Crítica

"La conjura contra América", una apuesta fuerte de HBO empezó lenta pero segura 

El lunes se estrenó esta miniserie que imagina un Estados Unidos gobernado por el nazismo en la década de 1940.

La conjura contra America
John Turturro, uno de los actores conocidos de "La conjura contra América"

Cuando Philip Roth publicó La conjura contra América, en 2004 fue vista como una distopía impensable. La llegada de Donald Trump al poder con un discurso que en el libro es la peor de las posibilidades, le dio una actualidad que sedujo a David Simon, el productor que desde The Wire a esta parte se ha convertido en uno de los más prestigiosos de la televisión actual.

En la novela, y en esta adaptación que el lunes estrenó HBO, se cuenta la llegada, con un discurso antisemita, a la Casa Blanca en 1940, de Charles Lindbergh, el héroe nacional que simpatizaba con el nazismo que, en este universo paralelo, gana la Segunda Guerra Mundial.

La historia está contada desde el punto de vista de los Levin (en la novela se llamaban Roth), una familia de Nueva Jersey que ve cómo su mundo se desmorona ante esa nueva realidad política. Tienen sus propios problemas mientras ven crecer el recelo, la intolerancia y la violencia a su alrededor.

Producida y escrita por el dúo que Simon integra con Ed Burns, La conjura de América es una de las grandes apuestas de HBO para este año. Es una miniserie de seis capítulos que en Uruguay se estrenan los lunes a las 22.00 y se repiten en la programación de la señal y en sus servicios de streaming.

El primer episodio dirigido por el veterano director de televisión (Downton Abbey, por ejemplo) se limita a presentar el tema y el universo. Así los tonos sepia y los cuidados de diseño, cobijan vínculos familiares, dramas a desarrollarse y alguna que otra complicación extra. La reconstrucción de época es de lo mejor de la serie, y recurre a la memoria infantil (la mirada de la historia es la del pequeño de la casa, Philip) que ya estaba en la novela.

En la primera entrega, se muestra el incipiente crecimiento de la semilla de odio en un Estados Unidos que hasta entonces parecía idílico, con los vecinos charlando en la calle y los niños jugando en la vereda. La casa a la que los Levin quieren mudarse, por ejemplo, está en un barrio de nazis que celebran a Lindbergh y a Hitler y que provocan estallidos de violencia que pronto se extenderán por todo el país.

La realidad histórica (el discurso de Des Moines de Lindbergh, por ejemplo, donde acusó a los judíos de empujar a Estados Unidos a la guerra) se cruzan con las primeras señales distópicas. Lindbergh nunca fue candidato aunque su tono beligerante enfrentó muchas veces a Franklin Delano Roosevelt y fue un admirador de la aeronáutica nazi y un crítico de la intervención de su país en lo que consideraba una guerra europea.

Aunque el libro tuvo su difusión y la historia puede ser familiar para algunos, ya hay bastante spoilers en esta crónica como para ir llevando. Simon y Burns son experientes y, al igual, que en la novela de Roth, este comienzo probablemente funcione como un carreteo hacia una explosión de geopolítica histórica de enormes consecuencias.

Así, aunque un poco apagado en su planteamiento, el primer episodio sienta las bases para lo que se va a venir. Cumple muy bien ese cometido.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error