Obituario

El adiós a Carlín Calvo, el amigo piola de toda una generación rioplatense

Fue una de las grandes figuras del teatro, el cine y la televisión argentina y con "Amigos son los amigos" aportó modismos y una impronta que lo acompañaría siempre

Carlos Andrés Calvo
Carlos Andrés Calvo

Si la historia de la cultura popular pudiera contarse en personajes y en frases, Carlos Andrés Calvo sería un prócer. Murió ayer a los 67 años, después de convivir con las fragilidades de su salud desde 1999.

“En la vida, Carlos. En los medios, Carlín. En las marquesinas, Carlos Andrés Calvo”, le dijo en 2008 a El País cuando le preguntaron cómo lo reconocía la gente. El Andrés surgió como una manera de diferenciar su nombre de una calle porteña, y es un recuerdo a su hermano.

Pero, sí, Calvo es principalmente “Carlín”, su porteñísimo personaje en Amigos son los amigos, la sitcom que coprotagonizó con Pablo Rago a comienzos de la década de 1990. Lo consolidó como una estrella de la farándula argentina y cimentó una figura pública simpática que mantendría incluso cuando, por esas cuestiones de salud, fue desapareciendo de los medios.

Estrenada en 1990, Amigos son los amigos sigue siendo uno de los grandes éxitos de la televisión argentina. Calvo era Carlín Cantoni -canchero, soltero y picaflor- que debe compartir apartamento con Pablo Pintos (Rago), un chiquilín rockero y serio, el “pendex”, en el vocabulario de Carlín. El fomato era de sitcom simpática que le permitió a Calvo a desarrollar su personaje más entrañable.

Lo hizo apoyado en frases como “es una lucha” y “vos fumá” a las que resignificó en el diccionario popular e integró al glosario de grandes frases de la televisión argentina. Repetiría los modismos en Hola papi y Rodolfo Rojas DT pero, de alguna manera lo terminó cansando a él, primero que a la gente.

Una generación anterior ya había visto un poco de ese personaje en “El Cholo” de El Rafa, la telenovela de comienzos de los 80 en la que hacía de hijo del canillita que interpretaba Alberto de Mendoza y con quien disputaba los amores de Alicia Bruzzo. Había allí una tensión sexual inédita para la época.

El público femenino de entonces, siempre atento a esos detalles le había echado el ojo en Juan sin nombre, la telenovela con su pareja en la vida real de entonces, Luisina Brando.

Calvo había nacido en Buenos Aires, en febrero de 1953 y tras estudiar actuación y papeles menores en televisión, debutó en teatro en 1974 con un desnudo en la, entonces provocactiva Lección de anatomía. Integró el elenco de otra producción exitosa y emblemática de la época, Eqqus.

Ya desde fines de la década de 1970, Calvo dividiría su carrera entre la televisión, el teatro y el cine, con éxitos en cada de esas plataformas. Allí hay que anotar la puesta en la calle Corrientes de Extraña pareja con Ricardo Darín o la película Adiós Roberto en la que interpretaba a un homosexual, todo un riesgo en esa época.

Cumplió con todos los requisitos de su tiempo incluyendo ser el rey de la temporada teatral de Mar del Plata y hasta sonados romances entre los cuales los periodistas mencionaban a Susana Gimenez. Su sonrisa canchera y algún que otro escándalo adornaban rutinariamente las tapas de las revistas de la epoca.

Fue un zurdo destacado en el equipo de fútbol de los galancitos, la promoción que incluía a Darín, Raúl Taibo, Darío Grandinetti, Pablo Codevilla y hasta el Facha Martel. Hacían partidos exhibición principalmente en la temporada marplatense y hasta los dirigió César Luis Menotti.

Los éxitos lo acompañaron a lo largo de la década de 1990, estableciendo su prestigio de actor taquillero y con un rango amplio, aunque su presencia pública era más fuerte que su oficio.

“El éxito y la soledad me llevaron a cometer los más grandes excesos”, le dijo a la revista Gente en 2005 según citó ayer Clarín. “Cuando me detectaron que era hipertenso, paré. Pero ya era tarde, mi cuerpo estaba muy baqueteado. Recién cuando dejé las drogas, el alcohol y las mujeres, aprendí a ser feliz”.

Esa presencia empezaría a limitarse cuando tuvo primer ACV en 1999 y aunque consiguió recuperarse y volver a los medios, su capacidad de trabajo y sus posibilidades se fueron limitando. En 2010 antes de salir a escena en Taxi 2 sufrió un segundo infarto cerebrovascular que lo alejaría definitivamente del ojo público.

“Estuve en el fondo del mar, pero no guardo rencores porque el Barbudo me devolvió a la superficie”, dijo en medio de sus recaídas y ayer lo citaba Clarín en uno de sus obituarios. Los últimos años los pasó inmovilizado y sin poder hablar.

La semana pasada se había informado que su salud se había deteriorado fatalmente y fue internado en un centro de alta complejidad donde falleció ayer. Lo sobreviven dos hijos, Facundo y Abril, fruto de su relación con la psicóloga, Carina Gallucci.

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