Adiós

Murió Luis Guarnerio, el humorista que creó un personaje inolvidable: Ciclisto Pedales

Tenía 86 años y una carrera de más 70 años en carnaval, radio y televisión como contador de chistes, imitador y hasta cantante

Luis Guarnerio
Luis Guarnerio. Archivo: El País

Yo soy un humorista de los de antes”, dijo en Luis Guarnerio en una entrevista de 2013. “Soy del chiste”. Y lo bien que los contaba es algo de lo que saben varias generaciones.

Guarnerio, humorista de una destacada carrera en carnaval, radio, teatro y televisión, falleció este viernes a los 86 años. No se conoció la causa de su muerte pero su muerte es el cierre de toda una etapa del humor popular uruguayo.

“Luis fue el hombre más bonachón que haya existido en el mundo del espectáculo”, dijo un muy emocionado Cacho de la Cruz a El País. “Era inocente y pícaro: sin faltar el respeto hablaba con triple intención y siempre sin decir una mala palabra. Como amigo, medalla de oro y cumplidor al extremo. Fue lo mejor de lo mejor de lo mejor y humilde a pesar de tener un cartel enorme”.

Recordado por su personaje Ciclisto Pedales, un ciclista algo torpe en El show del mediodía, Guarnerio, que era canario, empezó en Carnaval en 1959 como maestro de ceremonias del Trío Los Borincanos con los hermanos Maritato, recordó en una entrevista con el periodista Jaime Clara. Antes había tenido una carrera como humorista en radio El Espectador, en el programa La Gaceta sideral, un éxito de la época.

Desde entonces su presencia en el Carnaval como monologuista era una tradición de la fiesta popular. Era un contador de chistes tradicional, en la escuela de Roberto Barry, con quien compartió escenarios en incontables oportunidades y a quien consideraba una de sus referencias.

Su gracia era contar sus chistes, que eran cortos y algo inocentes, sin malas palabras y desde cierto empaque serio que contradecía esa imagen de muñeco gigante, en la línea de Juan Verdaguer, a quien admiraba.

También hacía imitaciones y el sketch en el que repasaba un dial de radio y bromeaba con todos los programas es un clásico del humor nacional.

En televisión, además, de El show del mediodía donde estuvo un cuarto de siglo hasta 1990, había estado en Viejo café del Centro, en los viejos estudios de Canal 10 allá en el Cilindro donde había nombres como Emilio “Guita” Vidal, Los marinos cantores y Julia Amoretti, entre otros nombres importantes de la época.

También trabajó con Eduardo D’Angelo, a quien conoció en aquellos años pioneros de la televisión nacional, en Gente de humor en Canal 4. Con D’Angelo también actuó en teatro.

Fue, así, parte de una era oro del espectáculo uruguayo, de la televisión y la radio y del carnaval.

Y muchos lo recordarán por Ciclisto Pedales que era verdaderamente gracioso y que desarrolló en un Show del Mediodía donde había otros personajes inolvidables como el Pampa González o Julio Pedemonte. Aún en ese panorama, Ciclisto destacaba por su frescura.

Ciclisto era un deportista que terminada la etapa daba una entrevista a un periodista que originalmente fue Adolfo Mañán y en la última etapa, Fernando Lamas. Sus respuestas eran graciosas y utilizaba algunos estereotipos de los ciclistas de la época.

“Surgió de forma imprevista”, le contó en 2013 al diario Hoy Canelones sobre la creación de ese personaje. “Estábamos sentados en el café frente a Canal 12, previo a un comienzo de temporada. Estábamos buscando personajes y escuchando la transmisión de la Vuelta Ciclista, y entonces le digo a (Alejandro) Trotta: ‘Mirá que lindo para hacer un personaje así’. Él me dijo que lo probáramos y anduvo, al punto que se integró como una parte más del programa. Y de tan sencillo que era, y tan monótono, todo el mundo se acuerda del personaje”.

Su nombre y su humor representan, sin duda, toda una época pero como con todos los grandes humoristas, su gracia se mantiene

“Yo nací gracioso”, le dijo en aquella entrevista de 2013, al periodista Federico Medina. “La gente me pregunta a qué academia fui para hacer reír pero no se enseña, es difícil, uno tiene que tener algo genético”.

El, sin duda, lo tenía. Un grande.

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