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Top Ten: "Cheta", mejor espectáculo teatral de la temporada

Diciembre es mes de pasar raya: acá van algunos de los espectáculos que brillaron en este año teatral

Cheta
Cheta, un gran montaje de Florencia Caballero Bianchi. Foto: Gonzalo Nogueira

Elegir entre lo mejor del año siempre supone tener que comparar géneros muy distintos, así como montajes con muy diferentes niveles de producción. Lo que sigue es un intento lo más ecuánime posible, por separar y ordenar a una decena de escenificaciones recordables.

1. Cheta
Barrios marginales en una sala experimental
Cheta

Florencia Caballero Bianchi se atrevió a un tema difícil, tanto de abarcar argumentalmente como de llevarlo a escena con una estética propia. En esta historia de amor en los barrios marginales, la creadora escénica conjugó un teatro documental, con un nexo directo a la emoción del espectador. Un juego de formas escénicas, en escenas cortas y directas, marcó la tónica de este montaje que creo que lo vio mucha menos gente de la que la obra merecía. Esperemos que reaparezca por la cartelera en 2019.

2. Ejecución pública
Una antiutopía a ritmo cardíaco
Ejecución pública

Ejecución pública, de Lucía Trentini, es otro buen ejemplo de teatro que recorre varios lenguajes, y lo hace con una fuerte coherencia visual. Con fuertes subrayados sonoros y musicales, la obra habló también de los problemas más duros de la sociedad, aunque tomando el camino de la metáfora, de la antiutopía, para mostrar algunos fantasmas que son tanto internos como sociales.

3. Ella sobre ella
Teatro con intensidad rockera
Ella sobre ella

La plaza teatral uruguaya no está tan sobrada de espectáculos innovadores como para que Ella sobre ella sea considerada una obra más. La última creación que Marianella Morena presentó en la Sala Zavala Muniz tuvo una potencia que es muy bienvenida a la escena local. Monólogo en un estilo contundente, con la fuerza de un recital de rock y por momentos de una fiesta electrónica, esta revisión lúdica y a la vez política de la vida de Carlota Ferreira merece ser recordada entre lo mejor del 2018. Fiel a su estilo, Morena puso en escena la obra jugando con la vida y obra de Juan Manuel Blanes, con el oficio de pintor, y con una polisemia desbordante que el espectador apenas puede barajar.

4. Barranca
Una tragedia convertida al humor
Barranca

Barranca: otro juego de sentidos y formas muy bien ensamblado. Richard Riveiro tomó Barranca abajo, la mayor tragedia de Florencio Sánchez y una de las mayores del teatro en español del siglo XX, y la desarmó en comedia. Con la clásica dinámica de un grupo de actores que se dispone a representar una obra, y surgen los problemas, L’Arcaza entró en el universo de Don Zoilo y lo abrió para todos los públicos, a través de una obra en la que el humor abría paso al drama, y el drama al absurdo, y el absurdo a la reflexión. Cuarto lugar para Barranca, un espectáculo que se puede presentar desde las escuelas a los festivales más exigentes.

5. If, festejan la mentira
El espectador obligado a pensar el teatro
If, festejan la mentira

If, festejan la mentira, puede ser ubicada en la tabla como el quinto mejor espectáculo del año. El ambicioso y estimulante texto de Gabriel Calderón, escenificado por él mismo, contiene un argumento lleno de fantasía, que comienza como un costumbrismo visceral, para luego precipitarse hacia hechos más y más inverosímiles. Como una obra de teatro dentro de otra, cada tramo del espectáculo propuso al espectador reformular su modo de entender lo que estaba ocurriendo en escena. Bien representada, bien actuada, esta obra significó una verdadera incursión en los códigos representacionales. El espectáculo no interesó al jurado de los premios Florencio, sin embargo creo que tuvo una gran factura artística.

6. Smiley
Una mirada desprejuiciada a una pareja gay
Cristian Amacoria y Nicolás Pereyra son pareja en la ficción

Smiley, obra del dramaturgo catalán Guillem Clua, sí fue una obra que cosechó varios premios Florencio, todos merecidos. Y tuvo méritos en diversos terrenos. Temáticamente, no solamente trata de los problemas amorosos de una pareja gay masculina: el mayor interés es el punto de vista desprejuiciado con que aborda el asunto. Desde allí, la directora Vika Fleitas manejó muy bien a su dupla de actores (Cristian Amacoria y Nicolás Pereyra), que redondearon un espectáculo que es a la vez entretenido y con su profundidad.

7. Vida íntima de una muñeca
Muñecos y actores codo con codo
Vida íntima de una muñeca

La fantasía es un valor que muchos espectadores tienen en cuenta. Es decir, ir al teatro para ver lo que jamás podría suceder en casa. Y este año hubo una sala que ofreció un par de espectáculos de alto clima onírico, aunque bien distintos entre ellos. Fue Casa de los Siete Vientos, una sala de actividad despareja, que no es precisamente un espacio teatral convencional, pero que esta temporada aprovechó muy bien su forma de vivienda de familia, para crear dos obras bien logradas. Una de ellas fue Vida íntima de una muñeca, de Sandra Massera, que desarrolló la audaz idea de trabajar con muñecos en escala uno a uno con los actores. En una salita de dimensiones mínimas, el equipo de artistas consiguió un montaje esmerado, que evocó el ambiente intelectual y artístico europeo de un siglo atrás, a través de una historia con ribetes reales, que sin embargo disparaba hacia lo inverosímil. Lugar número siete para Vida íntima de una muñeca.

8. Casa Masucci
Viaje onírico por distintos pasados#
Casa Masucci

8) El octavo mejor espectáculo del año fue Casa Masucci, otro gran ejemplo de un teatro que se propone asombrar, a través del lenguaje escénico y sus variadas formas, y también por medio de una historia (en realidad varias historias) rica en imaginación. Con dramaturgia, dirección, escenografía y vestuario de Graciela Abeledo, el montaje hizo #recorrer al público esa casa antigua del barrio Palermo, para mostrar escenas en las que el espectador viajaba al pasado. Política y usos sociales, historias antiguas e historia reciente, se conjugaron en esa ingeniosa puesta en escena, que echó mano al video, al ilusionismo, a la interacción con el público y a muchos trucos más.

9. "El chico de la última fila"
El teatro como un juego de cajas chinas
El chico de la última fila

Para elegir una decena de espectáculos entre todo lo que se vio en esta temporada teatral 2018, se pueden utilizar varios criterios, pero creo que nunca puede faltar el del entretenimiento. Mantener al público atento, comprometido con la representación, llevarlo por los climas que el autor, el director y los actores proponen, siempre es un indicador de buen teatro. Por eso, para armar un top ten de lo más destacado de este 2018, dos obras de la Alianza Uruguay-Estados Unidos no pueden faltar. El noveno lugar lo ocupa El chico de la última fila, del notable autor español Juan Mayorga, que Eduardo Cervieri llevó muy bien a escena. Ariel Caldarelli encabezó un elenco que trabajó de modo compacto, logrando someter amablemente al público a una atrapante aventura intelectual.

10. "Buena gente"
El arte de emocionar
Buena gente

Buena gente, de David Lindsay-Abaire, en la Alianza Uruguay-Estados Unidos, bien puede ocupar un décimo lugar. La dirección de Álvaro Ahunchain y las actuaciones eficaces (Gabriela Iribarren, Gustavo Suárez, Bettina Mondino y Leonor Svarcas, entre otros) hicieron andar al espectador por tramos de emoción, risa, dolor y reflexión. La historia es larga, tiene muchas escenas y bastantes personajes, ricos en matices y personalidades, y una protagonista trágica, con la que el público se involucró enormemente. Iribarren hizo a una mujer de vida dura, en caída, que sin embargo va manteniendo la vitalidad ante un mundo que se desmorona.

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