ESMORIS-RODRÍGUEZ

Dos tipos con una misma picardía

Jorge Esmoris y Franklin Rodríguez hablan del teatro, la comedia y la vida misma.

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Jorge Esmoris y Franklin Rodríguez protagonizan "El Crédito" Foto: Difusión.

Es la primera vez que estos dos populares actores, Franklin Rodríguez y Jorge Esmoris, comparten un escenario. Y lo hacen con una comedia que mantiene al público riendo desde el principio al fin. Están subiendo a escena todas las semanas, de viernes a domingos en el Teatro del Notariado, con El crédito, un divertido texto para el escenario de Jordi Galcerán. "Es el primer mano a mano que hacemos; pero, de alguna manera, estamos formados en la misma escuela. Y esta obra requiere un relacionamiento entre los dos personajes muy fuerte. Franklin es un gran histrión, y además llegaba temprano a los ensayos. De repente somos distintos en cuanto al manejo de los tiempos", adelanta Jorge Esmoris sobre este nuevo papel y su nuevo "partenaire".

Tanto Esmoris como Franklin Rodríguez tienen una larga carrera en el haber, y muchas obras que les han dado éxitos, sobre todo en el terreno de la risa. Pero además, ambos son productores de espectáculos, cada uno desde un lugar de producción diferente. Esmoris tiene dos vertientes de trabajo muy distintas: una al frente de la histórica Antimurga BCG, y otra al frente de sus unipersonales, con guión propio.

Rodríguez, por su parte, es más que popular como dramaturgo y como actor, y tiene numerosos éxitos como actor de comedia, y como autor de teatro. Actualmente la Comedia Nacional está haciendo su obra Los descendientes, que con dirección de María Varela se está dando en Sala Verdi. Además el artista lleva adelante su propia sala, Espacio Teatro (en Mercedes 865), donde dirige, actúa, y pone en escena títulos propios y ajenos.

En ese sentido, ambos son además de buenos actores, productores, y también conocedores del medio teatral montevideano y uruguayo. Por eso El País aprovechó esta comedia que los reúne en el escenario del Notariado para hablar de la nueva obra, pero también de sus carreras, y de cómo ven el circuito del espectáculo hoy, así como la relación de uno y otro con la tradición del teatro independiente.

—¿Cómo definirías a tu nuevo personaje?

—Jorge Esmoris: Es un pícaro moderno. Un personaje que supuestamente es el débil, pero en realidad está pergeñando para hacer de las suyas con el poderoso. Es como un embaucador: saca todo un arsenal de estrategias. En cuanto la leí, lo primero que me vino a la mente fue el entremés Los habladores, de Cervantes: creo que el autor debe de haber tenido alguna referencia, porque es un duelo verbal.

—¿Y el tuyo?

—Franklin Rodríguez: Un tipo poderoso, burlón, con mucha ironía, muy pagado de sí mismo. De los que yo no conozco: a los gerentes de banco yo solo los veo por televisión. Un tipo con mucha seguridad económica, con una mesa enorme que lo separa del otro. Un dominador. Un fantoche.

—¿Cómo es Mario Morgan dirigiendo?

—F.R. Muy efectivo, concreto. A veces te dan ganas de matarlo, pero todo lo que te dice tiene razón. Es muy exigente con el laburo: quiere sacar lo mejor de vos, y te dice todo lo que hacés mal. Y lo logra. En este nuevo personaje me costó incorporar la letra tal cual, con puntos y comas. Porque el texto es como un ping pong: y lo tenés que decir exactamente como va. Y a mí se me complicaba. Términos como "el aval bancario" o "garantía sólida", son palabras que yo no uso.

—¿Es la primera vez que comparten un escenario?

—F.R. A Jorge hace muchos años que lo conozco, pero nunca habíamos ni tomado nada en un bar juntos. Compartimos una tapa de Sábado Show, y en La Redota, la película sobre Artigas, él trabajaba en una parte y yo en otra: no lo vi nunca. Creo que tenemos una picardía parecida: nos tiramos una cosa y el otro la sigue trabajando.

—Jorge, te formaste con Rosita Baffico, que era del teatro independiente, y sin embargo no te quedaste a trabajar en filas del teatro independiente.

—J.E. No, en la estructura del teatro independiente no. Pero llevo viva, o al menos pretendo, la llama del teatro independiente en sus postulados básicos: independencia, rigor, disciplina, ética. Para mí, estética y ética van de la mano. Hasta lo más tonto que pueda hacer en un escenario, está concebido desde ese ángulo. Para llegar a un libreto de la BCG, o un monólogo, no basta con que tenga ganas de decir determinadas cosas: tengo que ver también si tengo derecho a decirlo de esa manera. De no caer en el panfleto.

—¿Actualmente el teatro independiente se alejó de sus principios por necesidad?

—J.E. Ha cambiado pero igual se mantiene. A veces veo cosas que perfectamente podrían enclavarse en el teatro independiente. Pero cambió mucho: lo cuantitativo le ganó a lo cualitativo a nivel de teatro. Y en la gestión también cambió. Desde ese punto de vista ya no soy un romántico. Quiero vivir de esto, dignamente, decorosamente. Pero también tengo que ser decoroso y digno en el escenario.

—Franklin, tú producís teatro, llevás adelante la sala Espacio Teatro. ¿Cómo hacés para mantener una sala propia?

—F.R. Yo trato de tener una sala con varios espectáculos, y tener una oferta interesante: la gente va al teatro a ver lo que quiere. Por ejemplo, Justo en la mejor de mi vida va en la tercera temporada. Lo cambio de horario y sigue yendo gente. La gente tiene plata para una entrada, hay 75 espectáculos en cartel y se preguntan dónde poner la plata. Miran primero qué obra es, luego quién actúa, luego quién dirige, y después en qué teatro. Y cuando hay recesión se cortan los lugares de entretenimiento. Yo estoy junto al teléfono en mi teatro, la gente llama para preguntar si tal obra es una comedia. Y si le decís que es comedia te dice que viene. Lo que te están diciendo es que tienen tantos problemas que quieren pasar un poco bien.

—¿Sentís que no te alinea con el teatro independiente?

—F.R. Sé que he sido muy resistido y muy combativo, pero no me importa mucho, porque no he hecho nada para que eso pase. He trabajado honestamente, y hay en este momento cinco elencos trabajando en mi teatro. No pueden decir que no somos independientes. Salimos de una obra a la otra. Todo a pulmón, y barro la vereda. Capaz que no es el teatro independiente que se dedica a hacer clásicos. Creo que prejuzgan demasiado. Sé que está dividido el teatro independiente.

—¿Al teatro independiente le pesa mucho su propia estructura?

—F.R. Sí, antes cualquier alumno podía ser portero, o hacer las luces de una obra. Ahora eso no se puede hacer legalmente: tenés que tener a todo el mundo en caja. Yo hice puerta en el Teatro Circular dos años, para merecer ir a escuchar una discusión. Como grupo que generaba cosas, eso se terminó. No sé si el Circular sigue teniendo eso. En el resto, hay cabezas que hacen funcionar la cosa.

—¿La Antimurga BCG está demorando en sacar un nuevo espectáculo?

—J.E. Y sí. Nos cuesta mucho sacar un nuevo espectáculo, lleva mucho tiempo de elaboración, músicos en escena, mucho trabajo. La BCG no se apagó, pero tenemos que juntar mucha fuerza. Todos estamos con muchas ganas. He tenido muchos trabajo, también con mis monólogos, y no he encontrado el tema, el espectáculo. Es difícil, porque para mí la BCG son músicos actuando.

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