ENTREVISTA

Luis Orpi y "La peluquería de Don Mateo": "Todo humor es válido y necesario"

El gran comediante habla de su carrera, lo que ha cambiado el humor y su participación en el programa de Canal 10, "La peluquería de Don Mateo"

Luis Orpi. Foto: Archivo
Luis Orpi. Foto: Archivo

Llegó a la televisión gracias a una publicidad de El País donde interpretaba a un mecánico que sabía de todo, aunque ya era una figura del teatro.

Ganador de varios premios Florencio, Luis Orpi subió por primera vez a un escenario en el teatro de la Alianza Francesa en el año 1982. En ese entonces hacía todo tipo de obras, desde clásicos como Moliere, Ionesco, Beckett, “y también hice varios Orpi porque escribí muchas cosas”, dice, como La metamorpitis que le valió el Florencio al mejor autor nacional. Esa obra, un unipersonal donde componía varios personajes distintos vinculados por la soledad le valió la consagración en el teatro en el año 1991.

Desde entonces ha hecho cine, teatro, televisión y radio. Además ha sido animador de Subterráneo Magallanes. “Si te digo la cantidad de mujeres que han ido no lo podés creer. Han sido miles y miles de mujeres pasaron por allí porque la cosa era muy divertida y tenía una cuota de sensualidad muy importante”, dice.

Una loca Noche Buena
"Una loca Noche Buena", con un desopilante Luis Orpi. Foto: Marcelo Bonjour

Cuando empezó Telecataplúm, Luis Orpi era un niño y se convirtió en un admirador profundo del programa y su humor. Por eso, cuando se sumó al elenco de Decalegrón, en 1996, “estar rodeado de tantos cómicos fue un placer, un aprendizaje. Fue algo brutal”, recuerda.

Si bien el humor perdió lugar en la pantalla de televisión uruguaya, Orpi siguió trabajando y en el último tiempo estuvo haciendo intervenciones esporádicas en Rumbo a la cancha de VTV. “Nunca me alejé de la televisión”, dice Orpi que el próximo sábado será uno de los integrantes del elenco del ciclo La peluquería de Don Mateo. “Estoy muy entusiasmado, vuelvo a la casita de los viejos” dice entre risas. Es que para Orpi el programa es un regreso por partida doble, vuelve a hacer humor en televisión, y además regresa a Canal 10.

—¿Qué implica este regreso a la televisión?

—Son muchas cosas cosas juntas, no solo vuelvo a hacer humor, también vuelvo a Canal 10, una casa muy familiar para mí. La semana pasada fui al canal para hacer unas fotos para el programa y me reencontré con mucha gente conocida. Es un lugar que me vio nacer, porque empecé a hacer televisión en Canal 10 cuando me llamaron para hacer Decalegrón. Por eso fueron muchas emociones.

Luis Orpi y Gerardo Sotelo. Foto: Darwin Borrelli
Orpi hizo comedia junto a Gerardo Sotelo. Foto: Archivo

—¿Quién te convocó para La peluquería de Don Mateo?

—Me llamó Álvaro Navia y quedé en un estado de euforia. Fue una gran alegría que me dio, porque es el canal y están Navia, Alberto Sonsol y Florencia Infante, es un equipo lindísimo y además es un programa de humor, actualizado y nacionalizado que se desarrolla en nuestro país y va a haber muchos invitados a la peluquería.

—¿Cómo te encuentra esta vuelta?

—Me encuentra en un estado “bocato di cardenale”, estoy a punto. Quería hacer algo en televisión y como me llamó el 10, la alegría es mayor.

—En 1996 te incorporaste a Decalegrón, ¿cómo fue sumarse a esa troupe?

—Me sumé porque el canal me vio hacer el aviso del mecánico del diario El País que fue un personaje que impactó, y a través de ese personaje la gente de Decalegrón se interesó para que me sume al elenco. Y Decalegrón fue un programa que me satisfizo muchísimo estar con los ídolos de la comicidad.

—¿Cómo ha cambiado el humor en estos años?

—Lo veo raro, es distinto a las cosas que hacía. Seguí haciendo teatro y eventos, pero se ha transformado en una cosa temerosa. No se puede hablar de ciertos temas y me parece que el arte es libertad y el humor tiene esa doble lectura, puede hacer pensar y reír, y eso es brillante.

—¿Lo políticamente correcto no permite hacer humor?

—Claro. Todo es una ofensa y no creo que se tengan que prohibir cosas. No me gustan las groserías. Tampoco castigar a la gente por sus gustos personales, sus tendencia, su religión o color de piel, rechazo todo eso. Creo que se puede hacer humor, con respeto, cariño y tocando todos los temas.

—¿Un programa como Decalegrón hoy no se podría hacer?

—Eso no sabría decirte porque la cosa ha cambiado y a la gente le gusta otro tipo de comedia, pero creo en ese humor fresco que hacía Decalegrón. Aparte, creo que todo tipo de humor tiene sus características propias y sus valores. Por ejemplo mirá el humor argentino, pasa de Landriscina a Corona, Les Luthiers o Alejandro Dolina a Olmedo. Es tan grande el panorama, y todo es válido, porque quien te cambia el estado anímico, y eso lo hace el humor, es un mago, un crá.

—¿Todo vale en el humor?

—Todo humor es válido y necesario. Creo mucho en el humor con respecto a la sociedad, por eso me gusta tanto La peluquería, porques es humor con la esencia el humor con los personajes, cuando te encariñas con los personajes. Espalter decía que lo más difícil era encontrar al personaje, después era alimentarlo. Y si lo decía él que hizo Pinchinati, Toto Paniagua, o un Cacho de la Cruz que a través de la cara o la improvisación hacía todo. Creo que es interesante que haya y ojalá que todos los programas tengan dos o tres programas de humor y que la gente que hace humor tenga, además de trabajo, formas de decir las cosas.

—Tenías una carrera importante en teatro cuando te sumaste a Decalegrón.

—Me sumo gracias a un personaje popular, llegador y bien nuestro, “El mecánico” que era una publicidad de El País. “El mecánico” es bien nuestro, yo soy así, y al uruguayo le hablás de cualquier cosa, y sabe. Y al final ese personaje tan popular me abrió las puerta a un canal y un programa que me cambió la vida. El teatro es precioso, interesantísimo, me apasiona, pero la televisión tiene otra forma de hacer espectáculos y es más masivo. Y fue también un elemento importante para que tenga una mejor economía. Supe tener sueldo y todo, y en el teatro dependés de la boletería, y es muy irregular.

—¿En qué se diferencia esta Peluquería a la de los ochenta?

—Recién estamos en los primeros ensayos. Aquella peluquería estaba instalada y tenías a grandes actores. Calculá que el primer peluquero fue Fidel Pintos, ni más ni menos que el maestro de Alberto Olmedo. Ahora tenés a un Navia que tiene una comicidad desopilante; y Florencia es muy buena. Se diferencia en los tiempos, los tiempos han cambiado, los temas y la dinámica también, pero el humor sigue siendo el mismo con entrada y salida de personajes, el chiste a través del texto con un gran guionista que tenemos como Fernando Schmidt. También la risa a través de la imagen que es algo en lo que creo muchísimo.

—¿Qué podés decir de tu personaje en el programa?

—Vamos a empezar con un chantún perdido que quiere venderle cosas a Sonsol; pero es muy probable que no haga un solo personaje. Estoy ensayando a este chanta que me gusta, no sé si es porque soy chanta y por eso no me cuesta mucho hacerlo, pero me gusta el personaje.

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