TEATRO

La vejez, un tema que el teatro uruguayo sabe explotar bien

Recomendable: en la Alianza americana, “La pecera”, de Eduardo Sarlós.

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Bardallo asume un rol lleno de matices, tensión y vitalidad en "La Pecera". Foto: M.F. Russo Magno

El tema de la vejez suele volver a la cartelera teatral. Cuando el recuerdo de las últimas funciones de El viento entre los álamos todavía está bien presente, en el mismo escenario, la Sala China Zorrilla, acaba de estrenarse La pecera, un título de tres décadas atrás que mantuvo su interés pese al paso del tiempo.

Entre el público de teatro en Montevideo suele haber bastante gente mayor, y eso seguramente hace que el tema resulte bien próximo a un número grande de espectadores. Pero no hay por qué ser una persona mayor para sentirse tocado de cerca por estas obras, dado que la ancianidad es una etapa de la vida que puede estar llena de sentido dramático, existencial. Por algo hubo éxitos en el teatro del Río de la Plata como Aeroplanos, de Carlos Gorostiza, o La Nona, de Roberto Cossa, que plantaron en escena personajes ancianos, para arrancar risas y alguna lágrima al público, recorriendo un rango que va de la farsa al drama.

Además, estos papeles permiten el desempeño de actores veteranos, que pueden desplegar en el escenario lo capitalizado por el tránsito de décadas de carrera. Alberto Candeau, protagonizando La Nona en 1982 con la Comedia Nacional, o Walter Reyno, animando a uno de los protagonistas de Aeroplanos, en 1992, en el Circular, son dos ejemplos que han quedado en el recuerdo.

La pecera, del recordado dramaturgo Eduardo Sarlós, aborda el tema de la ancianidad con enorme sutileza, pese a que la obra tiene toques de humor negro. No predomina en ella una imagen oscura de la vejez, aunque el autor no se privó de describir los pormenores de esa casa de ancianos, en la que siete personas mayores viven sus días alternando el tedio, las conversaciones rutinarias y los recuerdos lejanos, situación en la que afloran los choques de temperamentos. Cada personaje refleja un modo de enfrentarse a esa etapa de la vida, desde el que busca aparentar vitalidad, hasta la que está cargada de escepticismo, o de toques obsesivos. Pero hay en el autor una mirada de humanidad a sus criaturas, que se exhibe a pleno en el desenlace.

Sarlós fue un artista que tuvo el tema de la vejez muy presente en su obra, tanto plástica como teatral. Empezó a escribir teatro ya adulto, a los 45 años, y su obra alcanzó tal éxito que llegó a tener hasta tres títulos en cartel a la vez. Su producción teatral se inició con La pecera, hacia 1983, aunque la obra se estrenó unos años después de escrita. Fue llevada a escena en 1987 por Elena Zuasti en la misma Alianza americana y en el elenco estaba Julia Amoretti, la propia Zuasti, y Cristina Morán, que ahora (imperturbable ante el paso del tiempo) se la puede ver en la versión actual, dirigida por Mario Ferreira.

Y Ferreira es el director ideal para este tipo de texto contenido, sugerente, que muestra más de lo que dice. De hecho, corren los minutos y no parece pasar mucho: en la residencia de ancianos, los siete personajes van y vienen, intercambiando recetas de cocina, temas de salud, en graciosos diálogos que por momentos reflejan el hartazgo de la convivencia. Ciertos ribetes beckettianos se dejan ver en este texto, que describe con humor la forma de ser del uruguayo.

Si bien Morán está bien en su papel, así como todo el elenco en general (que incluye a Susana Groisman, Susana Castro, Norma Salvo, Ricardo Couto, Silvia García), el gran protagónico está en manos de Hugo Bardallo, que desde el personaje de Franz compone un ser lleno de vida, de matices, de tensión, de humanidad.

La vejez ubica al hombre al filo de la vida, y eso le puede dar de por sí un sentido existencial. A la vez, La pecera tiene un marcado sentido simbólico, y en eso también se parece a El viento entre los álamos, donde se jugaba de modo similar con el cierto absurdo, con la incomunicación, con toques surreales, en diálogo con un elemento metafórico, que en un caso una alameda, en otro un pequeño recipiente de vidrio con peces. Sin grandes golpes de timón en cuanto a la trama, el texto de Sarlós invita a una sesión de buen teatro. Va sábados a las 21.00 y domingos a las 19:30 en Paraguay 1217. Entradas, $ 390.

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