Resumen

Botón dorado y un perro que ladra con Frank Sinatra: momentos de "Got Talent Uruguay"

La segunda etapa de la nueva temporada del concurso de talentos mostró gran variedad de números y dejó a varios clasificados a la siguiente ronda

Imagen promocional de "Got talent Uruguay". Foto: Difusión
Imagen promocional de "Got talent Uruguay". Foto: Difusión

Con un botón dorado, algunas unanimidades polémicas, un poco de vergüenza ajena y hasta un perro que ladra cuando escucha Frank Sinatra, la segunda gala de la segunda temporada de Got Talent Uruguay tuvo, como es su costumbre, toda clase de momentos.

Así, el programa incluyó, entre otros, un payaso, un barman, una fisicoculturista, un kinesiólogo operístico, una drag queen que trabaja en una ferretería y un guitarrista de trash metal. A eso se le suman un par de momentos emotivos, algunos pretendidamente graciosos, como para conformar un show que, como todas las semanas, dio lo que promete: un poco de entretenimiento familiar.

El botón dorado, el máximo reconocimiento de esta etapa del certamen y que da un salvoconducto directo a la semifinal, fue para Ihara Burgos, una joven de 21 años de Jacinto Vera que interpretó una conmovedora versión de "​Anyone", la canción de Demi Lovato.

Aunque todos los jurados mostraron su entusiasmo ante la actuación, Agustín Casanova fue el que le regaló el llamado "pase de oro", el segundo de la temporada. El primero lo entregó María Noel Riccetto en el primer programa a un niño acordeonista, Enzo.

Después de que Natalia Oreiro, la conductora de los cubrecaras más estrambóticos del mundo, presentara a quienes ella llamó "los cuatro fantásticos" (o sea los jurados Casanova, Riccetto, Claudia Fernández y Orlando Petinatti), quienes avisaron que "la primera temporada dejó la vara muy alta", la gala comenzó con el consabido número de folklore, un género que, por lo visto, cuenta con muchos seguidores.

Así se conoció algo de la vida de Yuliana Urse, de 14 años, que vive en un paraje rural de Florida, Villa Vieja, en una estancia con su padre peón y su madre cocinera. Dijo que su sueño era recorrer el mundo con su guitarra y ayer dio un primer paso con el voto unánime del jurado que la deja en la segunda fase del concurso.

Siguió el barman venezolano Diego Bolivar, quien consiguió los cuatro votos del jurado con un número de coctelería acrobática que 33 años después de aquella película de Tom Cruise sigue teniendo cultores y público. A pesar de algunas torpezas en su ejecución, por lo visto los tragos que repartió eran lo suficientemente ricos como para encontrarle el talento para seguir a la siguiente ronda

Otra unanimidad de "los cuatro fantásticos" la consiguió Gonzalo Vidal, un guitarrista con camiseta de Iron Maiden y pegotín de los uruguayos de Chopper. Diferenciándose de César, el guitarrista metalero de la temporada pasada, Gonzalo mostró sus habilidades acompañando, con un solo, una canción de Megadeth. A la salida, le dejó un par de púas a Natalia Oreiro destinadas a su esposo, el guitarrista Ricardo Mollo.

Menos fortuna o consideración tuvieron Sebastián y Gonzalo, dos de los números que vinieron de San Carlos, quienes bailaron un tango a la vieja usanza varonil de los orígenes. No fue muy arrabalera que digamos la performance y fueron los primeros eliminados de la velada. 

Con cursos de artes escénicas y actuaciones en festivales en Europa, según dijo, Francisco Atchugarry presentó una combinación de clown y malabares bajo el nombre artístico de Circo Lumiere. Una entrada accidentada y una actuación tirando a breve no convencieron a Pettinati pero sí a los otros tres jurados, y con eso basta para pasar a la siguiente fase.

La combinación de arte en vivo, danza y playback de Queen no le alcanzó a Valentina para convencer a los jurados que, en decisión dividida, no la promovieron a la siguiente etapa. La idea no estaba mal pero, como se suele decir, habría que trabajarlo más. Demostró soltura y un talento para el espectáculo que fue destacado en algunas de las devoluciones.

Lo del perro que ladra con la música de Sinatra era verdad y, en cierta medida, fue lo más destacado de la actuación de Enrique y María Victoria que interpretaron, con coreografía romántica, "More Than Words" de la banda Extreme. 

En medio de la votación, que no les sería favorable, Oreiro interrumpió para decir que la pareja tenía un "hijo", al que también le gustaba cantar. Fue ahí que apreció en escena Ciro, un simpático perro que, no quedó claro si demostrando apreciación o rechazo, ladra cuando escucha la privilegiada voz de Sinatra. Petinatti dijo que fue lo mejor de su presentación, lo que fue un poco cruel pero probablemente cierto. 

Tampoco pasó a la próxima etapa (que se llama la del corte del jurado) Henny Frank, una artista callejera que interpretó en flauta dulce "O Bladi O Blada" de los Beatles. Fue una versión simpática pero insuficiente para los criterios del jurado. Petinatti fue el único voto positivo y la declaró superior a Estelita Brasil, una flautista de la temporada anterior.

Manuela, una sanducera que dijo haber aprendido magia cuando vivió en China y se aburría, sorprendió con un truco de cartas de esos que dejan boquiabiertos al público. A Casanova, está claro, le encantan esas cosas y fue uno de los tres votos positivos que le permitieron pasar de ronda. No estuvo nada mal y dejó a todos pensando cómo lo hizo. Y de eso se trata la magia.

Martín Rivero, quien dijo trabajar en una ferretería aunque su verdadera vocación es ser drag queen, se retiró, sin la aprobación del jurado pero con los pulgares en alto, satisfecho con su primera actuación en un escenario. Lo que mostró fue un número de danza que empezó con "Barbie Girl", después de salir de una caja de muñecas y terminó con Lady Gaga. Al jurado no le gustó.

Si el año pasado Diego Coronel cantó música lírica vestido de marinero y eso le dio, primero, un pase de oro y finalmente el triunfo en el torneo, Federico, de San Carlos, pareció buscar el mismo efecto cuando, como kinesiólogo de profesión, empezó dando un masaje y terminó entonando "O Sole Mio". Le funcionó como para tener una nueva oportunidad.

Bruno trajo desde Bella Unión una combinación de danza clásica, danza moderna y samba que dejó estupefacta a Riccetto, que es la directora del Ballet Nacional del Sodre y ha visto de todo. Al participante se lo notó entusiasmado y agradecido pero no consiguió quedarse en el certamen.

El número final fue para una profesional del fisicoculturismo, Marta Aguiar, ganadora de varios certamenes internacionales, y quien, más allá de algún pequeño accidentado, demostró que conoce de su arte y que ha podido desarrollar su talento. Escuchó el fallo del jurado con su hijo en brazo y su esposo a su lado.

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