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"Elvis Presley: El rey del rock and roll", el documental de Netflix que recupera un ídolo

Es un documental extensivo y amable sobre una de las figuras más importantes de la cultura del siglo XX; es tendencia en la plataforma

Elvis Presley
Elvis Presley

Elvis Presley: El rey del rock and roll tiene un título un poco obvio, la verdad, pero no se puede decir que no siga siendo válido. Habla de la permanencia de una marca que se registró hace 65 años y cuyas consecuencias parecen haber menguado mucho en lo que va de este siglo pero no su nombre.

Que figure como tendencia en Netflix habla de vigencia o curiosidad por un símbolo de otro tiempo. Más allá de eso, su voz y su repertorio siguen siendo los de uno de los grandes artistas del siglo XX.

Dividido en dos partes de más de una hora cada una y estrenado originalmente en HBO en 2018, Elvis Presley: El rey del rock and roll (la traducción del título original sería Elvis Presley: El buscador) es un repaso cronológico de una vida que merece, por lo visto, volver a ser contada. Eso sí, algunos de sus principales conflictos son evitados o aliviados concentrándose básicamente en su música y en su odisea personal. Hay para contar: pasó de ser un niño pobrísimo y lleno de amor a un hombre rico y solo.

Para contar eso, el documental tiene todo lo que tiene que tener. Lo produce Andrew Solt, uno de los grandes divulgadores audiovisuales de la historia del rock y lo dirige Thom Zimny, quien ganó Emmy y Grammy por sus trabajos con Bruce Springsteen que han sido un montón y entre ellos, está el último y elogiadísimo Springsteen on Broadway. Tiene credenciales rockeras.

Para trabajar, contaron, además, con un montón de documentos audiovisuales que reconstruyen hitos en imágenes que se ven como inéditas. Y, además, tuvo acceso a un montón de testimonios de gente cercana a Presley o alumnos privilegiados como Springsteen, Robbie Robertson o Tom Petty.

Entre los productores ejecutivos de la miniserie están -además de Priscilla Presley y Solt- el compinche de toda la vida de Elvis, Jerry Schilling y Jamie Salter, el presidente grupo que administra la sucesión del músico. Eso explicaría por que se ha aliviado todo lo de conflictivo. Sus adicciones, sus problemas amorosos y su temperamento son mencionados sin entrar en detalles. El villano es el más fácil: el Coronel Tom Parker, autocrático forjador de su carrera estelar.

En un mundo en el que lo que va es el documental escandaloso, este es una suerte de fábula amable. Eso no quita que tenga su valor, principalmente, porque -aunque sobra bibliografía, ficciones y documentales- hay un público interesado en saber de él y, lo mejor que se puede hacer, volverlo a escuchar.

Presley nació en en Tupelo, Mississippi el 8 de enero de 1935; si viviera tendría 86 años. Expuesto tanto a la música negra como al country, conjugó en envase amable lo mejor de ambos mundos. Fue un éxito instantáneo y una revolución centrada en su lo juvenil de su música y sus caderas, un arsenal sexual que escandalizó y sedujo. Después de hacer el servicio militar pasó al cine con una filmografía poco exigente.

Ese tropezón llevó a que su show televisivo de 1968 fuera más una resurrección que un retorno. Desde ahí construyó una carrera de celebridad, shows en Las Vegas, overoles de lentejuelas y cuello exagerado, un par de patillas , excesos varios y un notorio sobrepeso. Murió el 16 de agosto de 1977 de una dosis excesiva de algunos de los tantos fármacos que ingería en Graceland, su propio Xanadu en Mepmhis.

El documental, que tiene un tono publicitario pero es de factura impecable, quizás ayude a mantener vivo, si no ya el espíritu del rock and roll, si a su figura más grande y contradictoria.


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