ENTREVISTA

Germán Medina: "La televisión y la radio me cambiaron la vida"

Llenó el Teatro de Verano en 2019, se convirtió en la revelación de "La Culpa es de Colón" y forma parte del equipo de "Las cosas en su sitio". Y ahora anuncia un Antel Arena

Germán Medina. Foto: Teledoce / Marcelo Campi.
Germán Medina. Foto: Teledoce / Marcelo Campi.

Lleva 12 años dedicados al humor. Recorrió el país con sus unipersonales, agotó el Teatro de Verano, tuvo un celebrado paso por el carnaval y publica videos para sus 125 mil seguidores en Instagram. Pero hay más. En 2020 le llegaron dos propuestas que consagrarían su éxito: la televisión y la radio.

Primero fue La Culpa es de Colón, la adaptación de Canal 12 del popular formato internacional de comedia. Junto a Maxi de la Cruz, Marcel Keoroglian, Leo Pacella y Diego Delgrossi, los domingos (a las 22.30 y cada 15 días) y los lunes (a las 23.00), el equipo le pone su mirada humorística a temas cotidianos. Bajo propuestas como “las oportunidades” es que Medina dio paso a una de sus rutinas más celebradas: la de la vida de los masones, que llegó acompañada de un hilarante saludo que se volvió su sello.

Luego llegó el debut en la radio. En diciembre, tras la salida de Keoroglian de Las cosas en su sitio, el humorista ingresó al equipo de las mañanas de Radio Sarandí.

Con su llegada a los medios tradicionales, el comediante se consolidó como uno de los grandes nombres de una escena que no deja de crecer. Incluso, el 4 de diciembre se animará a hacer su primer Antel Arena. “Me cambió la vida”, el dice a El País sobre su trabajo en La Culpa es de Colón y Las cosas en su sitio. “Mucha gente me escribe para decirme que siente una cercanía y que nos metemos en su casa. Eso es un gol”, agrega.

Respecto a su trabajo en el Canal 12, dice: “Hay personas que encontraron en el programa un respiro para este momento. Los humoristas no somos terapeutas, pero es necesario reírse un rato”.

Sobre la evolución de su carrera y sus nuevos proyectos, Germán Medina habló con El País.

—En 2019, antes de presentarte en el Teatro de Verano con entradas agotadas, le comentaste a El País lo importante que era el apoyo de la gente que se comprometió con tu causa sin que tuvieras un espacio en la televisión. Ahora que llegó La Culpa es de Colón y se acercó un nuevo público, ¿qué balance hacés del camino recorrido?

—Lo tomo con un enorme agradecimiento. Arranqué hace algunos años y nunca imaginé este cariño de la gente. Me gusta mucho lo que hago y soy muy apasionado, pero la gente puede no elegir lo que hacés, y lo del Teatro de Verano fue increíble. El no tener a la televisión como apoyo en ese momento me hizo acercarme a la gente que lo llenó, porque se pusieron la causa al hombro y entendieron que estaba tratando de cumplir un sueño. Cuando vino la tele fue una enorme sorpresa porque, en general, no se suele buscar a una persona por fuera de la televisión para tener un rol importante en un programa a la par de gente que está hace mucho tiempo. Es maravilloso lo que estoy aprendiendo de cracks como estos, y tuve la enorme suerte de poder adaptarme con lo que yo venía haciendo, que es humor de observación y cotidiano.

—Lo interesante es que, para ser tu primera experiencia televisiva, pudiste amoldarte bien a la dinámica y se generó un ambiente de cálido con el resto de los comediantes. ¿Cómo lo analizás?

—Sí. Hay una comunicación muy linda, lo que se ve en la tele es real: todos nos llevamos muy bien. Hay una admiración por lo que hace el otro y eso es fundamental para generar una buena química. Todos tenemos humores bastantes distintos y creo que eso complementa mucho a La culpa es de Colón porque tenés humor para todos los gustos. Además, tengo ejemplos de todos, pero te voy a nombrar a Diego Delgrossi, que ha protagonizado unos cuantos éxitos, y sin embargo si un chiste se parece al tuyo te dice: “Hacelo vos”. Esas cosas me emocionan porque soy un guacho en el sentido televisivo, y está bueno que te abran la cancha. Yo estoy laburando hace unos cuantos años y soy un sacrificado, pero a veces te puede suceder que no cuadres con el formato. Ese espíritu de grupo de amigos es un gol.

—Mencionaste que cada uno tiene un tipo de humor bien definido. Por lo que se ve en el programa, lo tuyo apuesta por lo cotidiano. ¿Estás de acuerdo?

—Sí. Lo que pasa es que los artistas deben adecuarse al público y no tiene que ser al revés. Yo comprendo el humor como cercanía, y cuando la gente se ríe significa que hay una aprobación y un entendimiento. El humor es encuentro, y cuando la gente se ríe de lo que vos decís, significa que se encuentra; aunque no le pase lo mismo que a vos, sí puede interpretar lo que te pasa. Mi humor es autorreferencial y se basa en mi observación, pero trato de ser lo más amplio posible para hablar de lo que le pasa a cualquier ser humano. Si hablo de los hijos o de las parejas, podrás no sentirte identificado, pero entendés de lo que hablo. Incluso te puede no gustar, porque el humor es subjetivo, y me parece que está bien que pase porque los artistas no deberían intentar fervientemente que a todo el mundo le guste lo que hacés, porque eso te hace perder una parte de vos mismo.

—Tu humor se inspira en situaciones bien cercanas: eso que pasa en el supermercado y en la carnicería. ¿Eso te conecta más con el público?

—Sin dudas. Cuando la gente conecta con lo que expresás es porque sienten lo que estás diciendo. Pero las palabras no son tan importantes, lo que importa es qué le pasa al público con lo que me sucede. Voy a las cosas más triviales, como lo que decís del supermercado y de la carnicería; cosas que hacemos todos y es el humor que me gusta hacer: el de una vida real. A ese lugar quiero llegar y a veces puedo ser políticamente incorrecto, pero lo que digo, que está exagerado y tamizado por humor, busca levantar perillas donde no estaban. Todo parte de la absoluta honestidad de ser lo más parecido arriba del escenario que lo que soy abajo.

—El 2020 fue bien variado para tu carrera: llegaste a La Culpa es de Colón y debutaste en radio con Las cosas en su sitio, pero también afrontaste la suspensión de los espectáculos públicos. ¿Cómo analizás lo que sucedió?

—La pandemia destruyó la cultura. Yo vivía exclusivamente de las funciones que hacía y de algún evento para alguna empresa, pero el 90% de mi sueldo venía de las funciones y de manejarme solo. Estuve varios meses sin cobrar un peso y fue un momento muy duro porque, si ser emprendedor ya es difícil, ser emprendedor en el rubro artístico tiene todavía más incertidumbre. Pero en ningún momento me planteé la posibilidad de dejar el arte, y el público me ayudó a confirmar que esto es lo que voy a hacer hasta el día que me muera, porque no encuentro otra forma de expresarme que me haga tan feliz como el humor. Luego apareció la televisión y la radio, y me cambió la vida. Fue una suerte increíble haber encontrado un lugar con cierta estabilidad en la que me dieran un lugar para hacer lo que yo quiera y con una libertad que no se puede creer. Eso sí, apenas abran los teatros me tiro de cabeza (se ríe).

"La Culpa es de Colón". Foto: Marcelo Bonjour
"La Culpa es de Colón". Foto: Marcelo Bonjour

—A lo largo de esta entrevista analizaste tu tipo de humor y tu interés por acercarte a la “absoluta honestidad”. A 12 años del inicio de tu carrera, ¿cómo te autopercibís como artista?

—La realidad es que como artista, uno nunca llega a ningún lado. Es muy difícil visualizar qué lograste cuando algo te apasiona tanto y tenés hambre de seguir generando cosas y divirtiéndote en el camino. Lo del Teatro de Verano estuvo divino y fue un mojón en mi vida, pero a la semana estaba actuando para 50 personas, cosa que está genial. Mi autopercepción es que cuando me va bien no soy tan crack, y cuando me va mal no soy el peor comediante. No hay que detenerse tanto en la percepción positiva ni en la negativa porque te marean las dos. No estoy muy de acuerdo con los artistas que se creen Mick Jagger porque llegaron a algún lado; ser artista es un oficio como cualquier otro, solo que tiene mayor exposición. Siempre digo lo mismo: no te creas Mick Jagger, porque la pared de tu casa tiene humedad. La evolución es continua y, como todos en la vida, estoy tratando de ser lo más feliz posible en el camino.

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