Entrevista a Facundo Arana

“Trato de transformar los miedos en acción”

Desde el viernes 25 de mayo el actor argentino estará en el Metro con Los puentes de Madison

Facundo Arana
Facundo Arana. Foto: La Nación

Es uno de los galanes indiscutidos de la farándula argentina, y desde el viernes 25 de mayo estará en Teatro Metro con Los puentes de Madison, donde se pone en la piel de aquel personaje que interpretó magistralmente Clint Eastwood en la recordada película de 1995.

Arana es un artista que ha despertado una admiración especial, dado que sus éxitos de galán de televisión él los fue acompañando de un fuerte compromiso social en el terreno de la salud. A eso se suma su fama de hombre de tomar riesgos, de desafiar la geografía, de escalar montañas, de buscar vivir a pleno. Gran conversador, el actor habló con El País.

-Nunca habías trabajado con Araceli González hasta Los puentes de Madison, ¿no?

-Cierto, y fue muy difícil desde el primer momento, porque nos tocó bailar algo muy difícil, que fue encarar toda esta historia, estos personajes. Nos costó mucho encontrarnos sobre el escenario. Pero una vez que terminamos de hacer esa búsqueda, finalmente nos convertimos en una pareja de laburo extraordinaria, que es lo que hoy somos. Pero no fue un amor a primera vista, de ir caminando juntos a la par. Con Araceli nos habíamos cruzado cuatro o cinco veces en la vida, pero nunca habíamos trabajado juntos.

-¿Qué sentís que le deja al espectador Los puentes de Madison, más allá de la historia de amor?

-Más allá de la historia de amor, creo que deja una reflexión: Los puentes de Madison cuenta una historia que si no te pasó, te podría pasar. Y el espectador eso lo sabe, y no puede escapar a esa pregunta, porque uno es un ser humano. Y esta historia le pasa a cualquier ser humano. Y desde el punto de vista escénico, creo que deja la sensación de no habernos quedado a mitad de camino entre lo que vino a buscar al teatro y la novela, si es que la leyó, o la película, que seguramente vio.

-¿Qué diferencias más notorias hay entre aquella película y este espectáculo?

-Bueno, cuando se nos presentó este proyecto, nos preguntamos qué íbamos a hacer en relación con esa película emblemática, dirigida e interpretada por ese monstruo que es Eastwood. Y la respuesta fue no hacer absolutamente nada al respecto. La película la admiramos, pero por decisión del director, Luis Romero, lo que hicimos fue aferrarnos a la novela, y a partir de allí tomar nuestras decisiones para hacer un espectáculo teatral. Esta versión teatral se apoya mucho en la imaginación del espectador. La puesta te da todos los elementos para que puedas hacerlo, sin pelearte con tu propia imaginación y tus recuerdos del libro o la película. Y vivir esa historia ubicada en Iowa en 1965: porque el libro es tan potente y los personajes están tan bien escritos, que no hubo que echar mano a la película para emparchar nada. Lo bueno es que después de unas 300 representaciones que venimos haciendo, ya conocemos bien las claves de la puesta.

-Hace casi una década que no venís a actuar a Montevideo, desde que con Nicolás Scarpino hiciste en 2009 Poder se puede. ¿Qué es lo que te viene a la mente cuando pensás en la cultura uruguaya, más allá de Natalia Oreiro?

-Bueno, Natalia, como si fuera poco. Fijate que Natalia es de esas personas que ponen a su país en lo más alto. Pone su país en el mapa a cada lugar adonde va. Siempre la he escuchado hablar con mucho amor de Uruguay. Ustedes están tan bien representados en Argentina, que todo lo que te diga de Uruguay, lo hemos querido secuestrar y ponerle ADN argentino. Y en realidad no es un ADN distinto. ¡Y qué te voy a decir yo del señorío del uruguayo, que es algo que todo argentino quisiera tener!

Los puentes de Madison
Los puentes de Madison. Foto: Difusión

-También con China Zorrilla trabajaste, y tuviste una gran amistad.

-Claro, China, su mirada, sus conversaciones, todo lo que compartimos. Fijate que fue una uruguaya la que le dio el nombre a mi hija mayor. India se llama así porque con China, ella me hacía un personaje de celosa, y jugábamos mucho con eso. Y cuando mi mujer quedó embarazada, China me llamó por teléfono y me hizo un escándalo, y nos reíamos mucho. Y me preguntó: “¿Cuándo nace esa india?” Y quedó esa frase mientras nosotros buscábamos el nombre. Y un día nos dimos cuenta que China la había bautizado. Fijate vos si Uruguay está en mi vida: y también Carlos Páez Vilaró, de quien fui muy amigo. Recuerdo muy bien sus cuadros y las charlas que tuvimos allá en Casapueblo, o del asado que compartimos en su chacra.

-Desde éxitos arrolladores, como Chiquititas, hasta otros éxitos como Vidas robadas, hay un salto muy grande en el compromiso social que asumiste.

-Sí, si querés también tiene que ver con los cambios en la edad; cuanto uno va creciendo naturalmente va buscando otras cosas. Y a lo largo del tiempo hay momentos para hacer todo. Y es difícil que con el correr de los años no se te acerque nada comprometido para contar. Si vos te quedás quietito, se va a acercar el proyecto que te tira más. En ese sentido, Vidas robadas fue un ideal. Porque fue tratar de quitarle la máscara, tratar de ponerle nombre, a un flagelo tan fuerte: a veces la gente no sabía bien de qué se trataba cuando se hablaba de trata. Y yo pensé que eso iba a ser suficiente para romper algo que finalmente no se rompió. Pero Chiquititas la recuerdo con mucho amor, fue uno de mis primeros trabajos más importantes, un punto de partida fuertísimo en mi carrera. Me dio un impulso gigante para después justamente con Natalia hacer Muñeca brava, que fue lo que me catapultó al mundo. Algo que jamás yo hubiera pensado. Entonces, desde el 1998 de Chiquititas hasta el 2008 de Vidas robadas, no paré. Fue mucho, y todos programas que fueron exitosísimos. Era un año sí y un año no. Y el año que era no, hacía teatro, o me iba de viaje, a escalar.

-¿Hoy la televisión argentina perdió la productividad de aquel tiempo?

-Es conocida la realidad argentina actual, y todo eso se traduce a lo que Argentina puede producir en televisión. Pero creo que no perdió el empuje de querer hacer. El productor nunca dejó de producir a pesar del cuello de botella se hizo tan fino en algunas cosas. El productor que produjo en la época de vacas gordas, en época de vacas flacas produce lo mismo, empujando 10 veces más. Eso lo rescato mucho tanto de Canal 13 como de Adrián Suar, sobre todo, como de Sebastián Ortega. Pero la realidad de todos acompañó también a la televisión.

-Más allá del talento, existe como eso de cruzarse en la vida con las personas exactas.

-Sí, yo a veces me pregunto qué pasó, cómo fue, por ejemplo que pude leer para Borges un cuento en el colegio, cuando tenía 10 años. ¿Quién hubiera dicho? Yo estaba ahí parado, y Borges ahí sentado, con María Kodama, y María Judith Molinari, que fue la escritora que lo había invitado al colegio a que compartiera con nosotros un rato. Son esas anécdotas que te quedan para toda la vida. Porque yo tengo esa bendición maldita de la memoria absoluta. Recuerdo todo: Borges agarrando su bastón, su mirada. Yo tenía en ese momento un miedo mortal. Pero son esas cosas que te van definiendo en la vida. Me gusta transformar los miedos en acción. Y que el tiempo cure ese miedo, y deje una anécdota que valió la pena haber sido vivida.

-¿Qué te da tocar el saxo que no te da actuar?

-Todo lo que hago me apasiona profundamente, ya sea tocar el saxo, caminar una montaña, escalar, bucear, dibujar, escribir. Me hace bien hacer todo con pasión. Las cosas que hago, hacerlas con toda la pasión del mundo. Porque no sé si las hago bien. Pero las hago con tanto amor que me hacen bien.

Los puentes de Madison
Los puentes de Madison. Foto: Difusión
Ficha

Un paréntesis en la vida de un ama de casa

Es una de esas historias de amor sencilla, que involucra al espectador justamente por su simplicidad: una ama de casa y un fotógrafo que se conocen casualmente, se enamoran perdidamente y viven en pocos días un romance inolvidable. En 1995, Clint Eastwood la llevó al cine y la protagonizó junto a Meryl Streep. La película tuvo tal éxito que fue vista por más de 50 millones de espectadores. Ahora llega al Teatro Metro la versión teatral porteña de Los puentes de Madison, que se verá el viernes 25, sábado 26 y domingo 27 de mayo. Hay entradas en Abitab desde $ 1.190.

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