Televisión

La sonrisa salteña que conquistó un nuevo "MasterChef" uruguayo

Alicia Patella es la nueva maestra de la cocina, y así se vivió la final desde los estudios

Alicia Patella, ganadora de "MasterChef 3". Foto: Gerardo Pérez
Alicia Patella, ganadora de "MasterChef 3". Foto: Gerardo Pérez

Un estallido de papelitos plateados cayó en la cocina de MasterChef apenas Sergio Puglia mostró la tarjeta con el nombre de la ganadora de la tercera temporada. Y Alicia Patella, con su sonrisa amplia, no supo cómo reaccionar. Esta vez no hubo un grito estridente: bastó con mostrar un papel para anunciar a la nueva maestra de la cocina, que se impuso en una final reñida a Gisela Meissner. Detalles de la última prueba hicieron que Puglia, Lucía Soria y Laurent Lainé coronaran a la salteña, que le dio su segunda consagración al interior en este show, después de la de Nilson Viazzo.

En sus tres temporadas, MasterChef ha logrado su objetivo principal que, en principio, se veía un tanto difícil: mantener el interés del público y el nivel de audiencia, que en la temporada inicial fue una sorpresa rotunda para la televisión uruguaya. Este tercer ciclo estuvo cerca de los 14 puntos de rating en promedio, y alcanzó picos de 26.5; y mantuvo el debate abierto en las redes, ese medio que los seguidores han convertido en un universo paralelo del programa, sea para tuitear sobre el minuto a minuto o para lamentar eliminaciones.

En Estudios 9, donde están las famosas cocinas de MasterChef, el interés y el entusiasmo se viven potenciados, mezclados con el nerviosismo y la ansiedad propios de estar viviendo una final en el lugar donde se disputa. Las autoridades y las figuras del canal, los familiares de los concursantes y los exconcursantes son parte de un bullicio que alguno se anima a callar cuando termina la tanda publicitaria y vuelve el programa al aire. En lo que dura el bloque, el silencio se impone aunque con cierto esfuerzo, y la atención se concentra en las pantallas grandes, donde avanzan las semifinales.

En esa instancia, en la que el azar fue un factor clave (un sorteo determinó que se enfrentaran Alicia con Robert y Paula con Gisela, y otro decidió con qué ingrediente iba a trabajar cada uno), Alicia golpeó primero gracias a una lograda sopa de tomates, que fue celebrada por el equilibrio de sabores, y a un correcto cheescake. Robert, que llegó a buen puerto trabajando en base al zucchini, aunque cometió algunos errores, se fue entre lágrimas, y agradeció al programa por la oportunidad de mejorar su vínculo con Montevideo, una ciudad con la que su familia, del interior, siempre tuvo problemas.

Después, con la cuota de emotividad más controlada, le tocó despedirse a Paula, que no pudo dominar sus nervios y fue superada en la semifinal por Gisela, que aunque tuvo desaciertos, logró dos preparaciones (una sopa crema de zanahoria y una torta de chocolate con almendras, ciruelas, zanahorias y mascarpone) que estuvieron en un buen nivel. Con eso, una de las candidatas más fuertes de la temporada pasó a la final para enfrentar a Alicia, quien entre risas admitió que “nadie daba dos pesos” por ella.

Para cuando las dos se dispusieron a preparar sus menús completos, a libre elección, pero con el requisito de reflejar su personalidad y todo lo aprendido en un trabajo pensado de forma integral, en Estudios 9 el ambiente ya se había relajado, y al frío que se hizo sentir se lo combatió con camperas, café y charlas cada vez más animadas. Los aplausos tímidos encontraban, en la pantalla, una respuesta mucho más efusiva: la de los participantes de la tercera temporada y los familiares de las finalistas, que desde el balcón, alentaron cual hinchada de fútbol a dos mujeres que por última vez, cocinaron en la sala de Marcelino Sosa persiguiendo un sueño.

Para cuando las dos terminaron de hacer sus presentaciones (Alicia fue con un flan de espárragos, un rack de cordero con risotto de hongos y un bavarois de naranja; y Gisela con unas endivias caramelizadas, una lasaña por la que fue felicitada y un postre de boniato), el ambiente en Estudio 9 ya había cambiado por completo. Ya nadie necesitaba pedir silencio porque todos estaban callados y expectantes, y mientras los nervios y las apuestas por una definición muy pareja se desperdigaban por la sala, a metros, los participantes de esta temporada entraban a las cocinas para la lectura del voto en vivo, que garantiza que no haya filtraciones y le da un toque extra de emoción a la final.

Al final, la lasaña de Gisela que fue, como dijo Puglia, una demostración de una comida “hogareña, intensa y abundante”, no pudo con la elegancia de los platos de Alicia, que más que nunca justificó la sonrisa amplia que lució durante todo el concurso. Y con el piso bañado de papelitos plateados, en las cocinas de Estudios 9 todo fue una fiesta donde la celebrada, esta vez, fue una mujer del interior, de 51 años, que demostró como su compañera de definición, que siempre hay tiempo para ir por lo que uno quiere, incluso en televisión.

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