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Un toque de glamour para el teatro independiente

Crónica de la cena de gala de los premios Florencio en el Hotel Radisson

Premio Florencio, gala en el Radisson
Premio Florencio, gala en el Radisson. Foto: Marcelo Bonjour

La ceremonia de entrega de los premios Florencio, con una cena de gala en el Radisson el jueves de noche, estuvo precedida por la polémica sobre el costo del ticket, que muchos entendieron que era caro. Nidia Telles, al subir al escenario para recoger la estatuilla a Mejor Actriz, se refirió al tema. “Se habló mal de esta celebración, y hubo gente de teatro que se asombró y dijo que la entrada era cara. Me enoja mucho. La gente de teatro se tiene que asombrar por lo baratas que están las entradas de teatro”, dijo la reconocida artista, remarcando que los hacedores teatrales el problema que tienen es que una entrada valga $ 350 y no lo que vale un ticket para una cena de gala. El aplauso que recibió fue unánime. Y Álvaro Armand Ugón, a subir a recibir el premio a Mejor Actor, afirmó que valoraba el premio Florencio y que apoyaba las palabras de Telles.

Curiosamente, en una noche en la que la polémica que gira sobre el actor argentino Juan Darthés era el tema del momento, el asunto del acoso no estuvo mayormente presente en los discursos de los ganadores. La gente de teatro habló de otros asuntos, que fueron desde los derechos humanos y los desaparecidos, hasta la ley de teatro independiente. Sobre este último tema, Héctor Guido señaló en su discurso que “las cosas se conquistan luchando”, y llamó a la unidad de la comunidad teatral. El asunto dejó de tener su ironía, dada la disputa que él protagonizó esta temporada con el actor Franklin Rodríguez.

Guido, además, agregó una frase enigmática, refiriéndose a la realidad uruguaya como “un país en el que la cultura va a ser devastada”.

En fin, la ceremonia estuvo bien presentada. Unas 350 personas fueron distribuidas en 35 mesas de una decena de comensales cada una. El servicio y el menú fueron de buen nivel, y en general todo funcionó correctamente. No le viene nada mal un poco de glamour al teatro independiente: nadie va a dejar de ser mejor actor o director por eso.

Un par de asuntos restaron algo de brillo a la ceremonia. El primero, su extensión, que llegó casi a las cinco horas. El segundo, la música, que como suele ocurrir en muchas fiestas, tuvo un volumen tan alto que dificultaba la conversación, con muchos tramos de ritmo electrónico bastante ajeno al clima del encuentro.

En los discursos hubo momentos destemplados, faltos de elegancia, y quizá se gritó más de la cuenta. El organizador de la fiesta, Juan Herrera, arengó para que los empresarios apoyen al teatro nacional, discurso que remarcó con una frase llena de franqueza: “Voy a decir la verdad, voy muy poco al teatro”.

Muchos artistas ni miraron ni atendieron a los tres números musicales que animaron la velada. Pasada la una, muchas mesas iban quedando vacías y la gente, de pie, estaba más atenta a sus celulares que a lo que sucedía en el escenario. En suma, la fiesta fue divertida, hubo mucho para ver y comentar. Los actores más viejos abandonaron el salón agotados, bajando con esfuerzo las escaleras. Afuera, una lluvia fuerte te volvía al mundo real.

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