Víctor Laplace

"Este es un tiempo para no vivir distraído"

Desde el viernes 20 se lo podrá ver en el Teatro del Notariado, con una obra en la que actúa pero también canta. “Hoy hay una gran desvalorización de la palabra. Por suerte el teatro sirve para que reivindiquemos la palabra”, comenta el actor, veterano pero juvenil, que por tres funciones visitará Montevideo. “Los textos de la obra dan lugar para determinado boleros elegidos especialmente, para terminar de cerrar una unidad temática. Cuando el actor no tiene más nada que decir con la palabra, canta”, dice este artista, que se presenta viernes, sábado y domingo a las 21.00. Entradas en TickAntel, a $ 550, y $ 650.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Me gusta hacer yoga, leer, estoy muy ocupado, siempre", afirma. Foto: F. Flores.

—¿Cómo es "Piensa en mi?

—Este es un espectáculo que armamos con Rafael Bruzza, que es el autor, santafesino, y a mí me gusta mucho su manera de escribir, porque transita entre el grotesco y el absurdo. Es un espectáculo teatral con boleros, donde la palabra tiene un valor muy importante, lo que se dice cuenta mucho. Es cierto que arranca con una cosa muy hilarante, porque es un trío de señores que ya están de vuelta de un montón de cosas. Son tres seres bastante desvencijados, pero arriesgan esto de presentarse en un escenario, pensando que el amor va a golpear a la puerta en cualquier momento. La obra habla sobre qué pasa cuando la palabra deja de tener el valor que tiene que tener.

—¿Alguna vez temió que lo identificaran demasiado con su personaje de Perón, que tanto representó?

—Sí, pero como seguí haciendo otras cosas. Hice la vida de Horacio Quiroga, o de Florencio Parravicini. Yo trato de salirme de ahí. Pero los colectiveros me gritan, chau Perón. Un horror.

—Antes de hacer teatro usted trabajó como obrero metalúrgico. ¿Qué le dejó esa experiencia?

—Sí, a los 14 años. Fue una experiencia maravillosa: me permitió ganarme el sueldo (pagaban por quincena), y me acuerdo como si fuera hoy, ese sobrecito de papel madera, y yo se lo llevaba a mi madre y le decía, mamá, acá está el sueldo. Eso me daba una satisfacción enorme. Fueron muy juntos, mi amor por el teatro y mi amor por el trabajo. Entender la vida tan joven me hizo hombre muy joven.

—Usted no es porteño. ¿En qué no es porteño?

—En cómo el porteño arrasa con todo lo que haya a su paso. La palabra no es pedante: es muy arremetedor, y cree que tiene el mundo en sus manos. Y en un punto es cierto: Buenos Aires es una ciudad bellísima... sobre todo cuando está vacía. Enero yo me quedo en Buenos Aires, es un mes ideal para conocerla, llena de galerías de arte, de teatros. Y se la puede mirar sin que te pasen por encima los autos.

—¿Le cansa un poco Buenos Aires?

—Ya ahora sí, hace 48, 50 años que vivo ahí. Pero tengo un refugio en mi ciudad, que es Tandil: allí tengo una casita en el campo, donde leo mis libros, escribo mis guiones, y soy feliz.

—¿Y en Buenos Aires vive en el Centro?

—Vivo en el Centro, pero tengo una casa con un jardincito y una parrilla, y con eso me conformo. Me gusta hacer deporte, yoga, leer, estoy muy ocupado siempre. Ahora estoy leyendo un libro de Henning Mankell, Arenas movedizas, que es extraordinario, porque habla de cómo el ecosistema se está modificando. Y siempre estoy con mucha ilusión de nuevas cosas que van a pasar. Este es un momento para no estar distraído: el mundo está mudando, por diferentes caminos, a favor y en contra.

—¿Cómo vive estas elecciones en su país?

—Vuelvo al espectáculo Piensa en mí: hoy el valor de la palabra está muy vituperado, muy agresivo. Y no creo que para debatir ideas: si uno tiene ideas no tiene por qué agredir a nadie. Si hay ideas...

—¿Sus próximos pasos?

—Este mes voy a estar trabajando mucho, y creo que voy a hacer luego una visita al Papa. Le voy a llevar un documental que hice sobre monseñor Angelelli. Y siempre es una excusa para ver cómo viven los cardenales y obispos. Hay una interna en la Iglesia muy fuerte, y creo que este Papa está tratando de hacer muchas cosas, pero también hay mucha gente que se lo impide. Porque hay un aspecto muy conservador en la Iglesia. O sea que voy a tener una audiencia con el Papa el 3 de diciembre, para presentarle esta película sobre este cura tercermundista que asesinaron en La Rioja, mostrando que su muerte no fue un accidente, sino un atentado. No me voy a perder esta oportunidad: quizá me reivindico con mi fe.

—La última pregunta: cuénteme de Nélida Lobato.

—Qué querés, que me ponga a llorar. Fue una mujer extraordinaria: vinimos acá a hacer un espectáculo, al Teatro Stella. Siempre recuerdo con muchísimo cariño a Juver Salcedo, del Stella, un tipo extraordinario, un hombre de teatro. Nélida me marcó muchísimo en mi vida: fue una mujer que la acompañé, y me acompañó, y me hizo hombre, durante diez años que duró la relación, hasta que se murió.

—¿Y qué le decía la gente?

— ¿No te parece mucho para vos, pibe?. Y yo sentía todo el tiempo eso. Yo tendría 27 años, era un joven intempestivo, contestatario. Ahora trato de ser un poco más sabio. Me acuerdo que ella me hablaba mucho del Lido de París, porque trabajó muchos años allá. Y un día me dijo que me quería invitar, para que yo viera el lugar dónde ella había trabajado. Y un día nos sentamos en una mesa del Lido, y de pronto los reflectores apuntaron a ella, y anunciaron que estaba presente. Y todo el mundo se paraba a homenajearla. Y yo me di cuenta al lado de qué mujer estaba. Pero ella nunca me hizo sentir eso. Y eso habla de la persona que era. Yo creo que me enamoré cuando ella se sacó las pestañas postizas, cuando un día vino del teatro, y me hizo un bife de chorizo, en una planchita que tenía. Así era esa mujer.

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