STEPHEN KING

Para visitar un universo narrativo y literario

Una extensa y afectuosa enciclopedia sobre un escritor prolífico e inspirado.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Una carrera dedicada a explorar los miedos y las obsesiones. Foto: EFE

La introducción es tan honesta y explícita como la que solo un fanático podría haber hecho. Luego de explicar que tuvo que dejar de leer a King durante dos años para completar esta afectuosa enciclopedia, afirma que más allá de lo meramente práctico, también tuvo como meta presentar una obra "objetiva": "Tengo claro que he fallado estrepitosamente. Este libro es obra de un fan, para los fans. Los viejos, los nuevos y los que llegarán".

En más de 500 páginas, Ariel Bosi nos lleva por un recorrido exhaustivo del casi inabarcable universo creado por el escritor de Portland, Maine.

A diferencia de los dos grandes bestsellers que de alguna manera (y salvando todas las distancias posibles) son las versiones actuales de King —JK Rowling y George RR Martin— ese universo se despliega un territorio mucho mayor.

Allí donde Rowling casi que recién empieza a expandirse con historias alternativas de la marca Harry Potter, y a escribir bajo el seudónimo Robert Galbraith, King hace años que ya probó la fuerza de su seudónimo Richard Bachman con libros como El fugitivo, Maleficio y Rabia. Y King tiene su propia tienda de "relatos fantásticos y mágicos" en la serie La torre oscura. Además de muchas otras cosas, claro.

El libro está dividido en capítulos que dan cuenta de un enfoque básico y directo: "Vida y obra del Rey", "Stephen King en la pantalla", "El desván", "Multimedia", y así. Lo más interesante, claro, está en la miríada de datos que Bosi recopiló y editó para abrir el mundo de King.

A veces, parece el diario personal de Bosi. Es como si el argentino hubiese ido anotando lo más importante e informativo de la obra de King, y ahora lo ordenó.

De esa manera, Bosi presenta prácticamente todo lo que ha escrito o producido King con un esquema: primero ofrece una breve sinopsis de la obra en cuestión. Luego, un pantallazo a la situación biográfica del escritor (edad, dónde vivía cuando se publicó tal o cual cosa), datos sobre cuándo se publicó la obra en Estados Unidos y cuándo y con qué titulo se publicó en castellano. Antes de cerrar el apartado dedicado al libro o cuento, hay una sección de "Curiosidades" y todo cierra con algo que siempre fascinó a los lectores de King: las conexiones con otras obras.

Ahí es que se abren varias de las puertas hacia los caminos que unen los mundos de King. Esas conexiones, además de alentar una sensación de comunidad entre los seguidores, también crean una impresión de vastedad.

Eso emparenta a King a muchos escritores de ciencia ficción y su buscada "sensación de asombro" ("Sense of Awe") en historias sobre encuentros con alienígenas, como en Cita con Rama, de Arthur C Clarke, por ejemplo.

Bosi nació en 1980, cuando comienza la época fundamental de King como creador. Aunque ya había dado el batacazo con Carrie en 1973, es en los ochenta que King empieza a funcionar como una usina de historias. Impulsado tanto por una imaginación desbocada como por el consumo de alcohol y drogas, King rediseña el género del terror literario y lo convierte en algo que parece devorarse cada vez mayores audiencias, en muchos países.

Si a eso se le agrega que prácticamente todos los libros de King de esa época llegan en algún momento al cine, se configura así una de las más conocidas e importantes —por alcance, sin dudas— voces de la década de 1980.

Las adaptaciones a la pantalla grande han arrojado resultados desparejos. Algunas novelas, como La zona muerta, El resplandor, Cementerio de animales o el cuento "Cuenta conmigo" están entre lo mejor que el cine hizo con las historias de King. Mientras que películas como Cujo o La rebelión de las máquinas (donde King satisface su capricho de poder dirigir una película), quedan como ejemplos de que no todas las adaptaciones, por mejor que sea el material de origen, tiene el resultado positivo asegurado.

Una buena parte del libro está dedicado al mundo de La torre oscura. Ahí confluyen muchas de las más importantes fuentes de inspiración de King, y él no exagera cuando dice que es su magnum opus. Son páginas, páginas y más páginas, cuyas historias parecen bifurcarse en múltiples direcciones y hacia el infinito. "He escrito las suficientes novelas y narraciones cortas como para llenar todo un sistema solar", cita Bosi a King en el libro, "pero la historia de Roland es mi Júpiter, un planeta que empequeñece a todos los demás (...) Estoy empezando a comprender que el mundo (o los mundos) de Roland encierra en sí todos los demás que yo he creado..."

Si le tomamos la palabra —y no habría razón alguna para no creerle— el logro de King aparece como titánico. Hay que recordar que King es un escritor que se caracteriza por lo voluminoso, la gran escala, lo espectacular y casi majestuoso en sus dimensiones. Sus títulos más conocidos tienen a menudo el grosor de un ladrillo, de tantas páginas que tienen.

Esa sensación se refuerza por el material fotográfico del libro de Bosi. Además de incluir una fallida foto del rabioso fan (justo cuando Bosi consigue llegar hasta el escritor y darle la mano —vestido con la camiseta de la selección argentina de fútbol— una señora se interpone ante la cámara y él queda estrechando una mano y parte de un brazo), hay una serie de fotos de todas las tapas de los libros de King hasta Último turno, editada en castellano el año pasado. Con una costumbre de trabajo solo interrumpida por fuerzas realmente mayores como un accidente de tránsito, King ya cuenta con un legado a la altura de su creatividad y tenacidad.

Pero hay que verlo para creerlo. Es una de las más contundentes ilustraciones de lo prolífico que ha sido King a lo largo de sus años.

Un autor que también es fanático del rock.

Los seguidores ya lo saben: la pasión de King por el rock es casi tan intensa como por la literatura. Muchas de sus novelas contienen citas de canciones de distintas bandas, sobre todo las que cultivan la variante más dura y agresiva del rock, como AC/DC. Justamente esa banda le regaló una guitarra Gibson SG, el mismo modelo que usa Angus Young, la figura central de AC/DC. Esa guitarra fue la que usó King para el primer show de su banda, The Rock Bottom Remainders, una agrupación que, al decir del protagonista, "toca tan bien como Metallica escribe novelas". A King nunca le faltó sentido del humor.

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