La Trasnochada, una delicia para los sentidos

Yambo Kenia presentó una agradable y cuidada propuesta, al tiempo que Madame Gótica recuperó el nivel de años anteriores. Los parodistas Aristophanes, en tanto, tienen terreno para la superación de cara a la segunda rueda.

La trasnochada. Foto: Po Colectivo Productor. (Fernando Vidal)
La trasnochada. Foto: Po Colectivo Productor. (Fernando Vidal)

La Trasnochada fue el punto altísimo de la noche, con un espectáculo murguero de gran nivel, que la vuelve a posicionar como una de las principales animadoras de la mayor categoría del carnaval, luego de un par de años oscilantes.

La murga que dirigen Maximiliano Orta y Martín Souza reformuló sus lenguajes, dejando de lado el impulso avasallante y el humor grueso, para adoptar una línea poética dulce, seductora, mágica, persuasiva, implicada desde los sentidos y profundamente jugada a la imaginación, un territorio ideal para narrar una sucesión de historias que tienen una correspondencia con la realidad, aunque creadas a partir de la fantasía.

“El cuadro del barrio”, como se denimina el trabajo, realiza una firme reivinidicación de las autonomías e identidades de cada rincón de la ciudad, como antídoto a una modernidad que avasalla, uniformiza, produce inmensas soledades, fragmenta socialmente y tiene un poder devastador para teñir de un mismo color lo distinto, lo singular.

Rescatando el valor de las historias con nombre y apellido, las relaciones que se forjaron en una esquina, los amores, aromas y sabores del barrio, La Trasnochada practica una acción polítca que va más allá de sus enunciados sobre la materia.

Hace política, porque construye nuevas dignidades, poniendo su voz al servicio de quienes, desde el anonimato, tienen algo que decir y portan una historia que, aunque pequeña, vale la pena ser contada y escuchada.
Las imágenes tienen una incidencia decisiva en este repertorio, al tiempo que discurren a través de un delicado paisaje musical, muy sensible, que aportó su arreglador, Martín Souza.

Los ejemplos más evidentes son su presentación y despedida, su canción final o su popurrí, que ensamblan una multiplicidad de ritmos e intensidades de elogiable tibieza, que permiten al espectador tomar distancia y -si así lo elige- apreciar el buen gusto literario que predomina a lo largo de todo el repertorio.

Da inicio a este show un ingenioso popurrí,  picante y directo en su crítica que, como en el toque corto del picadito futbolero, va saltando sabrosamente de tema en tema.

Prosigue un cuplé denominado “Los Cazanoticias”, que describe los típicos hechos de una cuadra, que rondan jocosamente entre el chisme y el secreto.
“El partido del pueblo” es, acaso, el cuplé de menor efectividad de la propuesta, ya que busca un giñó humorístico que no siempre es contundente, aunque posee algunos destellos dispersos.

Tras su remate llegan los momentos más sólidos, que combinan crítica, reflexión y nostalgia.

Es así que el cuplé de la niñez robada es una pieza sobresaliente, al tiempo que el momento final sobre “El personaje reidero de este año” (denominación atribuida por El País, en base a su argumento) resultó una página muy bien construida desde el punto de vista emotivo, al igual que el homenaje a los antiguos cupleteros, cuyas postales resucitaron la alegría que, otrora, iba paséandose y divirtiendo a los espectadores, de barrio en bario.

El gran año de La Trasnochada -que además impactó con su vestuario y puesta en escena- se resume con billantes canción final y despedida, que redondearon una propuesta que tomó carrera y pretenderá ubicarse en la zona alta y selecta del marcador murguero.


CANDOMBE

El segundo turno de la jornada lo ocupó la comparsa Yambo Kenia, con un espectáculo de corte biográfico sobre Pedro Ferreira, uno de los mayores referentes de la historia del candombe.

Contó, como de costumbre, con una impecable puesta en escena y un libreto muy claro en el rescate de una figura de peso para el carnaval, el candombe y la cultura negra, cuya desaparición física data de 38 años atrás, aunque su legado sigue vivo.

Ferreira, desde la mirada de Yambo Kenia, fue un referente de la cultura popular, aunque también conoció el sabor de los ambientes más encumbrados.

Por ejemplo, supo engalanar los bailes del Hotel del Prado, pero su principal realización fue la creación de la mítica Fantasía Negra, una comparsa nacida en el conventillo de Ansina, que fue el mayor símbolo de su tradición candombera.

A nivel musical, la orquesta al mando de Juan Steiner paseó sus acordes por un candombe más cadencioso al que nos tiene acostumbrados la comparsa del Buceo, ahora afincada en el Paso Molino.

Ello se debe a la necesidad de trazar una correspondencia con el estilo musical propio de la obra de Ferreira.

Al mismo tiempo, deleitó con una preciosa habanera en el cuadro que narró el encuentro del protagonista con el poeta cubano Nicolás Guillen, así como un bonito milongón.

Queda para mejorar de cara a la segunda rueda una mejor presentación de algún solista, en especial sobre el inicio del espectáculo, así como el ajuste de los planos de sonido, teniendo en cuenta que los tambores de acompañamiento estaban amplificados en demasía y taparon las intervenciones del coro.


REVISTA
La apertura de la noche fue con la revista Madame Gótica, que presentó el espectáculo “Reinas”, con libretos de Leonardo Pacella y Pablo Benítez.
La revista de Katya Zakarian se reencontró con los buenos espectáculos, luego de un par de temproadas con un nivel alejado de sus mejores producciones deL principio de la presente década, que le valieron a Madame Gótica dos primeros premios.

La apertura del telón dio las primeras señales al respecto, con una escenografía y ambientación bastante elaboradas, que se complementaron con un buen vestuario, para redondear una buena presentación visual.
Los intermedios abordaron al género femenino desde múltiples aristas, con textos inteligentes y bien actuados, aunuqe la propuesta humorística no fue siempre contundente y ello le pudo bajar algún punto la nota a su globalidad.

No obstante, hay una apuesta por un espectáculo entretenido, que si bien tiene terreno para mejorar, parte de una nota satisfactoria.
Una calificación destacada también merecen dos rubros importantes: la música y el cuerpo de baile, que se complementaron adecuadamente para el desarrollo de varios géneros, estilos y ritmos.


PARODISMO
La tercera hora de la noche correspondió a los parodistas Aristophanes, que mostraron un espectáculo con altibajos y una menor respuesta humorística en comparación con años anteriores, donde la risa supo ser uno de sus puntos fuertes.

El elenco, perteneciente a la compañía teatral Grupo Texas, presentó las parodias “Karate Kid” y “Wilson Ferreira”, dentro un show que habló del equilibrio y el desequilibrio.

La primera obra apeló a un humor basado en chistes y situaciones.

Si bien su respueata no fue del todo convincente, se espera una segunda rueda más efectiva, teniendo en cuenta que el libreto dispone de varios guiños de comedia.

La seguda representación, en tanto toma varias escenas del documental de Mateo Guitiérrez sobre Wilson, complementados con otros pasajes notorios de la vida del caudillo nacionalista.

Está más jugada a la emoción y también tiene terreno para crecer en la segunda ronda.

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