TEATRO

Un unipersonal con mil matices

Un espectáculo armado en base a un magistral texto de casi 500 años atrás, pero servido en escena de un modo actual, dinámico. Un gran actor, Héctor Guido, con mucha experiencia sobre el escenario, se hace cargo del largo unipersonal El Lazarillo de Tormes, permitiendo al público revivir la exquisitez de un texto fundamental, llevado a escena de manera muy creativa.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Héctor Guido en la piel del Lazarillo de Tormes. Foto: Difusión

Pese a que cinco siglos nos separan de él, el texto sigue teniendo tanta belleza estética en sus palabras, como crudeza y vigencia en las ideas que comunica. El protagonista cuenta en primera persona sus desgracias de ser pobre en un mundo despiadado, describiendo por reflejo un panorama cruel de la condición humana, y sus bajezas multiplicadas por la necesidad.

En escena, la gran versión que 20 años atrás hizo César Campodónico (figura de referencia de la compañía El Galpón, y de la cultura teatral uruguaya), habilita a Guido a un despliegue rico y variado. El actor asume el papel del desgraciado personaje, y a su vez se va desplegando en los otros personajes que le salen al encuentro, además de ir creando con sus manos y su cuerpo todo un conjunto de utilería imaginaria, de lugares y situaciones, de objetos de todo tipo.

Guido tiene un sólido manejo corporal para crear personajes y representar cosas, desde un escenario desnudo que el espectador va imaginando lleno de lugares y objetos. El actor tiene además la picardía que le permite improvisar, interactuar con el público, y volver al hilo del guión, que a su vez está armado sobre el texto original, conservando la gracia del habla del Renacimiento español, el ingenio de su autor desconocido, el panorama de un mundo variado y lleno de particularidades, sorpresas y sobresaltos.

El 23 de abril el actor volvió a escena con este montaje que tantos merecidos éxitos le ha dado, aunque en esa función de reestreno todavía no tenía el texto muy fresco en la memoria, y hubo algún traspié. Eso no impidió que el público lo disfrutara a pleno, cerrando con aplausos las escenas y el espectáculo todo. El montaje, además, es para un amplio rango de público: en la platea lo disfrutó desde el espectador con muchos años encima, hasta los espectadores primerizos.

El lazarillo de Tormes [****]

Texto: El Lazarillo de Tormes, de autor anónimo, en versión de César Campodónico, de 1995. Actor: Héctor Guido. Música: Fernando Condon. Iluminación: Eduardo Guerrero. Vestuario: Ana Arrospide. Producción: Teatro El Galpón. Sala: Atahualpa del Cioppo, de El Galpón, Av. 18 de Julio 1618. Funciones: sábados a las 20:30 y domingos a las 19:30. Entradas en venta en la sala, a $ 300; jubilados pagan $ 160.

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