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Netflix estrenó "Proyecto Power", una de acción con Jamie Foxx y Joseph Gordon-Levitt

La historia se centra en una droga que le da al consumidor cinco minutos de superpoderes y un padre que intenta luchar cont

Proyecto Power
Jamie Foxx y Dominique Fishback en "Proyecto Power"

Las películas de acción de Netflix se han vuelto el placebo para los amantes del género en tiempos en que no hay cines. En estas semanas en esa plataforma de streaming se han estrenado cosas como Misión rescate y La vieja guardia, que han sido éxitos —han estado entre las más vistas en Uruguay, por ejemplo— y recibido críticas ambiguas.

Son, principalmente, ejercicios violentos y algo infantiles, que cumplen lo que prometen y que resumen su mayor atractivo en la eficacia de las escenas de violencia y el carisma de sus actores que tienen nombres y rostros de estrellas como Chris Hemsworth y Charlize Theron.

O Jamie Foxx y Joseph Gordon Levitt que están en el centro de Proyecto Power, el estreno más importante de Netflix del mes que llegó ayer a la plataforma. Y que repite, además, algunos de los otros ingredientes de la fórmula: acción algo gratuita, despliegue de producción y un guion armado de un montón de retazos que tiene espíritu de historieta.

Foxx es un veterano militar que sale a combatir narcotraficantes en una Nueva Orleans de un futuro que está acá a la vuelta. La ciudad está dominada por una nueva droga, el power del título, cuyo principal efecto es darle al consumidor un superpoder por cinco minutos; el efecto colateral es una sobredosis y una muerte horrible, pero eso nunca ha amedrentado a los que buscan las experiencias fuertes. Y con un boca a boca que obvia ese detalle, la droga se convierte en una sensación: la película se abre con radios policiales evidenciando su avance letal por la ciudad.

Es una píldora atemorizante que permite -entre otros efectos a descubrir- que los humanos se conviertan en bolas de fuego, tengan una piel a prueba de balas, se vuelvan invisibles o elásticos o se hagan de una fuerza sobrehumana: cada consumidor tiene su propio efecto.

Allí, entra Gordon Levitt como un policía que quiere terminar con el tráfico de power aunque, para conseguir su objetivo recurre, justamente, a la droga que combate. Y está Dominique Fishback como Robin, una dealer de buen corazón y rimas raperas. Fishback es de lo mejor de la película.

Los tres son, de alguna manera, personajes imperfectos: un policía adicto, un soldado con stress postraumático, una estudiante que vende droga. Y lidian con sus propios demonios pero, en definitiva, tienen un potencial que no necesita (bueno, un poco sí) nada químico para lidiar con ellos.

La historia -que tiene algunos giros que mejor no revelar para no caer en la categoría del spoiler- combina algo de crónica policial urbana con película de superpoderes, una combinación que para muchos puede ser implacable.

Acá hay algo de The Matrix, Lucy -la de Luc Besson con Scarlett Johansson- y de Limitless, una en la que Bradley Cooper se toma unas pastillas que lo convierten en imparable. A eso se suman referencias a la ochentera Llamas de venganza o incluso de X-Men, aunque acá son mutantes por un ratito. El efecto de la droga utiliza una sucesión de planos similar a la de Requiem por un sueño.

Sí, es un coctel suculento de cosas ya vistas.

Lo dirigen Henry Hoost y Ariel Schulman, el dúo que debutó con la interesante Catfish y pasaron a dirigir cosas como la novedosa Nerve: un juego sin reglas y un par de capítulos de la saga Actividad paranormal, lo que no da para enorgullecerse. El guion es de Mattson Tomlin, quien escribió la próxima Batman con Robert Pattinson, lo que, por lo visto, le da credecniales cuando hay que lidiar con superpoderes.

“Me di cuenta de que las películas de superhéroes son las más populares en este momento, lo cual es genial porque las amo”, dijo Tomlin en una entrevista. “Pero sabía que no me iban a invitar a escribir una película de Marvel o DC en el corto plazo, por lo que no podía estar esperar eso. Así que me propuse escribir algo que fuera de superhéroes y superpoderes. Y, en última instancia, lo que más me emocionó fue tomar esos temas y esas imágenes y mezclarlas en un género completamente diferente. Entonces, para mí, una vez que tuve esta idea de ‘¿cómo se vería 8 Mile, calle de ilusiones si hubiera superpoderes?’. O ‘¿cómo se vería Colateral si hubiera superpoderes?’, Fue entonces cuando realmente comencé a encontrar el pulso. Y luego, a partir de ahí, fui descubriendo a los personajes”.

Además del padre desesperado de Foxx, el policía con problemas de consumo de Gordon-Levitt y la dealer buena de Fishback, en el elenco también están el brasileño Rodrigo Santoro, que está irreconocible como el villano, Amy Landecker como el oscuro poder gubernamental y Courtney B. Vance como un oficial de policía. Nueva Orleans tiene también un protagonismo muy fuerte.

Proyecto Power intenta, además, ser una suerte de denuncia sobre los poderes del Estado que son capaces de hacer cosas sórdidas como una droga así. Pero, en realidad, eso apenas se roza (incluyendo un comentario sobre el huracán Katrina y las desigualdades sociales de Nueva Orleans) porque a Hoost y Schullman lo que quieren es otra cosa: montar una película de acción que no le escape a los lugares comunes o, mejor, que los abrace como su mayor recurso.

Foxx es, entre otras cosas, una estrella ideal para esta clase de cosas y su presencia siempre es cautivante y aporta el rostro adecuado para esta historia que parece futurista pero, aunque bajito, está hablando de cosas que parecen pasar ahora.

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