GAME OF THRONES

Lo que al fin trajo el invierno

Con un revelador capítulo, terminó ayer la penúltima temporada de la popular serie.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Foto: Difusión

Otra vez la misma historia pero esta vez, peor: anoche terminó la séptima y penúltima temporada de Game of Thrones, y ahora toca enfrentar un período de espera que puede ser más largo que de costumbre porque según han dicho desde HBO, no se descarta que la última temporada venga en 2019 o, por lo menos, a fines de 2018. Eso, sumado a que la finalizada anoche fue más corta (sólo siete episodios), reveladora y despareja que de costumbre, y el saber que la que vendrá le pondrá punto final a esta historia, ponen todo aún más cuesta arriba.

Anoche, muchos de los asuntos conversados desde el inicio de la ficción estrella de la cadena estadounidense, finalmente se pusieron sobre la mesa. Y vienen los spoilers.

En Pozo Dragón, volvimos a esos recursos con los que tanto nos habíamos encariñado y que tan poco se habían visto últimamente. Hubo caminatas por las calles del lugar, chistes absurdos y conversaciones ingeniosas, y reencuentros en grandes cantidades: Brienne con El Perro, Theon con su tío Euron, Podrick con Tyrion y sobre todo, Tyrion con su hermana Cersei.

El grupo fue, con Jon Snow y Daenerys Targaryen, a hacer una tregua con los Lannister para enfrentar todos juntos a los Caminantes Blancos que, ya se sabe, están cada vez más cerca. Y aunque Cersei quiso jugar con sus propias reglas, terminó quebrándose para protagonizar dos de los grandes momentos de ayer.

El primero fue en esa charla mano a mano con su hermano Tyrion, responsable de la destrucción de su familia: la carga dramática de la conversación y la gestualidad mínima pero poderosa, hicieron de esa una gran escena. Y el segundo fue cuando procuró que su hermano y amante Jaime se quedara con ella e incumpliera la promesa de aportar a la causa contra los White Walkers, pero este le hizo caso a ese costado noble que desde el comienzo de Game of Thrones, viene debatiéndose con el lado más siniestro de sí mismo.

Cersei, ayer, fue ella en todo su esplendor: cruel y fría pero a la vez conflictuada, con dramas que siempre tienen que ver con su familia, para bien o para mal.

Además, este final de temporada aunque con puntos flojos (la reivindicación de Theon, por ejemplo, que se llevó demasiados minutos), tuvo la esperada muerte de Baelish a manos de Arya y gracias a la estrategia de Sansa, que hasta último minuto nos hizo creer que seguía pecando de ingenua, por no decir de tonta. "Aprendo lento pero aprendo", admitió ayer.

Y para el cierre quedaron los asuntos más importantes: en Winterfell, Samwell Tarly se encontró con Bran para aclarar cualquier duda sobre Jon Snow, legítimo heredero al trono de Hierro, legítimo hijo de Rhaegar Targaryen y Lyanna Stark, y en realidad de nombre Aegon Targaryen. Y mientras este puzzle se terminaba de resolver, Jon consumaba su amor con Daenerys; y los White Walkers con Viserion derribaban el Muro y completaban, ahora sí, la llegada del invierno.

El impacto.

Con un promedio de 10 millones de espectadores por capítulo y manteniendo la marca de serie más pirateada, esta temporada de Game of Thrones fue de las más vistas pero también de las más desparejas. Aunque hubo cantidad de momentos reveladores para la trama, grandes batallas como la que enfrentó al ejército de los Lannister contra el de los Targaryen en el cuarto episodio, y escenas memorables como la muerte del dragón Viserion y posterior "resurrección" a manos de los Caminantes Blancos; y aunque también hubo una fotografía tan fantástica como los efectos visuales, quedaron una cantidad de cabos sueltos, de resoluciones predecibles y de sinsabores.

Y es lógico, porque la serie lleva ya siete años, porque está basada en una saga literaria (la de George R. R. Martin) de la que se tuvo que despegar, y porque mantener la vara tan alta en cuanto a sorpresa, buen guión e imagen es muy difícil. Pero David Benioff y D. B. Weiss, los showrunners atrás de esta ficción, nos malacostumbraron o mejor dicho: nos acostumbraron a tener un paladar exigente.

De ahí que HBO quiera darles más tiempo que de costumbre para rematar esta historia, aunque a decir verdad también lo tuvieron para la séptima y en el afán de comprimir un montón de información, flaquearon y mucho.

El resultado global hizo de esta séptima temporada una de las más flojas de todo Game of Thrones, pero con todo lo que ha sucedido y sabiendo que quedan apenas seis capítulos de serie para que todo termine, hay detalles que se dejan de lado. En internet ya circula escena por escena un supuesto guión filtrado del octavo y definitivo ciclo, y si no se pueden aguantar ahí tienen algunas nociones de lo que puede venir (nada mal). Sino, toca esperar, añorar y por qué no, ver estos 67 capítulos una vez más.

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