ENTREVISTA

Yayo Guridi: "Hoy no haría una cámara oculta"

El popular humorista argentino llega con Sin codificar en agosto al Teatro Metro

Yayo Guridi
Yayo Guridi, en Montevideo. Foto: Marcelo Bonjour

Este show que vamos a presentar en Montevideo es como un resumen de los diez años del programa Sin codificar. Diez milagrosos años, porque cuando arrancamos nadie daba ni 15 días de vida para el programa. Y este espectáculo es una forma de celebrar que ya estamos cumpliendo una década. Por eso vamos a hacer los personajes clásicos, más algunas otras cositas exclusivas para el teatro. Vamos a hacer clásicos como Los Rebos, El intendente, Los puntos cardenales, todas cosas que tienen que estar sí o sí. Y otras cosas específicas para el teatro, para darle un plus por encima de la tele”, explica el conocido humorista argentino Yayo Guridi sobre este espectáculo que el viernes 9 y sábado 10 de agosto a las 21.30 se verá en Teatro Metro. Entradas en Abitab, desde $ 1090 a $ 1890.

Si bien su salto al gran público fue de la mano de Marcelo Tinelli, luego él fue haciendo un camino propio, que se divide entre la pantalla y el escenario, formatos que le demandan distintos códigos con el público. “En el teatro tenés un rating espontáneo, ves directamente lo que le pasa al público. Ahí sabés en el momento si la cosa funciona o no. Lógicamente esa respuesta inmediata no la tenés en la tele. Y a nivel actoral también es distinto. En el teatro capaz que estoy un poco más suelto a la hora de actuar. En la tele no solamente estás pendiente de la pantalla, sino de todo tu entorno, de la cantidad de cosas que pasan a tu alrededor. Aunque en el teatro muchas veces tenés sorpresitas, sobre todo porque con los muchachos que laburo nunca sabés qué se va a venir. Siempre pasa algo nuevo, y bienvenido sea, porque hace que actuar no se transforme en algo rutinario. Pero siempre en el teatro tenés más libertad”, adelanta el artista.

-Vos tenés una carrera mediática con Tinelli y otra después de trabajar con él. ¿Qué cambió de una a otra?

-Sí, es así. Y fueron dos momentos bien distintos. Con Tinelli estábamos acostumbrados a la superproducción. Trabajando con él, lo que pedías generalmente lo tenías. Y Sin codificar es lo contrario. Sobre todo al principio, nos teníamos que arreglar con lo que había. Y eso tenía su lado bueno, porque había que pelar imaginación. Buscar ideas para salir adelante supliendo esa carencia del superpresupuesto que teníamos con el otro programa. También en un comienzo, dejar de trabajar junto a Tinelli significó lógicamente ganar menos, pero el crecimiento que tuvo Sin codificar equilibró eso.

-La gente te identifica con el tipo zarpado contando los chistes más fuertes y enganchando una puteada con otra.

-Sí, parte de la gente me identifica con eso, pero otros también con Sin codificar. Eso depende mucho según a la generación a la que pertenezcas. Sin codificar no tiene aquellos personajes zafados. Aquellos personajes tan zarpados nacieron de la necesidad del momento, que venía todo muy planchado todo, y se necesitaba algo explosivo. Y lo único que se me ocurrió fue empezar a contar cuentos zarpados. Calculo que mucha gente se quedó con esa imagen de mi tipo de humor. Pero creo que en esa época era normal, era un ciclo más de cámaras ocultas. Donde las cosas se planteaba para incomodar lo que se llamaba “la víctima”.

Sin Codificar
Sin Codificar, llega a Teatro Metro. Foto: Difusión

-Hoy hay todo un replanteo sobre las cámaras ocultas.

-Hoy no haría una cámara oculta. Era otro mundo, otros valores, otra cabeza. Estamos hablando de 20 años atrás, y la realidad era otra. Las comunicaciones también eran otras. Hoy todo eso no iría. En caso de hoy querer hacer eso, habría que reformularlo, hacer como un espectáculo totalmente nuevo. Eso se hizo en su momento. Tuvo su éxito, pero hoy en día de mi parte no lo haría. Actualmente hay que agudizar el ingenio. Son los cambios a los que uno tiene que adaptarse y ver si le da el cuero para cambiar o no.

-¿Con qué temas está más sensible la gente hoy en día?

-No sé, son varios temas. Creo que con todo lo relacionado con lo sexista está más sensible la cosa. Incluido todo lo que tiene que ver con la homosexualidad. 

-Vos sos cordobés pero no hacés humor cordobés.

-Cierto, yo soy cordobés, pero el humor cordobés pasa por otro lado, por un relato más largo, en el que se busca pintar la aldea de uno. Y donde el remate del chiste es lo de menos. Es un humor del que se disfruta mucho el relato. Es más bien un cuento, y te reís tanto en el transcurso, que ya no interesa cómo termina. A mí los chistes me los cuenta la gente en la calle. Y las ideas para el programa se nos ocurren a nosotros: la misma actualidad te da leche como para hacer humor. Uso diferentes fuentes: los mismos guionistas, con los cuales hace mucho que trabajamos juntos. Si escucho un chiste que me gusta, lo anoto. En una libreta, o grabo un audio en el celular.

-¿Cómo se memorizan los chistes?

-Si el chiste es bueno, sale solo. No se necesita memorizarlo mucho. No tengo un método para acordarme de los chistes. A veces puede ser una palabra clave, y la tenés en una pequeña lista, para pegarle un vistazo antes de salir al aire. O si estoy en la oficina de producción de Sin Codificar, hago un borrador y me lo guardo. 

Yayo Guridi
Yayo Guridi, de Tinelli al camino propio. Foto: Marcelo Bonjour

-Vos sos un economista que se convirtió en humorista.

-Fueron paralelas las dos cosas. Empecé haciendo humor en los circuitos de boliches en Córdoba, que era lo que estaba de moda: éramos como cinco o seis integrantes. Y cada uno ejercía su carrera de modo paralelo, y mientras despuntábamos este vicio. Así arrancó. No noté el momento en que el humorismo se iba a convertir en una carrera. Primero nos juntábamos en reuniones esporádicas, en asados. Y nos poníamos a guitarrear, y empezábamos a tirar chistes. Luego armamos un show para los bares de Córdoba, y de la reunión de amigos nació esta profesión.

perspectiva

“Junto a Tinelli aprendí todo”

“En el año 95, ya dedicado de lleno a esto del humor. Estaba en un muy buen momento Tinelli, donde entramos con los gauchos, que eran tres cordobeses. Y ahí permanecimos más de diez años. Era muy independiente para nosotros trabajar con Tinelli, porque cada uno tenía su equipo de producción. Y al final del día presentabas el material, que después iba al aire. Junto a Tinelli fue un aprendizaje muy rápido. Con Tinelli aprendí todo: yo entré de cero en la tele, sin saber nada, y trabajando junto a él aprendí cómo se arma una nota, cómo se guiona, cómo se edita, cómo se presenta”, recuerda hoy Yayo, un humorista de rostro inconfundible, que siempre buscó tomar distancia del humor político. “En el humor no creo que haya temas específicos. Si el chiste es bueno, la gente se va a reír”.

boxeo

Sobre Carlos Monzón y El Negro Olmedo

-Ahora trabajaste por primera vez en Monzón.

-Sí, para mí fue un aprendizaje muy grande, porque nunca había trabajando en un unitario, y encima con producción de Disney, una producción muy fuerte. Hice unas pequeñas participaciones, pero por suerte me dejaron jugar bastante, porque yo supuestamente hago de El Negro Olmedo, pero encarándolo como él sería detrás de escena. No es el Olmedo histriónico que la gente conoce a través de sus históricos programas. Es un Negro más tranquilo, más reservado, menos conocido. Y eso fue una experiencia fuerte. Y más en general, la historia de Monzón fue muy fuerte, al punto que Disney se interesó en hacerla. Aunque yo particularmente, al boxeo nunca le di mucha bola nunca.

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