Adelanto

Perry Mason, el abogado que nunca pierde un caso vuelve, distinto, en una serie de HBO

El domingo 21 a las 22.00 comienza esta serie de ocho capítulos con el tradicional personaje de la televisión estadounidense interpretado por Mathew Rhys

Perry Mason
Matthew Rhys como Perry Mason

Cuando Matthew Rhys se enteró que se planeaba una nueva versión de Perry Mason, se preguntó lo que nos preguntamos todos: “Oh Dios, ¿por qué?”

Rhys, de 45 años, quien interpretó a un espía durmiente soviético en The Americans y un periodista descreído en Un hermoso día en el vecindario, no había leído las novelas de Erle Stanley Gardner sobre Perry Mason, el abogado defensor que nunca conoció un caso que no pudiera ganar. Pero cuando era niño, había visto, en lo de sus abuelos, repeticiones de la serie original de las décadas de 1950 y 1960, protagonizada por un estoico Raymond Burr. Rhys absorbió rápidamente la fórmula: hay un crimen; arrestan a un sospechoso; Perry toma el caso y bajo su interrogatorio, el verdadero perpetrador se quiebra, en general en el estrado.

Hace dos años, el agente de Rhys mencionó la nueva serie. “Pensé,“ ¿Perry Mason? “No. No”, dijo Rhys.

Perry volvió a ganar: el domingo 21 a las 22.00, HBO emitirá el primero de los ocho episodios de Perry Mason, con Rhys, en su primer protagónico pero continuando su exploración de hombres magullados. Una incómoda desviación de los libros y la serie original, esta versión sombría y ocasionalmente cómica, ambientada durante la Depresión en Los Ángeles, sigue un caso único y espeluznante: el asesinato y la mutilación de un bebé. Sin lavarse, empapado de ginebra, alérgico a las afeitadas al ras, el Perry de Rhys recibe un puñetazo en el estómago, una quemadura en el pecho y una patada en el trasero. Los matones le arrugan su sombrero de fieltro.

“El humor es muy oscuro”, dijo Rhys.

El Perry que inventó Gardner y desarrolló en docenas de libros desde la década de 1930 a la de 1960 con más de 300 millones de copias vendidas, era un vacío de comportamiento. Era un traje, boca y puño donde debería estar un hombre. El primer libro de Perry Mason, El caso de las garras de terciopelo, ofrece una psicología insignificante y un dato físico único: “Su cara en reposo era como la cara de un jugador de ajedrez que está estudiando el tablero. Esa cara rara vez cambia de expresión”.

Rolin Jones y Ron Fitzgerald, productores de esta nueva serie, leyeron los primeros ocho libros. “Pensamos que nunca sabremos si a este tipo le gusta la lasaña”, dijo Jones.

La productora Susan Downey, que había comenzado a desarrollar este nuevo Perry Mason como vehículo para su esposo, el actor Robert Downey Jr., les presentó el proyecto hace tres años. Jones y Fitzgerald tuvieron la idea de crear una precuela.

“Queríamos crear un personaje real”, dijo Fitzgerald.

En 2018, HBO le dio el visto bueno a Perry Mason. Los conflictos de programación hicieron que Downey Jr. no estuviera disponible (los Downey se quedaron como productores ejecutivos), y los showrunners rápidamente pensaron en Rhys. Durante una reunión en Dumbo House en Brooklyn, Nueva York, y luego frente una torre gigante de mariscos en un restaurante cercano, lo ayudaron a resolver sus dudas.

¿Cómo? Le contaron una historia, una historia sobre un hombre herido que tropieza con un caso de asesinato y encuentra el propósito de buscar justicia. Le dieron el primer guión, que muestra a Perry borracho, golpeado, maltratado sexualmente por una aviadora. Inicialmente, ni siquiera es un abogado, es un investigador privado miserable que toma fotos flagrantes cuando no está haciendo un trabajo de espionaje para un abogado defensor, interpretado por John Lithgow.

El Perry de HBO, tan a menudo en el extremo equivocado de un golpe, rara vez parece un héroe o un antihéroe. Pero es el protagonista indiscutible del programa, algo nuevo para Rhys quien generalmente es parte de un ensemble o coprotagonista. “La presión ciertamente no se perdió en mí”, dijo. “Ciertamente lo sentí”. Trató de volverse un ejemplo para la compañía, alegra y sin problemas, modelando una ética de trabajo ecuánime, cuidando la moral del elenco y el equipo.

¿Lo que la gente quiere ver a hora es un puñetazo en un burdel de Chinatown o una puñalada casual en el camino o esa clase de tonterías? De ser así, Perry Mason ofrece en última instancia las comodidades de la justicia servida y los errores corregidos, en un tiempo dulce y a menudo mórbido, lo que puede hacer que los espectadores se interesen o no. Por las dudas, Perry ni siquiera se afeita hasta el episodio seis.

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