, con un prestigio equiparable a muchos artistas del rock. El músico conquistó multitud de nuevos aficionados, con su característico estilo de difundir la música clásica, que anteriormente parecía reservada a las clases acomodadas. Rieu decidió ponerla al servicio de un público joven y en aquellos lugares que los jóvenes suelen frecuentar, como plazas públicas y estadios. Fue así que instauró el popular Festival Maastricht, que se realiza en la localidad donde nació el artista y que año a año convoca multitudes.

Por estas fechas, Rieu está muy vinculado a América Latina, por donde viene realizando una extensa gira, que lo traerá del 17 al 20 de octubre a Santiago de Chile, donde se presentará en Movistar Arena. En Montevideo, el arte de André Rieu viene siendo muy difundido por medio de documentales en alta definición, que traen al público uruguayo cada nuevo paso de la carrera del artista.

Ahora, los miércoles de octubre a las 19.00 en Movie Punta Carretas, se podrá ver su concierto ¿Bailamos?, registrado en Maastricht. En él, Rieu invita a ponerse los zapatos de baile, para hacer que su orquesta se mueva al compás del majestuoso ritmo del vals. Junto a su orquesta Johann Strauss, la película reúne sopranos de talla mundial, los Platin Tenors, e invitados especiales. El documental cuenta también con escenas de backstage, así como una entrevista con el músico. Entradas en la sala, a $ 395.

Andre Rieu popularizó su ciudad y su modo de difundir la música

Rieu cumple 70 años dentro de pocos días (nació el 1° de octubre de 1949), y su fortuna está estimada en 40 millones de dólares. Esa solidez económica se refleja en su violín Stradivarius, que fue construido en 1667 por el lutier del mismo nombre. Y también en toda la gran empresa que tiene entre manos, con más de 110 empleados, que trabajan en llevar a los hechos sus locuras, desde su casa, el castillo de Maastricht, que data de 1452. Allí idean escenarios itinerantes, y dan rienda suelta a esa gran productora musical.

Pero los orígenes de este artista empezaron en un lugar social bien distinto. Un día, siendo joven, Rieu decidió dejar sus estudios de violín en el conservatorio de Bruselas, y abrir una pizzería con su novia. “La de la casa se iba a llamar Pizza Paganini y cuando ordenaras, el chef (que sería yo), aparecería frente a tu mesa y tocaría en el violín una bella pieza de Paganini. El problema era que, para eso, se hizo necesario volver a practicar violín. Regresé a mi profesor luego de meses de ausencia y cuando me oyó tocar, dijo: ‘¡André, fantástico, has mejorado mucho!’. Quién lo habría pensado, un receso puede ser muy útil”, cuenta con humor el artista, rememorando sus inicios.

Rieu tenía claro que no quería ser numerario de una orquesta (como la que dirigía su padre) y sabía que era un apasionado por los valses de Johann Strauss. Su apuesta fue por revivir el vals, un género que usualmente era mirado con desencanto por los expertos de la música académica, pero atrae los oídos de un público que disfruta con la fiesta, el vestuario y la recreación histórica. La ecuación despertó un culto masivo. “Quiero que mis conciertos sean una fiesta para todos los sentidos”, explica.

Sus sanos delirios han tenido riesgos para él. En 2008 estuvo al borde de la quiebra, cuando se lanzó a construir un escenario que fuera la réplica fiel del castillo de Schönbrunn, de Viena. El capricho le costó 63 millones de dólares y por un tiempo sus cuentas tuvieron saldo en rojo. “De niño amé las novelas gráficas de Tintin y su amigo, el Capitán de mar Archibald Haddock. En uno de esos libros, el capitán compra el castillo de Marlinspike y, desde que lo leí, pensé que sería maravilloso vivir en un castillo”, cuenta el excepcional artista.

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