Entrevista

Juan Miguel Carzolio: "Me pegan parejo desde los dos lados de la grieta"

El nuevo co-conductor de "Las cosas de su sitio" habla de su momento profesional y de cómo entiende el periodismo

Juan Miguel Carzolio
Juan Miguel Carzolio

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Juan Miguel Carzolio cuenta emocionado cómo se despidió de Desayunos informales, el cariño de las palabras de María Noel Marrone y los buenos deseos de todo el equipo del programa en el que estuvo cinco años y lo convirtió en una figura de televisión. No se fue muy lejos: desde el lunes pasado conduce (junto a Iliana Da Silva), Las cosas en su sitio en Radio Sarandí, en el lugar que dejó vacante la salida de Ignacio Alvarez. Carzolio, igual, es un viejo conocido del programa, al que ha estado vinculado 16 de los 17 años que lleva en la emisora.

Sobre la impronta que le va a aportar al programa, el periodismo en tiempos de redes sociales y por qué contestaba los tuits de haters, Carzolio habló con El País.

—Fue una semana de bienvenidas pero también dejaste espacios con los que estabas muy identificados.

—Aquel viernes 17 fue de mucha nostalgia. Este año se cumplían 10 años de Hora de cierre y cinco de Desayunos informales, así que esta decisión de ocuparme de Las cosas en su sitio de un día para otro me agarró con la épica de esos dos programas muy a flor de piel: fue una espina emocional fuertísima. Era, además, como pasar de la canchita donde tenés a la tribuna al lado, al gran estadio. Y la despedida de Desayunos informales fue una despedida de cinco de los mejores años de mi vida, conocí a mi esposa allí, fui padre. Y fue mi primera vez en televisión.

—¿Dudaste en aceptar el desafío?

—No. Me imaginé que podía venir y era un camino que tenía ganas de recorrer en algún momento. Llegó antes de lo que pensaba pero en un momento personal que calza muy bien en cuanto tener más tiempo para mi familia y mis hijos. Salía de mi casa a las siete de la mañana y volvía a las ocho y media de la noche. Trabajaba en cinco programas. Ahora estoy en uno pero en el que hay cosas que me sacan de mi zona de confort como es el humor, repasar guiones con humoristas y coordinar un equipo. Pero, incluso así, me genera una gran tranquilidad mental.

—Siempre pareció un periodista de perfil bajo pero con la televisión y ahora con Las cosas en su sitio, tomaste un perfil más alto. Vas a ser un blanco perfecto para las redes sociales.

—Ahora se etiqueta si sos de un lado o de otro y si quedas del otro lado, sos el enemigo. A mi me pasa que me acusan de operar para unos y para otros. Eso es por esta lógica que plantea las discusiones en blanco y negro, en vez de tratar de complejizar un poco y buscar dónde está la verdad.

—¿Y qué papel juega el periodismo en ese panorama?

—Hay que usar el periodismo no como un elemento que contribuya a aumentar la grieta, sino que la llene y que sea bien ejercido. Contribuir a eso es el periodismo en el siglo XXI. Yo no transo con las mentiras de los políticos, ni con las medias verdades, no dejo pasar una cuando mienten en un número o lo usan para hacer parecer otra cosa. El rol del periodista tiene que ser certero en no dejar pasar una pero también acercar a los que están en lugares de poder al ciudadano común, mostrarlos como personas con virtudes y defectos que pueden tener ideas distintas pero con el mismo objetivo: que la sociedad salga adelante. Que busquemos por caminos distintos, no nos hace enemigos.

—¿Y quiénes alientan la grieta?

—Se hace, muchas veces, desde el sistema político que incluso carga las tintas en el periodismo. Y así lo acusan de operar para un lado según unos y para el otro, según otros. ¿Cómo puede ser que Manini Ríos diga que al periodismo se le paga por investigar a Cabildo Abierto o cuando que Tabaré Vázquez diga que el Frente Amplio perdió por los medios de comunicación? Ellos son los que deberían evitar hacer esos juegos porque después los que leen los mensajes, se la agarran con los medios, coherente con la opinión de sus líderes. Debería evitarse pero estamos lejísimo de eso.

—¿De qué lado de esa “grieta” te pegan más?

—Me pegan parejo -y hasta por las mismas cosas- de los dos lados de la grieta. Así como me acusan de operar para Mujica, en los últimos años me acusan de operar para el otro lado con cosas de “cuándo te van a dar el cargo”. Esos son esas anteojeras que se alienta desde las redes...

—¿Seguís lo que te comentan en las redes?

—Sí y antes le contestaba hasta al que me decía la peor ordinariez y algunos pasaban de haters a decirme “sos mi facho favorito” o “sos mi bolche favorito”. Por eso de que hay que intentar cerrar la grieta con periodismo para tratar de entendernos mejor. Usarlo para comprender por qué a los que están de determinado lado de la grieta le preocupan cosas que no le preocupan a los que están del otro lado, que sí le preocupan otras. Eso no tiene que ver con la ideología si no con las circunstancias de vida.

—Heredás un programa que tiene una participación en el debate político...

—Soy parte del programa desde hace 16 años y comparto la postura firme del periodista que no es complaciente con el político, dice las cosas como son y no teme caer en lo políticamente incorrecto. Y eso es parte del espíritu que se va a mantener.

—¿Tuviste que adaptar tu espíritu a esa característica de Las cosas en su sitio?

—Las diferencias entre las formas de ejecutar el periodismo entre Nacho (Alvarez) y yo están a la vista incluso cuando estábamos juntos. Ahora van a escuchar a Juan Miguel haciendo Las cosas en su sitio. Ejecutando distinto pero manteniendo eso de ir hasta el hueso, sin medir las consecuencias ni casarse con nadie y diciendo las cosas como son. Eso va a seguir estando ahí. En lo que hace a la interpretación de esa realidad, yo tengo una mirada que pasa mucho por integrar las distintas posiciones y entender por qué se dice lo que se dice y desde dónde.

—Aún no tenés 40 años, o sea que sos parte de una nueva generación que está llegando a lugares importantes en el periodismo. ¿Qué aporte traen?

—Ha habido una evolución entre un periodismo de un lenguaje mucho más formal a uno con un tono más coloquial (y Nacho es un buen ejemplo de eso) pero que por eso no pierde el rigor. La generación mía viene desde un lugar donde tenemos menos claro cuál es la posta. Tengo una opinión formada pero mi cosmovisión, en todo caso está en construcción y tiene cosas de la religión que aprendí en mi infancia y cosas del feminismo que aprendí de mi mujer. Pero no soy ni feminista, ni practico la religión. Busco más la lógica de los argumentos y me importa poco quién lo dice.

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