TEATRO

Una viuda en la Viena del año 38

Gabriela Iribarren enfrentada a un texto de Max Aub.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La actriz Gabriela Iribarren en un texto que habla del nazismo. Foto: M. Fernández Russomagno

Max Aub es uno de esos autores célebres que se ven poco por la cartelera de teatro local. Mañana sábado 14 de mayo a las 21:00 un texto de él sube a escena en la Alianza Uruguay-Estados Unidos, protagonizado por Gabriela Iribarren y dirigido por Mariana Wainstein, una directora que se caracteriza por montajes esmerados y que conviene seguir lo que hace. De algún tiempo a esta parte quedará en cartel los sábados a las 21:00 y los domingos a las 19:30 en la sala de Paraguay 1217. Localidades en Abitab, a $ 390.

Escrita en 1939, la obra trata acerca de la peripecia de una viuda en la Viena de 1938, tras la anexión de Austria a la Alemania nazi, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. El monólogo toca temas de extrema gravedad, y a través de él la ciudad culta y virtuosa va descubriendo su lado más bestial. En ese contexto, esa mujer simboliza al ser humano sumergido, desde su individualidad, en las miserias e incoherencias de la guerra. El autor busca darle a su personaje una dimensión de inocencia y ternura que salpica con humor uno de los instantes más duros de la historia.

"Emma, la protagonista, perdió a su hijo en España, a manos de los rojos, y a su esposo lo acaban de matar los nazis. Ella pasa del terror a una nueva etapa de encarar la vida, a diferencia de una amiga que decidió suicidarse. Esta fortaleza le da dimensiones inmensas, porque proviene del amor, la memoria y del odio hacia los nazis y las ganas de verlos caer. El personaje tiene otros matices, como el hecho de ser conversa: esto crea un dilema de identidad interesante, muy válido en ese momento histórico y siempre", señaló Wainstein a El País.

La directora afirma que de fondo está el tema de la otredad. "El hecho de que una ciudadana de la burguesía acomodada, pase a ser el otro, el enemigo. La vecina que ayer te prestó la vajilla para el casamiento de tu hija, ahora no quiere compartir el ascensor".

"Hacer una puesta en escena sobre un texto que tocara el tema del Holocausto era un desafío. Tengo educación judía, viví ocho años en Israel, era difícil pensar... que más decir y por qué decirlo. Decidí en complicidad con todo el equipo que el enfoque iba a estar en la indiferencia de la sociedad vienesa. Creo que ese es el tema que me genera más tensión, saber que una ciudad como Viena, consagrada a las artes en su mejor nivel, cuando llegaron los monstruos, toda esa gran cultura parece ser que no sirvió para nada. Cultura no significó humanismo", agrega la directora.

Para la puesta, Fernando Condon creo un trabajo sonoro que busca conmover. Paula Villalba, a cargo de la escenografía y el vestuario, procuró que Emma pudiese evidenciar las diferentes capas de deterioro y también la contraposición entre lo que fue y lo que es en ese momento escénico. "La escena luce despojada pero se trabajó en la significación de cada uno de los objetos presentes. Miguel Grompone y Laura Leinfert lograron darle un marco de elegancia intensa que ensambla toda la metáfora plástica de una manera contundente", remata la artista de la escena.

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