teatro

Los que traen al Río de la Plata el teatro del mundo

Con los agentes literarios Fernando Masllorens y Federico González del Pino

Masllorens y Gonzáelz del Pino
Fernando Masllorens y Federico Gonzáelz del Pino. Foto: Ricardo Figueredo

Desde hace 40 años esta dupla de argentinos nutre a la escena de la región de novedosos textos teatrales. Desde que China Zorrilla hizo Emily, hasta el último estreno del Teatro del Notariado (Nuestras mujeres, que subió a escena el jueves pasado), han trabajando en la gestión de derechos para representar las obras. Federico González del Pino y Fernando Masllorens son toda una institución en Argentina, donde trabajan exitosamente como traductores, adaptadores, productores, empresarios teatrales y, sobre todo, agentes literarios.

Humores que matan, Ángeles en América, Rompiendo códigos, El juego del bebé, Monólogos de la vagina, Copenhague, El camino a la Meca son algunos de los centenares de títulos que ellos han traducido y hecho conocer al público del Río de la Plata. “Hemos trabajado mayormente con obras americanas o inglesas, pero ahora, desde hace cinco años, trabajamos mucho con el teatro de Francia. Son momentos. Pero siempre trabajamos partiendo de la base que en el teatro, el éxito es una broma de Dios”, explica con humor González del Pino.

Descubrir si un éxito en París o Londres puede repetirse en otra ciudad, donde además se habla otro idioma, es una de las claves del trabajo de este dúo de empresarios del espectáculo. “Actualmente hay como una especie de crisis con respecto a la universalidad de los autores. O sea, el chauvinismo ha entrado en algunos países, y se refieren a problemas estrictamente nacionales, que no tienen una proyección internacional. En cambio, la comedia francesa, en la que se plantea seriamente una serie de problemas de convivencia, está siendo recibida muy bien por el público”, agrega.

En ese sentido, ellos citan a Nuestras mujeres, de Eric Assous, como un buen ejemplo de este tipo de comedia eficaz. “Es una obra que nos gustó muchísimo, nos hizo acordar a Art, de Yasmina Reza, por como trata el tema de la amistad. Ese es un tema que interesa mucho al público, porque se siente identificado”, reflexiona Masllorens.

“Siempre se dice que la gente no quiere sufrir al teatro. Y un poco es cierto”, continúa Masllorens, agregando que el público muchas veces tiene predilección por la comedia, ya sea liviana, a con más profundidad. “Las obras son los hijos que no tuvimos. Siempre uno las quiere, y las venera, y las protege, en la medida de las posibilidades. Más que un autor preferido, hay obras con temáticas maravillosas”, complementa su compañero de ruta.

“El unipersonal siempre es muy difícil: Emily, con China Zorrilla, fue un éxito gracias a China. La vida de Emily Dickinson era algo muy difícil, y buscamos a alguien que fuese capaz de comunicarlo. Y China era ideal, hizo una Emily totalmente diferente a lo que era Emily Dickinson, que era chiquitita y demás. Pero China le ponía toda esa cosa cotidiana, que la acercaba a la gente”, evoca Masllorens.

Más allá de lo profesional, ese trabajo de llevar textos teatrales de una cultura a otra les deparó. “Fuimos amigos de James Kirkwood, el autor de Posdata, tu gato está muerto. Y de Arthur Laurents, el autor de West Side Story. Pasamos varias navidades en su casa de campo. Lo que eran las anécdotas de ese hombre, que había sido prohibido por el macartismo”, recuerda Masllorens al repasar algunos momentos de su carrera.

En la otra punta, están los actores, buscando un personaje que los gratifique. “No creas que es fácil, los artistas son muy especiales. China Zorrilla era una mujer muy eficaz en todo lo que significaba su trabajo. Era muy profesional. Pero en otros casos no fue tan fácil. Lo que pasa es que el actor pone todo a partir de sus sentimientos. Y nosotros ponemos lo nuestro, a partir de nuestras experiencias cerebrales. Y a veces se nos enojan, sobre todo cuando le tenés que contestar que no. Pero en la vida hay que aprender que nada es para siempre: todo lo que hoy huele a éxito, mañana huele a olvido”, redondea González del Pino.

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