Obituario

El adiós a Hugo Arana, un actor serio que también sabía hacer reír

Ayer murió a los 77 años, el creador de personajes inolvidables como "El Groncho" y "Hugo Araña" y que, además, tuvo una larga carrera en cine, televisión y teatro

Hugo Arana
Hugo Arana. Foto: archivo El País.

Uno se parece un poco a cada uno de sus personajes”, le dijo Hugo Arana a El País en mayo de 2019. Y aunque muchos lo recordarán por “El Groncho” y “Hugo Araña”, dos de los personajes que popularizó en televisión, Arana, quien falleció ayer, deja, además, un montón de recuerdos en el cine y fue una de la grandes figuras del teatro argentino.

Tenía 77 años y hace unos días había sido internado tras golpearse en un accidente doméstico-Los exámenes y un hisopado de rutina dieron positivo de Covid 19 pero había dicho a La Nación que estaba “sin grandes trastornos”. Sin embargo, murió por un infarto súbito en la mañana de ayer, de acuerdo al parte médico.

Aunque siempre se consideró un actor de teatro que tuvo que desarrollar su arte en medios más masivos como el cine o la televisión, a Arana, el gran público lo recordará por su participación en Matrimonios y algo más, el programa de Hugo Moser. Allí estuvo en sketches como “El groncho y la dama”, donde era el esposo mecánico y machista de la pituca Cristina del Valle y presentó a “Hugo Araña”, un gay paródico de esos que quizás ya no se permiten.

Eran, dos estereotipos de la masculinidad (la brutalidad y el afeminamiento) que Arana llenaba de detalles y modismos graciosos. Y que demostraban la capacidad mimética de este actor nacido en el pueblo bonaerense de Juan José Paso, el 23 de julio de 1943.

“Matrimonios y algo más era un taller de investigación para mí”, le dijo al periodista Carlos Reyes en aquella entrevista para El País. “Hugo Moser (el director del ciclo) no me marcaba cómo tenía que hacer los personajes. Y un día tenía que interpretar a un contorsionista, y en vestuario me dan una mallita con brillitos, y zapatillas de baile negras. Y un cámara dice ‘qué linda colita que tiene Arana’. Y empezamos a joder, y a reírnos. Y me piden que haga de mariquita. Y a Moser le encantó, lo empezó a escribir, y le puso Huguito Araña. Yo le dije, ‘Huguito Araña, dejate de joder’”. Fue, a pesar de su reticencia incial, un hallazgo.

A esa altura, mediados de la década de 1980, Arana ya tenía una larga carrera como actor. Al teatro llegó en 1965 y al cine en 1970 con un papel en El santo y la espada, la biopic de José de San Martín dirigida por Leopoldo Torre Nilsson.

Su primer pico de popularidad, sin embargo lo consiguió gracias a una publicidad de vino en 1972 y una participación en Papá corazón de Abel Santa Cruz y con Andrea del Boca, con quien volvería a trabajar en Hay que educar a papá.

A Matrimonios y algo más, uno de los más grandes éxitos de la historia de la televisión argentina, se integró en 1983 y en su carrera televisiva se incluyen hitos como La banda del Golden Rocket, Buenos vecinos, Buena pata (la de los veterinarios con Leonardo Sbaraglia que no estaba nada mal), Resistiré, Los exitosos Pells, Graduados y La Leona. Recientemente se lo vio en Casi feliz, la serie de Sebastián Wainwrach para Netflix. No siempre fue protagonista pero siempre se hacía notar.

Con esa carrera ganó dos Martín Fierro, los premios que destacan lo mejor de la televisión argentina: en 1999 se lo llevó por Buenos vecinos, donde compartía protagónico con Moria Casán y en 2010 por Para vestir santos, una serie creada por Adrián Suar.

En cine, participó en la dos primeras películas argentinas que estuvieron en los Oscar, La tregua y La historia oficial, además de papeles en Las puertitas del señor López, Un lugar en el mundo, El lado oscuro del corazón y en Reloca con Natalia Oreiro en 2018.

Fue, además, el camionero que llevaba a la playa a un pintoresco grupo de personajes en la película uruguaya, El viaje hacia el mar de Guillermo Casanova sobre cuento de Juan José Morosoli. Participó así en uno de los grandes éxitos del cine nacional.

Su vínculo con Uruguay fue largo y de cariño recíproco y se potenció a través del teatro. La primera vez que vino fue en 1970 con una compañía independiente con una puesta de El preceptor de Bertold Brecht en el Solís. La última visita fue en mayo de 2019 con una versión de La ratonera de Agatha Christie que se vio en Teatro Metro y donde compartía escenario con María Rosa Fugazot y Fabián Mazzei.

Las tablas fueron su gran amor desde que las descubrió a mediados de la década de 1960 y se quedó allí definitivamente. Hizo toda clase de obras desde las más populares, a producciones de verano y grandes autores. A comienzo de la década de 1990 tuvo un exitazo en calle Corrientes con Los mosqueteros con Miguel Ángel Solá, Darío Grandinetti, Juan Leyrado y Jorge Marrale.

“No quiero generalizar, pero creo que hoy hay cierta cultura de la hamburguesa”, le dijo a El País en 2019 analizando el nivel actoral actual. “En cinco minutitos te hacen un plato de comida. Pero alimentate de eso, a ver cómo te va. Hoy hay algo apurado, y creo que el actor tiene que cuidarse de eso. El actor tiene que detenerse a elaborar. Yo comparo al actor con el cocinero. El deber de un cocinero es ampliar su propio paladar. Y el actor también tiene que ampliar sus posibilidades de expresión”.

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