teatro infantil

Títeres que consiguen manejar al titiritero

Daniel Ovidio Fernández en el Solís con Cosas de titiritero

Daniel Ovidio Fernández
Daniel Ovidio Fernández en un nuevo trabajo. Foto: Francisco Flores

Esta semana, todos los días en doble función (14:30 y 16:30), hasta el domingo inclusive, se puede ver Cosas de titiritero, en Sala Delmira Agustini, del Solís. Consiste en la historia de un titiritero ambulante, muy característico, y como de otra época, para contar entretelones de un oficio modesto, que tiene siglos de tradición. Su protagonista es Daniel Ovidio Fernández, destacada figura del teatro de animación local, creador de la Ovidio Titers Band, y para el espectáculo aportó muchas historias que vivió de primera mano. Entradas en Tickantel, a $ 250.

“Tenía ganas de trabajar en formato unipersonal, algo que yo ya había hecho, incluso de modo ambulante, por pueblitos del Interior. Y este año con la Ovidio no podíamos hacer un espectáculo grande, como habitualmente hacemos, y nos gustó la idea de armar esto nuevo, que un poco es también una síntesis de mucho de lo que hemos hecho”, cuenta Fernández a El País.

La ficción comienza cuando el titiritero entra a escena, pero su compañero no se presentó. Mientras espera que llegue, va narrando varias obras breves, tratando de llenar el tiempo. Y como la tardanza se prolonga, pide a los chicos del público ayuda, para poder sacar el espectáculo adelante.

“Buscamos recordar al titiritero ambulante, del que de alguna manera, todos los que nos dedicamos a esto somos hijos artísticos. Uso como una serie de bastidores, en los que me puedo ocultar, y desde allí manejo los títeres y también trabajo desde la actuación”, explica el artista, quien hacia 2004 formó su grupo de teatro de animación, con el que ha montado espectáculo de enorme interés, como Romeo y Julieta, de Shakespeare, y Juan Moreira, siempre con un modo diferente de encarar el juego entre muñecos, manipuladores e intérpretes.

“Este espectáculo tiene un componente autobiográfico, pero no de mi vida personal. El titiritero ambulante vive experiencias singulares: llega a un lugar que no conoce, te tenés que adaptar a él. Y el titiritero siempre tiene que contar historias, aunque haya muchos problemas. Lo que pase hay que solucionarlo: esa es la consigna”, agrega Fernández, cuyo personaje es un poco distraído, y tiene siempre la necesidad de ser aceptado, dado que de eso depende su profesión. Improvisar es una carta que siempre tiene en la manga, aunque también asoma en él una cuota de rebeldía. O sea que es a la vez complaciente pero también respondón.

“Los títeres no son meros objetos. Con el tiempo te vas dando cuenta que vos no sos el que los manejás, aunque suene un poco loco lo que digo. Hay un punto en el que parece que ellos mismos hacen las cosas. Uno pone la mano pero es como si fueran ellos los que te guían. Incluso a veces no pensabas decir algo, pero es como si ellos te fueran llevando. De alguna manera, ellos te manejan un poco a vos. Uno se acomoda a lo que ellos precisen, y al revés”, remata el titiritero.

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