TEATRO

Los dos últimos años de un ex ignoto comediante

Mañana y el domingo, Grego Rossello en el Teatro Metro.

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El comediante llega a Montevideo. Foto: Difusión

Perdoná querido", dice Grego Rossello cuando atiende el teléfono. "Es que estaba grabando y no podía atender". No dice qué es lo que estaba grabando pero podría ser un video para su cuenta de Instagram, que tiene un millón de seguidores. O para el programa ESPN Redes. O para Polémica en el bar.

Grego Rossello tiene varias actividades profesionales en simultáneo, pero el centro de todo es el stand up, que viene ejerciendo desde hace casi una década y donde se sigue formando, porque sigue yendo a estudiar, haciendo cursos y clases personales con un "coach".

Ahora llega por segunda vez a Montevideo (la primera vino junto a otro comediante, Gonzo Vizán) como humorista de stand up. Mañana y pasado, Rossello estará en el escenario del Teatro Metro para presentar un espectáculo que reúne las partes más celebradas de sus presentaciones anteriores. "Es como un Greatest Hits, un Grego Rossello Recargado", dice el comediante entre risas.

Pero no solo habrá rutinas antiguas. Porque como explica el argentino, lo que presentará en el Metro tiene una parte que ni siquiera el público argentino ha visto todavía. "El año pasado, despedí mi primer espectáculo unipersonal en el Gran Rex de Buenos Aires, llamado No entiendo nada, y en setiembre voy a estrenar el nuevo unipersonal, Pasado de rosca". Parte de ese espectáculo nuevo es el que Rossello incorporó a la presentación de mañana y pasado en el Teatro Metro.

¿Cómo es el nuevo espectáculo? "Es la versión más genuina de mí. Soy yo abriéndome en el escenario, contando cómo cambió mi vida en los dos últimos años, en donde era un ignoto completo con 1.000 seguidores en Instagram, a este momento en el cual tengo más o menos un millón de seguidores, trabajando en televisión, haciendo cine y viajando con mi show. Es todo un sueño".

Pero Rossello no solo centra su nuevo espectáculo en el éxito. Hay un componente que tiene que ver con los miedos y las inseguridades. "Hay un montón de cosas que hace un par de años no me animaba a hablar en un escenario. Antes buscaba la identificación con el público. Pensaba: Si se identifican, se van a reír. Ahora me animo a otras cosas, a ser más yo. El escenario, como la terapia, son lugares que me exorcizan, me hacen bien. Esos temas que me me tienen compungido, si los trato de forma cómica, de alguna manera los resuelvo. Creo que eso es lo más lindo del stand up, y por algo se sigue yendo a ver a un tipo que está arriba de un escenario solo con un micrófono. No hay vestuario, no hay tecnología. Es una persona abriéndose. A mí la comedia me salvó la vida, me salvó en momentos en los que no estaba pasando bien. Y es raro. Porque hay cosas que no me animo a contarle a un amigo y sí me animo a contárselas a miles de personas. El stand up genera una intimidad que, por ejemplo, no se genera en las redes sociales. Es un tema de intimidad y de complicidad".

Defenderse de los ataques.

"Todos los que hacemos stand up hemos tenido experiencias con gente que te grita cosas para ofenderte, sacarte de la concentración. Hay quienes dicen que no hay que abrirle la puerta a la audiencia, porque ahí vienen los ataques. Pero yo la abro, me gusta. He tenido, sí, ataques. Uno una vez le gritó gato a mi pareja. Pero estoy curtido. Hace varios años que estoy en esto, y he aprendido a defenderme".

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