Masterchef

Lourdes: "Aposté a mí y estoy reorgullosa"

Fue uno de los personajes más queridos del reality de gastronomía y, después de la final, conversó con El País. "Ahora no me para nadie", avisa.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Lourdes de MasterChef. Foto: Difusión

Lourdes Galván, o "la Negra" como se llama ella misma, fue una de las participantes más queridas por los espectadores en esta primera temporada de MasterChef Uruguay. Es que con sus tatuajes, piercings, su forma de ser y la evolución que tuvo a lo largo del certamen, no hubo quién no comentara en las redes sociales sobre esta nueva figura nacida en la televisión nacional.

Luego de la final de MasterChef El País pudo charlar con Lourdes, quien saluda con un abrazo que se siente genuino y no tiene filtro.

—Casi no entrás al reality y llegaste hasta la final. Fuiste como una topadora.
—Sí, después no me paraba nadie. Y decir que fallé porque me jugó en contra el corazón, tremendo compañero es Nilson y me costaba luchar contra él.

—Cuando salieron sus nombre en el bolillero dijiste: "hubiera preferido a Leticia o Nicolás".
—Sí, y no Nilson. Es que Nilson se la merece igual que yo. No es que los demás compañeros no lo merezcan, porque somos de diferentes clases sociales y para nosotros es muy importante la formación. Eso fue lo que más pesó en mí.

—Igual, el barrio estuvo bien representado.
—Sí y por él también, porque es un tipo humilde y recontra luchador. Eso es lo que me pone más contenta y aunque no me lo lleve yo, me quedo re feliz por él.

—¿Cuándo sentiste que ibas ganando confianza?
—Cuando empecé a sacar buenos platos, a achicar las porciones como me habían dicho los jurados. Es que eran muy grotescos los míos.

—Estuvo aquel guiso que deslumbró a todos.
—El guiso estuvo buenísimo, lloré toda la competencia ese día. Y a medida que iba mejorando los platos me iba poniendo en riesgo a mí misma, queriendo mejorar y mejorar y estudiando, y me comía los libros. Aunque mucha práctica no podía tener porque necesitás la materia prima y todo es carísimo. Igual, aposté a mí y estoy reorgullosa, ¿qué más puedo pedir?

—¿Me contás la historia de tus tatuajes?
—Los tatuajes empezaron hace 10 años, más o menos, representando la parte oscura que tiene todo el mundo. Porque todos tenemos algo diferente, y lo representé en la mitad de mi cuerpo; tiene el lado oscuro de la luna, como dijera Pink Floyd. Entonces eso, representa ese lado que todos tenemos.

—¿Te vas a hacer un tatuaje en el otro brazo, como te dijo Laurent en la final?
—Qué me voy a hacer, andá, que me lo pague. Ahí me hago toda la manga, 14 palos le va a salir (se ríe). Olvidate, un tatuaje es una decisión propia y personal.

—¿Seguís pensando en el restaurante propio?
—Anhelo ese lugarcito donde pueda cocinar a la gente que esté dispuesta a sentirse cómoda y ser parte de la gastronomía que yo voy a meter. Porque no voy a hacer ni milanesas ni hamburguesas, va a ser la comida de "la Negra", lo que me pinte ese día lo voy a hacer y los voy a deslumbrar cada día como lo vengo haciendo.

—Fuiste ganando al público de a poco.
—Sí, a huevo y corazón. Y ahora que la gente me espere, que me deje crecer un cachito que en cuanto me pueda meter en alguna carroza, no me para nadie. Hasta ahora no me ha podido parar nadie. Ahora está todo en suspenso, pero en cuanto arranque la cancha, agarrate Catalina.

—Con 18 hermanos, ¿cómo hacían para cocinar, cocinabas vos?
—Por suerte estamos todos en diferentes lados, porque si no, estamos en el horno. Siempre hago cocina al fuego, que son unos 20 litros en una olla grande, sino, ¿cómo alimento a todos esos buitres? Son todos negros grandotes, imaginate. No hay chance y ahora el que quiera comer la comida de "la Negra", va a tener que pagar. Los únicos que se salvan son mis viejos y mis hijos, los demás que paguen.

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