Cumple 30 años "El silencio de los inocentes", una película que sigue dando sustos

La película con Jodie Foster y Anthony Hopkins se estrenó en Estados Unidos el 14 de febrero de 1991 y batió records de Oscar y se convirtió en un éxito mundial

El silencio de los inocentes
El silencio de los inocentes

Para haber sido una película de la que nadie quería hacerse cargo, a El silencio de los inocentes no le fue nada mal. Para empezar hablando de plata, recaudó mundialmente 292 millones de dólares, lo que es un montón más de los 20 millones de inversión. Es además, una de las tres películas (las otras son Lo que sucedió aquella noche en 1934 y Atrapado sin salida en 1975) en llevarse los cinco Oscar principales: en febrero de 1992 ganó como mejor película, director, guion y actor y actriz principales. Y fue la primera película de terror en llevarse el premio mayor de la Academia. Y ese mérito no se lo saca nadie.

Instaló, además, uno de los grandes villanos del cine, Hannibal Lecter, el canibal más seductor del mundo (y la figura más terrorífica del cine desde, por lo menos, Norman Bates en Psicosis) y una de sus heroínas más frágiles, la novata agente Clarice Starling. Que sean, respectivamente, Anthony Hopkins y Jodie Foster, es un motivo fundamental para la permanencia de su película.

Algunos podríamos adjudicarle mucho del mérito, también, a la dirección de Jonathan Demme, uno de los grandes cineastas americanos y que un par de años después volvería a conquistar el mundo con Filadelfia. Mucho del susto que aún provoca El silencio de los inocentes se debe al uso inteligente de los primeros planos que consiguen involucrarnos como espectadores.

Aunque a las carteleras uruguayas llegaría recién ocho meses después (el 2 de octubre en el Cine Plaza), su estreno mundial (o sea en Estados Unidos) fue el fin de semana de los enamorados, el 14 de febrero de 1991. Hoy se cumplen 30 años de El silencio de los inocentes y es una buena excusa para hablar de ella.

Basada en una novela de Thomas Harris por la que, dicen, se pagaron 10 millones de dólares para adaptarla al cine, se centra en un personaje, Lecter, que había sido presentado en dos novelas anteriores de Harris, Black Sunday y Red Dragon, adaptada al cine en 1986 como Manhunter (en Uruguay se conoció tardíamente como Cazador de hombres), dirigida por Michael Mann. A pesar de no estar tan mal, fue un fracaso de taquilla, que es lo que importa.

Con ese antecedente (y que el productor Dino de Laurentis era el dueño de la marca) nadie quería agarrar viaje con la secuela a pesar de que rápidamente también se convirtió en un best seller. Varios estudios rechazaron la idea hasta que se cruzó con el libro Gene Hackman, uno de los grandes actores de su generación, que andaba a la caza de un personaje interesante.

Fue así que compró, junto a los estudios Orion, los derechos de la novela y se adjudicó el papel de Lecter o el de Jack Crawford, el jefe de Starling, y, quizás, la dirección de la película. Contrató a Ted Tally para que escribiera la adaptación y se pusieron a trabajar en el proyecto. Todo avanzaba hasta que la hija de Hackman leyó la novela y le prohibió al padre hacer un papel tan horroroso. Él venía de hacer Mississippi en llamas y le pareció que, sí, ya era suficiente violencia.

“Dios bendiga a la hija de Gene Hackman”, le dijo Demme, quien falleció en 2017, a la revista Deadline en 2016. El director ya había trabajado con Orion (una de las grandes productoras de los 80 que financió, por ejemplo, las películas de Woody Allen) y cuando le mandaron la novela y le ofrecieron el trabajo, solo pudo decir que contaran con él.

Al estudio le pareció que el papel de la agente Starling era ideal para Jodie Foster, quien había querido comprar los derechos para asegurarse el rol. Demme prefería a Michelle Pfeiffer, con quien había trabajado en Casada con la mafia.

Tally había escrito el guion pensando en Foster, quien venía de ganar un Oscar por Acusados, y creía que Pfeiffer era demasiado linda para un personaje así de atribulado. Y aunque se llegó a considerar a Dustin Hoffman y Morgan Freeman (y Demme quería a Sean Connery, pero el escocés dijo que el guion era repulsivo), el guionista también había pensado en Hopkins para hacer de Lecter. Era una idea increíble.

El actor galés, que cuando recibió el guion pensó que se trataba de una películas para niños (el título original es El silencio de los corderos), aceptó el papel y se puso, como es su costumbre, a estudiar la mente de varios asesinos seriales. Creó el personaje, dijo, como una suerte de versión humana HAL 9000, la computadora de 2001: Odisea del espacio.

En términos generales (y por las dudas que alguien no la haya visto), la película se centra en el vínculo de Lecter y Starling, recién egresada de la academia. La idea es que el asesino, encerrado en una cueva en los sótanos de un manicomio, ayude a las autoridades a descubrir el paradero de Buffalo Bill, otro asesino que le saca la piel a mujeres que, todo indica, escoge al azar. El FBI empieza a involucrarse más cuando, todo indica, secuestra a la hija de una congresista.

El personaje de Lecter está en el centro, claro, principalmente porque tiene un poder de seducción que incluso puede hacer olvidar que es un asesino que tiene a sus víctimas en el menú para la cena. Funciona, en algunos de los tantos planos de lectura, como un recordatorio de la fascinación de la sociedad moderna con esa clase de sujetos.

En su momento, grupos de activistas criticaron la descripción de la homosexualidad desde el estereotipo de la frustración y la violencia.

Y es, también, una película sobre transformaciones, transexualidad e incluso un interesante estudio sobre el poder del cine y las imágenes. Un falso montaje (cuando Starling descubre la casa de Buffalo Bill) sirve para pensar en lo que vemos y cómo el cine nos manipula. En su momento, grupos de activistas criticaron la descripción de la homosexualidad desde el estereotipo de la frustración y la violencia.

Más allá de eso y de los Oscar y de ser una de las grandes películas de la historia del cine americano, El silencio de los inocentes se ha mantenido como un fenómeno cultural y una franquicia rentable (y eso incluye Clarice, una serie centrada en el personaje de Foster). Nunca, sin embargo, sería artísticamente tan satisfactoria.

La película es un hito y verla hoy (parece no estar en ningún servicio de streaming) es toda una experiencia. El mundo ha cambiado pero sus sustos y de las cosas que hablan van a estar siempre en la vuelta.

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