ADIÓS A UN GRAN AUTOR NACIONAL

Telón final para un dramaturgo comprometido

Víctor Manuel Leites, autor de Doña Ramona.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Leites en los años 80, cuando se escribía a máquina. Foto: Archivo El País

La gente del ambiente teatral comenta consternada el fallecimiento del dramaturgo Víctor Manuel Leites, que ayer, martes 12 de abril, por la tarde, fue sepultado en el Cementerio del Norte. Periodista y dramaturgo, perteneció a la generación de autores para el escenario que comenzó a producir hacia fines de los 60, como Carlos Manuel Varela, quien falleció el 12 de abril del año pasado. Ambos fueron escritores de larga trayectoria, que formaron parte del teatro que resistió la dictadura, y que luego protagonizaron cambios de estilos y temas durante décadas.

También como Varela, Leites comenzó aportando textos experimentales en los convulsivos años previos a la dictadura: su primer texto estrenado fue Informes para distraídos, que Jorge Denevi le dirigió en Club de Teatro, en la calle Rincón, en 1968. "La recuerdo lejanamente: sí recuerdo que era como la toma de conciencia que tenía un individuo de clase media a través de determinados acontecimientos sociales de aquel momento. La obra, que protagonizaba Bimbo Depauli, era como una especie de caleidoscopio, dentro de lo que sería un espectáculo experimental", contó Denevi a El País, señalando que ese fue también su primer trabajo de dirección, y que desde entonces cultivó una amistad con Leites para toda la vida.

Nacido en Paysandú (en 1933), el escritor se inició libretando para Canal 5, con asuntos de su creación o adaptados, bajo dirección de Francisco Espínola. Su teatro, unas veces más centrado en pintar el presente, otras de temática histórica, atraviesa decenas de títulos, escenarios, directores y elencos, proyectándose también a América Latina, España y Estados Unidos. Director de la Comedia Nacional (entre 1991 y 1993), obtuvo el Premio Florencio a Autor Nacional por Doña Ramona y por Varela, el reformador. A su vez, su mirada de crítico teatral complementaba su aporte a la escena: trabajó para El Popular, Última hora, La Democracia y Brecha, a lo largo de casi un cuarto de siglo.

Leites aportó textos que en años de la dictadura podían resultar comprometedores, y por eso a veces los firmó con su segundo apellido, Larreca. Sin embargo, su trabajo más sonado para los escenarios fue la versión que hizo de la novela de José Pedro Bellán: Doña Ramona, que estrenada en 1982 por Teatro Circular superó las 500 representaciones.

Si bien era una obra histórica, ambientada en los tiempos de Batlle y Ordóñez, que planteaba un drama de puertas adentro, las injusticias que ponía al descubierto formulaban un paralelo con el clima espeso de la dictadura. "Su gran éxito, Doña Ramona, lo definía muchísimo. Si bien fue una adaptación, fue tan creativa, que parecía una obra totalmente escrita. El original tiene que ver argumentalmente, pero él le puso un sentido propio. Esa obra, como muchas otras que escribió, tenían siempre el mismo propósito: una necesidad de mirar la sociedad uruguaya, la forma en que vivimos, desde un punto de vista crítico y esperanzador", afirma Denevi.

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