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Batman como un ícono pop

El actor, que interpretó al personaje en tres temporadas televisivas, murió ayer a los 88 años.

Venía de hacer todo tipo de trabajos dentro de la actuación, tanto en radio y televisión como en cine, cuando un productor lo descubrió en un aviso de Nestlé. William Dozier, el productor, andaba buscando una cara y un cuerpo para la serie de televisión que estaba por hacer, sobre el personaje creado por el guionista Bill Finger y el dibujante Bob Kane, que ya había sido llevado a la pantalla de cine en películas para matinés.

En esa época (1965), West andaba en España e Italia, filmando Los cuatro inexorables, uno de los tantos "spaghetti westerns" que surgieron tras el éxito que había obtenido Sergio Leone con Por un puñado de dólares, de 1964.

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"Leí unas 20 páginas del guión de la serie y me di cuenta que era el tipo de comedia que quería hacer", dijo West en una entrevista.

La serie arrancó al año siguiente y fue un éxito instantáneo. Hoy puede parecer increíble que alguna vez hubiese un Batman que no fuera hipermusculoso y tan serio que le cuesta más reír que derrotar a todos sus enemigos juntos.

Pero la serie protagonizada por West no se tomaba nada en serio, ni siquiera a sí misma. "Uno no puede interpretar a Batman de una manera seria y directa sin dejar de señalarle a la audiencia que hay algo detrás de la máscara que quiere salir, que el personaje es un poquito loco, raro".

La serie televivisa determinó durante mucho tiempo la imagen y el tono que muchos se hicieron del personaje, al punto que cuando en los años 80 el guionista Frank Miller hizo de Batman un tipo atormentado (y que atormentaba a otros, también), pareció novedoso.

La gran repercusión de la serie en términos de audiencia hizo que los productores sacaran de la galera una película, titulada simplemente Batman (1966) con West, Burt Ward (Robin) Cesar Romero y Burgess Meredith, entre otros. La película no forma parte de ningún canon cinematográfico, pero sumó al carácter de culto que rodeó a West hasta su muerte.

La serie tuvo una segunda temporada, pero ya para la tercera el encanto empezó a desvanecerse y la cadena ABC decidió finalizarla tras esa tercera tanda de episodios.

"Cuando terminó la serie", dijo West en un encuentro Comic-Con hace tres años, "pensé que era el fin de mi carrera, y durante un tiempo lo fue".

Según varias de las notas que se hicieron tras la muerte de West, este tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos y ajustarse el cinturón. Él y su familia se mudaron a un hogar más económico, y él empezó a tomar los pocos trabajos que le tocaban en suerte, que no eran precisamente los mejores pagos.

Pero a medida que transcurrieron los años, las historietas empezaron a ser consideradas de una forma más respetuosa y también se empezó a vislumbrar el potencial comercial que tenían las adaptaciones de los cómics a las pantallas, tanto la chica como la grande.

Adam West murió ayer a los 88 años. Foto: Difusión
Adam West murió ayer a los 88 años. Foto: Difusión

Y ahí empezó una segunda parte de la trayectoria profesional de West. Ahora que en Uruguay estamos cada vez más acostumbrados a los doblajes, en particular en cualquier serie o película que sea animada, nos perdimos que West le puso su voz, tanto a Batman como a otros personajes, en muchas películas y series de televisión animadas, en particular aquellas con personajes que venían del Universo DC Comics.

Sin embargo, lo más destacado que hizo profesionalmente en los últimos años de su vida fue interpretar vocalmente a uno de los personajes de la serie de Fox Family Guy o Padre de familia.

La serie es un gran éxito para su creador Seth McFarlane, está en el aire desde hace 15 temporadas y habrá una decimosexta. Ahí, West le daba voz al personaje Adam West (sí, bautizaron al personaje con el nombre del actor) y fue parte de la serie a partir de la segunda temporada.

Con todo, y por más que haya estado mucho más tiempo en Family Guy que en Batman, West será siempre el Hombre Murciélago que junto a su fiel escudero Robin repartía piñas y patadas entre coloridas y estruendosas onomatopeyas televisivas. Y aunque la serie no aspiraba (ni podía) a altos niveles de calidad, había en ella cierta ingenuidad y simpatía que eran una delicia para el espíritu infantil.

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