Entrevista con Aderbal Freire Filho

“No veo la realidad de Brasil en su teatro”

El reconocido director teatral estrena hoy en El Galpón un título de Matei Visniec

Aderbal Freire Filho
Aderbal Freire Filho. Foto: Ariel Colmegna

Hoy en El Galpón se estrena La palabra progreso en boca de mi madre sonaba tremendamente falsa, un nuevo título que el director brasilero lleva a escena en Uruguay. Declarado el pasado miércoles 2 Visitante Ilustre, el artista contó detalles sobre esta obra y sobre toda su carrera.

-¿Contame un poco de la obra?

-Esta obra, de título tan largo, está escrita por un autor rumano, Matei Visniec, y está ubicada en el período que sigue a una guerra civil. Está inspirada en las guerras balcánicas, y trata del regreso de los refugiados, de sus búsquedas. Y en cuanto a la escenificación, me gusta trabajar sobre elementos sencillos, para poder utilizar al máximo esas fronteras amplias de la poética escénica. Pocos elementos, muchas sillas.

-Por el tema, y por el clima dramático, ¿se parece bastante a Incendios, tu anterior montaje en El Galpón?

-Cuando hablo de ella parece que existieran más puntos de contacto, por lo de las guerras civiles y las búsquedas que desencadenan. Pero en Incendios buscaban a los familiares vivos, que no conocían. Y en esta otra obra buscan los restos. Pero son puntos de contacto que no van mucho más allá de eso.

-¿En Brasil sentís que hay una dramaturgia que refleje los problemas políticos que vive hoy el país?

-Bueno, eso es algo que yo reclamo de la dramaturgia brasilera. Hay muy buenos dramaturgos jóvenes en Brasil, que hablan mucho de las discusiones de género, por ejemplo. Y son buenas. Pero no he visto que se dediquen a esas realidades tan controvertidas, tan complejas, tan difíciles de resumir, de este Brasil de hoy. Brasil vive un acercamiento a una guerra civil, se puede decir, siendo un poco pesimista. Todo el odio, la violencia que se vive, no me parece que esté tan reflejada en la dramaturgia brasilera. Veo trabajos de dramaturgia interesantes, pero que no tratan de pensar, de reflexionar, esa realidad que brinda tantos materiales. No veo la realidad de Brasil en su teatro.

-Hoy hay mucho teatro de temas de puertas adentro.

-Sí, mucho. Yo soy curador en el Teatro Poeira, en Río de Janeiro, y recibo muchos proyectos, porque son dos salas de teatro. Y muchas veces comento que las obras se centran en problemas familiares. Siempre hablan de lo mismo. Un teatro aburguesado, incluso escrito por autores interesantes. Yo vi acá en Montevideo Sobre la teoría del eterno retorno aplicada a la revolución en el Caribe, de Santiago Sanguinetti. Y me pareció muy interesante cómo en Uruguay se había generado una obra así, sobre ese tema. Y eso que en Haití la presencia militar de Brasil fue enorme. Los autores de teatro en Brasil parece que no están mirando para afuera del país.

-¿En Brasil sentís que hay una dramaturgia que refleje los problemas políticos que vive hoy el país?

-Bueno, eso es algo que yo reclamo de la dramaturgia brasilera. Hay muy buenos dramaturgos jóvenes en Brasil, que hablan mucho de las discusiones de género, por ejemplo. Y son buenas. Pero no he visto que se dediquen a esas realidades tan controvertidas, tan complejas, tan difíciles de resumir, de este Brasil de hoy. Brasil vive un acercamiento a una guerra civil, se puede decir, siendo un poco pesimista. Todo el odio, la violencia que se vive, no me parece que esté tan reflejada en la dramaturgia brasilera. Veo trabajos de dramaturgia interesantes, pero que no tratan de pensar, de reflexionar, esa realidad que brinda tantos materiales. No veo la realidad de Brasil en su teatro.

-Hoy hay mucho teatro de temas de puertas adentro.

-Sí, mucho. Yo soy curador en el Teatro Poeira, en Río de Janeiro, y recibo muchos proyectos, porque son dos salas de teatro. Y muchas veces comento que las obras se centran en problemas familiares. Siempre hablan de lo mismo. Un teatro aburguesado, incluso escrito por autores interesantes. Yo vi acá en Montevideo Sobre la teoría del eterno retorno aplicada a la revolución en el Caribe, de Santiago Sanguinetti. Y me pareció muy interesante cómo en Uruguay se había generado una obra así, sobre ese tema. Y eso que en Haití la presencia militar de Brasil fue enorme. Los autores de teatro en Brasil parece que no están mirando para afuera del país.

-¿Qué obras de teatro convocan más público en Brasil?

-Lo que el público más sigue son los musicales. Se ha desarrollado mucho la cultura del teatro musical norteamericano, incluso trayendo el montaje y el coreógrafo de Estados Unidos. En San Pablo se ve mucho eso, y en Río también. Son los que llenan los grandes teatro. También noto que hay algunos éxitos teatrales con obras de compromiso social, pero dirigido a una comunidad específica, como la cuestión racial, o las obras sobre la homosexualidad, o la comunidad LGBT. Obras que están dirigidas a un sector de público determinado.

-Cuando te fuiste de Fortaleza a Río, ¿viviste algo de la cultura hippie carioca?

-Sí, yo conocí y viví en una casona, que se llamó Solar da Fossa. Estaba en Botafogo, cerca del túnel que cruza para Copacabana. Dicen que había sido una casa como de hacendados, y luego un convento. Y allí vivieron muchos artistas: Caetano, Gal Costa. Pintores, músicos, actores. Yo viví el final de esa época. Cuando llegué a Río, el lugar donde fui a vivir fue ahí. Ahora el lugar no existe más; ahora hay un shopping allí. Pero hay un libro sobre el Solar da Fossa, al que yo di mi testimonio. Y recientemente hicieron una obra de teatro sobre eso, y hace poco me llamó una directora de cine, interesada en hacer una película.

-¿Y cómo fue vivir allí?

-Yo vivía en un cuartito con baño, y tenía una ventana para un patio interior, donde a veces hacían música y cantaban. Y yo abría la ventana y escuchaba. Hay muchas historias de ese lugar. Y luego empezaron a expulsar a la gente: los oficiales de Justicia venían a las seis de la mañana a echarnos. Y el solas se fue quedando vacío, el lugar abandonado, con las paredes escritas, con frases de Hermann Hesse u otros escritores, o frases propias de los que las habían pintado. Era la época de lo que se llamaba la contracultura. Me acuerdo que yo tenía una compañera, que a veces venía al solar, y una vez salimos a fotografiar, y nos hicimos fotos desnudos en ese lugar, con todas las paredes con graffitis. Yo digo que soy el último morador del Solar da Fossa, aunque hay un par de personas más que también reclaman ese título. Pero yo creo que soy yo.

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