ALBERTO SONSOL

"Todos los días quiero ser un poquito mejor que yo"

“Este fue el pa pa pa de mi vida”, dijo ayer, pasada la medianoche, Alberto Sonsol en el escenario de la ceremonia de los premios Iris.

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"Pensaba que Escape Perfecto podría tener algún premio". Foto: D. Borrelli

Recurría a su latiguillo de relator de básquetbol para referirse a los tres premios que se llevó: Mejor Programa de Entretenimientos (Escape perfecto), Mejor Conductor y, el más preciado de la noche, el Iris de oro. Sobre eso y su carrera habló en medio de un día muy ajetreado.

—¿Cómo recibió los Iris? ¿Se los esperaba?

—Siempre pensé que Escape perfecto como programa podía llegar a tener un premio porque entró muchísimo en la gente. Lo de la conducción, bueno, iba de la mano de eso —aunque no era solo por Escape perfecto porque estaba incluida La hora de los deportes—, pero podía también tener su lugar y uno siempre tiene la expectativa. Pero el que me sacudió fue el de Oro: ese sí que no estaba en mis planes. Y bienvenido sea.

—Usted salió del periodismo deportivo y hoy es un conductor todoterreno. ¿Se imaginaba eso para su carrera?

—Siempre me preguntaba cuando veía programas como Salven el millón, cómo me vería conduciendo programas de ese tipo. Y me veía bien. Y cuando el canal compró el formato del Escape perfecto, el gerente del canal, Martín Villar, me convoca para eso. Yo, un poco antes le había dicho que a los periodistas deportivos que empezamos de abajo no nos amilanaba nada. Era cuando Sergio (Gorzy) había empezado con Buscadores y (Federico) Buysan estaba en Verano perfecto. Y al tiempo, cuando salió el programa Martín se acordó de esa charla.

—Su carrera tiene como etapas. Relator de básquetbol, de fútbol, ahora conductor. ¿Fue planificando todo eso?

De pibe jugué mucho fútbol y básquetbol, y cuando arranqué a los 26 años en el periodismo deportivo, la primera intención fue el fútbol pero no había posibilidades. Y cuando se me entornó una puerta en el básquetbol me tiré de cabeza. Pero siempre con la mira en el fútbol. Y el resto se fue dando.

—¿Cómo fue la repercusión del día después del Iris?

—Brutal. No tengo palabras. Me han enloquecido. Desde que terminó la ceremonia, todo el día, mensajes de gente que conozco, de gente que no conozco. Quedé sorprendido.

—¿En quién pensó en el momento en que le daban el Iris de Oro? Cuando lo veía me acordaba de algunos periodistas que trabajaron con usted, como Ruben Vázquez y Oscar Avero...

—Sí, claro, yo arranqué con ellos y por mucho tiempo formamos un trío que creo que pegó pila en la gente. Y hay mucha otra gente que te va abriendo puertas. Después de la fiesta nos dimos un abrazo con Alberto Kesman y le dije: "vos tenés mucho que ver con esto" porque él fue quien me entornó esa puerta en el básquetbol en Universal en 1985. Y por supuesto, la familia, amigos. Los que están siempre.

—Ya que hablábamos de etapas en su carrera que lo llevaron a esta que vive ahora. ¿Cuál es su próxima etapa, su próximo desafío?

—Estoy en una etapa en la que siento que todos los días quiero ser un poquito mejor que yo. Siempre fui de hacer algo más que mi programa sin ver lo que estaba haciendo la competencia. Nunca me gustó eso. Siento que la superación tiene que ser personal: si vos mejorás todos los días, seguramente un oyente o un televidente más vas a captar. De hace un tiempo a esta parte estoy en esa onda. Lo que surja, si me gusta y me siento cómodo, lo hago. Me han ofrecido relatar ciclismo o relatar tenis, y creo que perfectamente lo podría hacer porque quien tiene la dinámica del relato, relata igual una carrera de embolsados. Pero no tengo la propiedad porque nunca corrí una vuelta ciclista o jugué un partido de tenis. Sí estuve en canchas de básquetbol y de fútbol, y haber practicado un deporte te da un poquito más de propiedad a la hora de opinar.

—Y además no tendría tiempo. ¿Cómo hace para hacer tantas cosas?

—A veces corro demasiado. Es que disfruto tanto lo que hago, que cuando lo estoy haciendo no me doy cuenta, pero cuando llego a casa de noche, el cuerpo, y más con el paso de los años, me lo cobra.

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