Entrevista

Sergio Puglia: "No me perdonan haberme pronunciado políticamente"

El comunicador y chef habla de fama, política, libertad y por qué ha estado en el centro de tantos debates en los últimos tiempos

Sergio Puglia
Sergio Puglia. Foto: Leo Mainé


El otro día, cuenta Sergio Puglia, alguien le hizo notar que pronto acaparará la pantalla de Canal 10: viernes y domingos con Polémica en el bar, sábados con Puglia invita, su buque insignia que el 5 de septiembre cumple 30 años, y, pronto, martes y jueves como jurado de Masterchef, programa que, asegura, multiplicó su fama. Trabajador incansable, Puglia, que tiene 70 años y no los representa, también sigue en las tardes de Sarandí con Al pan, al pan. Tanta exposición, quizás lo ha hecho protagonista en cuanto debate nacional se haya generado en los últimos tiempos. Sus intervenciones en Polémica en el bar, donde empezó como invitado y ahora es su atracción principal, genera respuestas indignadas e insultantes en las redes sociales (que él prefiere llamar “cloacales”) y voces de apoyo.

Sobre esas cosas, Puglia charló con El País.

—Últimamente ha surgido la palabra “grieta”, que es un concepto novedoso para Uruguay...

—A mi no me gusta porque es una palabra importada. Así que no voy a hablar de grieta. Pero sí reconozco que se ha perdido aquella bonhomía y la actitud proactiva de la democracia uruguaya y los uruguayos. Antes, las relaciones pasaban por todos los ámbitos y a nadie se le obligaba a pensar igual que uno. Hoy hay un sector de la sociedad -que me da mucha pena- que se piensa dueño de la verdad y se ha transformado en un sector intolerante, del tipo “o pensás como yo o sos mi enemigo”.

—¿Quiénes integran ese sector?

—Hay de ambas partes. Soy quien más ha vivido eso: digo o hago algo y tengo un grupo que me ataca y otro que me defiende. Los que me atacan son gente de la izquierda, se meten con mi vida privada, me insultan. Y eso es raro porque solo me denostan las bases pero a mi casa viene Daniel Martínez, Carolina Cosse, el Pacha Sánchez.

—¿No son las reglas del juego?

—Sí, pero me costó entenderlo. Me dolían mucho las críticas y más cuando empezaron a ponerse feas y a mezclar agresiones baratas, cosas sexuales y políticas. Después me di cuenta que no podía sentirme mal porque había mucha gente que me respaldaba.

—¿Y por qué tanto contra usted?

—No me perdonan haberme pronunciado políticamente. Pero yo soy fiel a mi mismo: nací en una familia de origen blanco militante y fui blanco toda mi vida. Pero siempre fui un demócrata y puse mis programas al servicio del fortalecimiento de las relaciones humanas y del sistema democrático. Nunca pesó mi manera de pensar para recibir gente de distintas ideologías: mis programas son el vehículo para que los protagonistas le comuniquen a la gente su manera de pensar. Es la gente la que decide, no yo. Y tengo el mismo derecho que aquellos que me critican de decir lo que pienso.

—¿Pero no se va mucha energía en estar en el centro del debate?

—Me agotan las bromas, las tomadas de pelo, la discriminación, sentirme perseguido. Todo eso me agota.

—¿Se siente perseguido?

—Sí. Hablo de gastronomía y me persiguen porque soy “un rico millonario y no me doy cuenta de que lo hago es ostentación” y “no tengo idea cómo viven los demás”. Si aparezco en una foto con una amiga sentada en un restorán de Punta del Este, empiezan con “qué barbaridad, no guardás las distancias, tenés doble discurso, sos una porquería”. O te discriminan como hizo el otro día el programa Buscadores.

-Por eso. ¿Parece estar en el centro de todos los debates?

—No sabía que Puglia se había convertido en una bisagra como para que lo que siente, lo que piensa o cómo vive sea usado para denostar.

—Tuvo un enfrentamiento con los militantes LGBT+....

—Me casé porque consideraba que la ley en un sistema democrático, me daba el ámbito para que yo consolidara una relación afectiva que, sin ese marco, la persona que convive conmigo quedaba desprotegida. Pero eso no quiere decir que le tenga que rendir pleitesía al Frente Amplio porque votó esa ley. Ese peaje permanente me agota.

—¿Pero cómo siente ese cuestionamiento?

—El Puglia invita fue el primer programa donde se habló abiertamente de la problemática gay. El primer programa en el que estuvo una mujer golpeada, un travesti y donde se trató el mundo de los trans. Firmé en cámara la ley trans, estuve en las manifestaciones cuando éramos cuatro y cuando somos una multitud. Pero se enojan cuando digo que los colectivos, en el afán de insertarse en la sociedad, no dudaron en afiliarse (o en dejarse usar) políticamente. Y cuando me atacan porque voté a los blancos, me están dando la razón. Reconozco el trabajo que han hecho los colectivos y la voluntad política del Frente Amplio que, también, fue muy hábil en captar eso. No estoy atacando a nadie. Mis padres me educaron con un sentido de la libertad y del respeto. Y yo he aprendido a vivir en libertad independientemente de la circunstancia en la que estoy. Soy intrínsecamente un tipo libre. Por eso hago lo que hago y digo lo que digo y me banco lo que me banco. Y sé que ejerciendo esa libertad puedo molestar a alguna gente.

—Igual eso tiene una lectura de que está en un momento de gran popularidad. Y la gran popularidad ahora viene con esos efectos colaterales.

—Yo era un hombre conocido y prestigioso en el mundo de la cultura y la gastronomía pero a partir de Masterchef cambió la historia. Un director de Canal 10, me decía que yo tenía que trabajar de Avenida Italia para el norte porque el sur ya lo tenía ganado. Y yo le dije que estaba equivocado porque yo caminaba por todos lados y veía que tenía una popularidad que no la tenían todos. Pero, era cierto, estaba colocado como en una cosa como de clase media, media alta. Pero a partir de Masterchef se conoció otra faceta de Puglia: la de docente y el tipo mucho más sensible porque al ver a esos aspirantes a cocineros que me hacían acordar a mi, me di el lujo de emocionarme. Y el último impulso a mi popularidad lo dio Polémica en el bar y la decisión de no callarme más políticamente y de plantear cosas a través de la polémica.

—Ahí se lo ve muy enérgico en sus ideas.

—Hay que entender qué significa polemizar. Y eso incluye defender una posición que puede llevar a una actitud más agresiva porque, justamente, se está polemizando. No todo es cool: es una polémica y en un bar, no un debate político. En el bar se golpean las mesas, uno se acalora. Esa hipersensibilidad de que uno grita, no sé de dónde salió.

—Y ahora tuvo un boicot de un grupo de músicos.

—Están ofendidos por algo que dije en noviembre. Y lo que dije fue que si se quería transparentar, había que decir que un sector de artistas vivieron de los dineros públicos durante 15 años. No nombré a nadie. Pero como estoy en el foco, y estoy como aquella película Disparen sobre el pianista que ahora es “Disparen sobre Puglia”, hay un sector de músicos que no quieren ir a mis programas porque no quieren que yo los agreda. ¿Cuando agredí o interpelé a un invitado? Resisto archivo. ¿Cuándo, en 40 años, un invitado se levantó de mi mesa y se fue? Todo lo contrario, he favorecido a los artistas nacionales aunque siempre supe que no eran de mi palo. Y he tenido amigas queridísimas como Dahd Sfeir que se tuvo que ir perseguida. Eso lleva a pensar que hay un sector que no me conoce y se queda con el presente.

—¿Y qué deberían saber?

—Por ejemplo que estuve en la asonada de 18 de julio y que arriesgué mi vida para defender el sistema. No saben que en Buenos Aires, unos tiras me tuvieron con una metralleta en la cabeza porque parte de mi familia había militado en el 26 de marzo. No saben quién es Sergio Puglia.

—Se puso mal, se indigna...

—Me duele y me emociona porque empiezo a recorrer mi vida y me doy cuenta que siempre tuve una ética, que respeté a todo el mundo por igual, que he tenido amigos de toda ideología política. En los medios fui totalmente abierto y ahora veo que hay trolls pagos y organizaciones que son de izquierda que se dedican denostar a Puglia por lo que votó.

—Una curiosidad final y que nada que ver. ¿Tiene medido el grado de efectividad de sus “los conmino”?

—Bueno, si hubiera cobrado un porcentaje por las entradas que hizo vender en las boleterías, te aseguro que tendría mucho más plata.

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