la ira de narciso

Teatro que se narra a través de imágenes

Sergio Blanco es un dramaturgo uruguayo radicado en Francia que ha crecido mucho con el paso de los años: sus trabajos anteriores eran mucho más arduos para el espectador, como Calibre 45, que más de una década atrás le estrenó la Comedia Nacional en la sala mayor de El Galpón, bajo dirección de Alberto Rivero.

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Foto: Nairí Aharonián

Con los años Blanco aprendió a medir mejor el tiempo del espectador (y su falta de paciencia, al parecer cada vez mayor), y hoy sus textos fluyen en escena a un ritmo mucho mayor, como ya se vio en Tebas Land, que ahora va camino a reponerse también en la Balzo.

El dramaturgo ganó también en un manejo más libre y amplio de los códigos del escenario, y La ira de Narciso es un buen ejemplo de las muchas libertades que se puede tomar un escritor a la hora de concebir y concretar un texto para la escena. El juego autobiográfico es uno de esos elementos a los que Blanco recurre con habilidad, concretando una ficción sobre sí mismo que no es tan común de ver en los escenarios.

A eso le suma otro recurso más manido, aunque lo utiliza con singularidad: el juego de niveles, el pasaje de distintos grados de ficción. Eso le permite establecer un trabajo de desdoblamientos entre actor y autor, que animan las acciones escénicas, entretienen al espectador, y lo obligan a utilizar la cabeza.

Blanco creció en habilidad para entretener al público, principalmente por el uso solvente del suspenso, la expectativa, el policial. Esa faceta, que asomó en Tebas Land, otorga a La ira de Narciso un atractivo más, que la hace de algún modo apta e ideal para un rango grande de público.

El interés de la historia va de la mano con el de cómo es contada. Un personaje (el propio autor) acude a Liubliana a dictar una conferencia, y en el hotel tiene una serie de encuentros sexuales. Un juego de distorsiones temporales, un crimen y otros aditamentos convierten el argumento de un viaje estimulante, que el dramaturgo enriquece con referencias humanísticas y reflexiones sociales y políticas, donde no faltan menciones desde Leonardo de Vinci hasta el Conde de Lautréamont.

Por contrapartida de todo esto, el resultado es un poco frío, y pese a su riqueza formal, puede que no cale demasiado en las emociones del espectador, dado que en general la comunicación con la platea es bastante cerebral. El tratamiento de la sexualidad también es algo desalmado, poco sutil.

Desde el punto de vista actoral, Gabriel Calderón, a cargo de este unipersonal, despliega más de un personaje por medio de un juego de autorreferencias que distiende e incluso aporta cierto humor, o cierta gracia. Pero el actor se queda un poco corto a la hora de asumir un espectáculo que es más exigente para el intérprete de lo que puede parecer. Un intérprete como Jorge Esmoris, o como Gabriel Hermano, hubieran probablemente descollado en escena.

Desde la dirección, el autor le da al actor todo un marco visual que lo ayuda mucho a estar en el escenario. En ese sentido, la gran pantalla de fondo aporta todo un conjunto de sentidos, a la vez que otorga belleza al montaje. La pantalla se fragmenta en imágenes menores, multiplicando el juego semántico. El uso de los objetos, también creativo, suma interés plástico, dando una escenificación que conviene no perderse, especialmente si que quiere estar al día con lo que es el teatro uruguayo experimental.

Quizá Tebas Land, del mismo autor (que desde el 12 al 21 de febrero regresa a escena), es un espectáculo más redondo, que cierra más, más completo actoralmente y cuyo planteo es más hondo. De todos modos, La ira de Narciso es un trabajo nada frecuente, que recrea visualmente, y hace trabajar la mente del espectador.

El espectáculo se presenta este fin de semana, desde el viernes 5 al domingo 7, y luego regresa desde el viernes 26 al 28 de febrero. Las entradas se venden en TickAntel y valen $ 300.


Perfil: ´Gabriel Calderón

La carrera de Gabriel Calderón (Montevideo, 1982) arrancó con el siglo XXI, y su rápido ascenso se dio de modo paralelo, entre los escenarios, las oficinas públicas y el terreno de la gestión cultural. Autor audaz e inquieto, ha aportado títulos de interés, en los que experimenta formalmente a la vez que analiza la sociedad uruguaya de hoy: quizá el mejor ejemplo sea Ex - que revienten los actores. En el ámbito de la producción, Calderón ha desarrollado una compañía independiente que ocupa un lugar destacado en la escena local: Complot, emprendimiento que superó la década de existencia.

La ira de Narciso [****]

Texto y dirección: Sergio Blanco. Actuación: Gabriel Calderón. Videoarte: Miguel Grompone. Escenografía, vestuario y luces: Laura Leifert y Sebastián Marrero. Sala: Hugo Balzo, Auditorio Nacional Adela Reta. Funciones: Viernes y sábados, 21.00, domingos, 19.30.

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